miércoles, 16 de agosto de 2023

Impresión sobre Seda, (1997), Alessandro Baricco

 

Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca. (p.102). 

Puesto que la desesperación era un exceso que no le pertenecía, se volvió hacia lo que había quedado de su vida y empezó de nuevo a ocuparse de ello, junto con la inquebrantable tenacidad de un jardinero en su trabajo la mañana siguiente a una tempestad. (p.119).

 

 

125 páginas.

 

Los viajes pueden resultar sumamente fáciles y hasta necesarios para aquellas personas con espíritu de aventura. Todo lo contrario para los que son sedentarios y asiduos a las rutinas. Hervé Joncour pertenece al segundo tipo de personas. Según lo narrado al principio de la novela había salido muy pocas veces de Francia y mucho más luego de asentarse Lavilledieu. Pues de eso trata esta historia: el viaje de Hervé Joncour en la búsqueda de los mejores huevos de gusanos de seda en Japón.

 

Debido a que el tiempo de la historia transcurre en lo que parece mediados del siglo XIX, no encontraremos grandes artificios o innovaciones tecnológicas por lo que trasladarse desde Europa hasta Japón suponía un viaje largo, tedioso y en ocasiones lleno de hastío. Presumo que esta es la razón por lo que el narrador no se detiene a elaborar detalladas descripciones sobre los lugares, aunque bien pudo hacerlo. Otra hipótesis plausible es que no se trata de un libro de viajes o bitácora de rutas.

 

Entonces, son dos los motivos del desplazamiento de Joncuor, además del viaje -la verdad es que el ni siquiera sabe con lo que se encontraría y cómo cambiará el rumbo de sus sentimientos. El primero es la posibilidad de otorgarle a la narración, específicamente al estilo, las características de la seda: suave, casi imperceptible sobre la piel y liviana y con brillo, pero sin el empleo de artificios, frases rimbombantes o figuras literarias recargadas. Esa liviandad es la que nos transmiten las palabras empleadas con sumo cuidado y sin exceso. Presenciamos todos lo viajes del protagonista durante muchos años. La evolución de la villa gracias al prospero negocio de la seda. El amor incondicional de Hélène, esposa del protagonista y la intriga por descifrar el contenido de una carta misteriosa.



También se narra con extremada sencillez, pero con suficiente firmeza para mantener en vilo al lector sobre la enfermedad de los huevos de los gusanos y como se trunca el viaje y estancia en Japón producto al estallido de la guerra.

La segunda es la nostalgia por parte de los dos protagonistas: Hervé y Hélène. Por parte de él, al sentir, tal vez por primera vez, la curiosidad hacia el amor carnal, erótico al encontrar en el fin del mundo unos ojos que no tienen la fisonomía de los nipones, pero siente que lo turba y sofoca (otro guiño a las cualidades de la seda) hasta el punto de no resistirse a sucumbir en un sentimiento que no llega a corporeizarse o tal vez sí por el roce con la seda.

De parte de Hélène, al padecer en silencio la espera y ansias de retorno de su esposo. Ocho meses transcurre en soledad, pero, al igual que Penélope, espera con fervor y esperanza a su amado. El final es completamente inesperado y por esto es hermoso, misterioso e imposible con el amor mismo. No quiero adelantarles nada más. Solo insistir, a través de esta escueta impresión, en  la belleza de este libro.

Impresión sobre el libro No soy un gánster, soy un promotor de lectura


No soy un gánster, soy un promotor de lectura

157 páginas

¿Cómo ser un promotor de lectura en Colombia? Ampliemos el foco, ¿cómo serlo en uno de los barrios o, como les denominan en el país, comunas más peligrosas de Medellín, Antioquia? La primera pregunta puede parecer absurda, pero no olvidemos que Colombia ya tiene mas de cinco  décadas viviendo en medio de un conflicto armado con muchos reveses y complicaciones que aquí no vienen al caso. Por tanto, la violencia, característica de las zonas desfavorecidas de cualquier país, se acentúa en un territorio inmerso en una guerra de nunca acabar.

Es precisamente ese conflicto el que ha marcado la vida de esta suerte de crónica de un promotor o como lo sentí mientras leía: rapsoda latinoamericano.  La muerte por causa de la guerra le salpica muy, muy de cerca. Sus amigos y familiares cercanos fueron víctimas de la violencia ocasionada por grupos armados y delincuencia organizada que asoló las calles de Medellín entre los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado.  

A pesar de esta nota pesarosa, no desiste por  descarriarse del foco principal del libro: cómo ser un promotor de lectura y no caer en la tentación de ser un gánster. Tarea complicada porque al nacer pobre y con pocas perspectivas de futuro por el contexto que te rodea, es fácil sucumbir por el camino oprobioso. No obstante, ese no es el caso de nuestro héroe de las letras. Disculpen los elogios, pero es que para alguien que está familiarizada con este autor desde hace más de quince años, resultó ser de gran alegría encontrarme este libro en los anaqueles y ¡Oh, sorpresa, Es Luis Bernardo Yepes Osorio!

Me dirán loca porque es un escritor poco conocido, a no ser que hayas estudiado algo sobre promoción de lectura y escritura, quizá nunca llegues a enterarte sobre su existencia. No es que sea negativa, es que ya sabemos los escasos índices de lectura de nuestro continente.

En fin, retorno de mis digresiones, el libro está compuesto por ocho capítulos en los que hilvana la razón de ser de su vida: la promoción de la lectura y, como ya lo dije arriba, una suerte de crónica biográfica (no se si puedan caber ambas, es decir, ambos géneros dentro de una sola trama textual). En todo caso, agradezcamos que esto no va para la academia (tampoco lo aceptarían). Pero lo cierto es que entre aspectos biográficos como: “Soy hijo de un padre ebanista amante de la lectura que atrapaba en su telaraña de encanto a cuanto vendedor de libros pasaba por su lado”. (p.25).

Y partes del libro que bien pudiera semejarse a una crónica:

Hemos tenido que luchar mucho para ver lo que vemos, para no aceptar la cotidianidad de la guerra, pero no la hemos acabado, sin embargo se esta creando un equipamiento urbano y rural para intentar acabarla con ese instrumento que se llama lectura y que mientras tanto cree entretener. (p.77).

 

 

A través de las citas anteriores nos ratifica que todo su universo son los libros y cómo con ellos podemos hacer un mundo, en su caso, una Colombia mejor. Mejor en el sentido de ciudadanos correctos, educados, corteses y con amplio valor hacia las artes y todo su contenido estético para ser capaz de conmover la conciencia de las masas.

 Un aspecto adicional, por el que es muy acertado leerlo, son las inclusiones de versos para narrar el asesinato de su amigo a lo largo de los ocho capítulos. Ya dije que la muerte lo roza muy de cerca y es esta en particular la que logró, tal vez, transformar la tristeza en poesía, como una suerte de aedo moderno latinoamericano que se niega a dejarse llevar por el cielo gris que, al parecer, marca la pauta de nuestros países de Suramérica. Así se aprecia en el terceto:

 

En mi paso por el sueno

Construyo el mundo a mi imagen y semejanza.

Cuando despierto lo encuentro derrumbado. (p.67).

 

Para lo que sean o no promotores de lectura es muy merecido sumergirse en sus páginas. Seguro cualquier individuo disfrutará, pero también entenderá el terror de algunos poderosos por la literatura, los libros y la lectura. Y fíjense que escribí literatura 😊… por qué será. 

 






jueves, 25 de mayo de 2023

Impresión sobre el libro El abrazo del tamarindo, (2008), Milagros Socorro

 


Una adolescente de trece años junto con un grupo peculiar de mujeres dan vida a esta novela. Se trazan el propósito de formar un grupo de vallenato, pero antes de enrrumbar sus vidas en plazas y ferias de pueblos desconocidos el narrador nos entrega fragmentos de cómo llegaron desde Colombia a un pueblo con aires de Macondo en Venezuela demostrando las similitudes que nos unen.

Este pueblo nace de la ficción, pero con claras referencias con la realidad. Liduvina y Araceli ayudan en la casa, mujeres o muchachas de servicios les llaman en gran parte del país. Nos entregan su historia de huida de Colombia hacia la tierra prometida que fue Venezuela entre la década de los ochenta y noventa. 

No obstante, ese cruce de la frontera tiene mucha similitud al cruce oprobioso que hoy hacen los venezolanos hacia Colombia, así se evidencia al principio de la novela, sobre el camino de Liduvina: 

El paso por la frontera. Piernas hinchadas, piel agrietada, mosquitos, hierbas venenosas, sudor que arde (...) guardia nacional, miedo, miedo en la boca, miedo en la espalda, noche, noche, noche de mochuelos, chillido de ave ciega, paso de muerte . Trocha. (p.11).

De esta manera, aunque fue escrito en el 2008 cuando parecía existir una tranquilidad  o espejismo económico en el país que tuvo sus referentes en  la tierra de oportunidades que fue la Venezuela Saudita, la lectura de la novela hoy cobra relevancia por la movilidad de los colombianos hacia Venezuela. En la actualidad la movilidad es a la inversa.

En San Fidel de Apón convergen hombres y mujeres (oriundos y foráneos) buenos, malos amantes que conducen las acciones para mostrar que, independientemente del origen, el deseo, lo erótico y el mal o buen querer es un condición profundamente humana donde el cuerpo dependiendo del amante puede ser un medio para sentir con plenitud o solo es un arma, objeto o receptaculo para la procreación y el arrebato del momento. 

Por lo que las artes amatorias integra el hecho de aprender y ser mujeres. Entender de dolores y sufrimientos con el aborto de un hijo o la llegada de la menstruación, al respecto la protagonista expresa que amó la menstruación desde el primer momento. Tal vez porque con ella inicia un ciclo completamente nuevo para las mujeres que más que repudiar debe ser entendido y bien recibido. Sobre los hombres cabe expresar que en la novela parecieran estar de más, pues solo preñan, manosean y son víctimas de sus arrebatos por eyacular sin darle placer a la amada. Quizá por eso estas mujeres se reúnen bajo las frescura del patio para ensayar letras de amores perdidos y sentirse plenas siendo nada más que mujeres. 


 

lunes, 22 de mayo de 2023

Comentario de La biblioteca de la Medianoche (2020), Matt Haigg

 Una biblioteca que nos lleva a otras vidas posibles. Pensemos: casi todos tenemos episodios que nos hacen querer declinar, pero por más pesad


o que sea el día, debemos ponernos los zapatos y seguir. Ir al trabajo, ir al negocio, hacerle desayuno a los niños y paso a paso ir cumpliendo nuestras labores. 

Lo anterior es lo que le ocurre a la mayoría de las personas, pero también existe un número considerable que toma otra vía: el suicidio o intento de suicidio. Esto fue lo que decidió hacer Nora, protagonista de La biblioteca de la Medianoche, consume unas pastillas y en lugar de morir su alma queda en un limbo donde no existen fronteras del tiempo y espacio. Ese limbo es una biblioteca con infinitas alternativas, posibilidades para probar vidas de acuerdo con algún tipo de actividad o rutina que se haya practicado o inclinado a realizar en la vida antes del funesto episodio. En la biblioteca también se concibe la posibilidad  de probar vidas de las que uno ni siquiera llega a imaginarse, como ser una celebridad o estrella del deporte.

Entonces Nora comienza a probar una vida tras otra, sin conseguir ninguna que la haga sentir completamente satisfecha como para volver a tomar las riendas de su vida. Hasta cierto punto el lector podrá llegar a preguntarse o expresar que quizá podría ser mejor que muera. Claro está. tal vez este pensamiento sea de seres debiles, pero desde las narración de las acciones, resulta verosímil aunque el texto, en parte, pareciera estancarse. 

No obstante, el entrar y salir de una vida y  otra no tiene aliciente de que Nora tome fuerzas, no sé de dónde ni cómo, sólo puedo expresar a que es similar a nuestro día a día. Donde sin motivo alguno después de tanto declinar, sale una fuerza interior y a partir de ese momento sí comenzamos a tener arrojo. 

Ucronía en La biblioteca

Por otra parte, de acuerdo con unas consultas realizadas por  unas compañeras de un grupo de lectura al que pertenezco, la novela podrìa clasificarse como una ucronía, es decir, las acciones que se narran son las múltiples posibilidades a partir de una realidad. Por lo que Nora parte de su plano temporal real que inicia con la ingesta de las pastillas luego de una serie de acontecimientos desfavorables (pérdida del empleo, muerte de su gato). Al llegar a la biblioteca puede escoger libros que la transportan a realidades alternativas, lo que se considera un plano temporal ucrónico. 

No es autoyuda, no es placer estético es  un texto para hilvanar nuestra propia experiencia

Con este libro podemos tropezarnos con una vieja discusión. ¿Es literatura? El libro está bien escrito (supongo que también bien traducido), pues nos sentimos enganchados y hasta después del tedio de las vidas, llegamos, hasta cierto punto, a emocionarnos. Asimismo hay un conflicto por el que se generan las acciones, pero, no obstante: ¿Es literatura? 

De forma fugaz me llega la idea,  aunque muy sencilla, a mí me tranquiliza; me hace bien. Solo nos preocupamos porque un texto sea literario quienes tenemos formación literaria. El placer estético, esa imbricada red de mensajes preciosistas y profundos, puede que sea muy poco apreciado por los lectores sin instrucción literaria. Para los demás con estar bien escrito y ser entretenido es suficiente. De allí que vuelva a hacerme la pregunta: ¿no es eso, acaso, literatura? Lo que puedo responder de momento  es que es así. Solo el tiempo dirá si pueda trascender. 

De otra parte es válido interrogarse sobre el carácter de texto de autoayuda que tiene la novela y al indagar en los demás títulos publicados por el autor, evidenciamos que se siente cómodo en ese género. Escribió la novela basado en un episodio de su vida. Así que este libro también podría abrir los surcos de una narración literaria con dosis de autoayuda. Por eso, reitero va a medio camino entre lo literario y la autoayuda para entretenerse y tener una lección de vida o múltiples vidas.  



miércoles, 3 de mayo de 2023

Impresión de lectura: El gato que amaba los libros, Sosuke Natsukawa

 

El gato que amaba los libros, Sosuke Natsukawa

252 páginas

 


Una vez más la lectura, los libros y la literatura nos muestran férreos motivos de que sí podemos vivir con esperanza y entusiasmo. Nuestra esencia puede ser muy diferente entre nuestros amigos y familiares, pero aún así podemos entablar sinceras relaciones humanas. Este es el viaje que vivirá Rintaro con la muerte su abuelo y luego de conocer a Tora. Un viaje donde los libros pueden significar y ser nada, sino tenemos con quien compartirlos y un por qué para luchar.

Sobre el amor a los libros

Si te enganchas al igual que yo, emprenderás un viaje a través de cuatro laberintos con el ferviente propósito de defender a los libros. Defensa que se convertirá en una metáfora para que Rintaro entienda que tiene muchos cometidos en su vida. Y el más loable ser un promotor de la libertad de pensamiento, de la pluralidad de las ideas y del amor por los libros.

Atención. No se trata del amor preciosista por los libros para tenerlos encerrados tras una estantería o un editor que solo quiere vender los bestsellers del momento. Va más allá y ese designio se respalda muy bien con el narrador a lo largo de los capítulos, pues Rintaro debe superar cuatro desafíos, salvando las distancias con los trabajos de Hércules. No obstante, con la similitud de que es un acto de valor y osadía.

Sobre estar solo: Hikikomori[1]

Un adolescente común fuera de lo común.  A Rintaro le apasionan los libros y yo viajo a mi vida de adolescente y me siento feliz porque cada vez consigo, entre la ficción y la realidad, gente parecida a mí…así hayan pasado más de veinte años. 😊

En fin que Rintaro es un alma solitaria, pero que le ha prestado la debida atención a su abuelo porque ha tomado una de sus más grandes virtudes: apreciar los libros, la naturaleza y ser un buen ser humano. Al respecto, el abuelo le expresa a Rintaro:

Si no haces más que leer libros con tanta avidez, tu visión del mundo será muy limitada. Por muchos conocimientos que reúnas, si no piensas con tu propia cabeza y caminas con tus propios pies, todo lo adquirido será en vano. (p.55).

A pesar de apreciar los libros, Rintaro parecía no querer salir nunca de la librería. Dejó de asistir al instituto. Razón por la que el abuelo cada tanto le daba consejos como el anterior.

Un viaje onírico: el componente fantástico para preservar la librería

Si no quedaron atrapados por este protagonista cuya misión será defender a muy temprana edad los libros, quizá el viaje fantástico junto con sus secuaces será el móvil definitivo para sumergirse en sus páginas. Un salto hacia estanterías desde el piso hasta el techo y hasta donde se pierde la mirada, con pasadizos que de súbito nos llevan a amplias galerías de arte u ostentosas oficinas donde el reto de la argumentación nos emocionará hasta estar convencido de que el camino de los libros puede llegar a ser la mejor arma para sobrevivir en este mundo lleno de sufrimiento (p.30), junto con el sentido del humor como dice el abuelo en unos de sus diálogos con Rintaro.



[1] Es un término japonés para referirse a las personas que han decidido apartarse de la vida social y vivir en condiciones de aislamiento.


miércoles, 12 de abril de 2023

Comentario El cuento de la criada, (1985) Margaret Atwood

 


Pensé que para mí era el fin. O que me volverían a llevar al Centro, al cuidado de Tía Lydia y su cable de acero. Ya sabes cómo le gustaba. Fingía toda esa mierda de ama-al-pecador, odia-el-pecado pero disfrutaba. Consideré la posibilidad de escaparme, y tal vez lo habría hecho si hubiera tenido alguna posibilidad. Pero en la parte de atrás de la furgoneta iban conmigo dos de ellos, vigilándome como buitres. Pág. 207.

 

No quiero que sea como yo: que se dé por vencida, que se resigne, que salve el pellejo. A eso quedamos reducidas. Pero de ella espero valor, bravuconería, heroísmo, autosuficiencia: todo aquello de lo que yo carezco. Pág. 208.

 

Por eso sigo con esta triste, ávida, sórdida, coja y mutilada historia, porque después de todo quiero que la oigáis, como me gustaría oír la tuya si alguna vez se presenta la oportunidad, si te encuentro o si tú te escapas, (…) Al contarte algo, cualquier cosa, al menos estoy creyendo en ti, creyendo que estás allí, creo en tu existencia. Porque contándote esta historia, logro que existas. Yo cuento, luego tú existes. Pág. 219

 

Los archivos que han quedado de aquella época están en muy malas condiciones, pues el régimen gileadiano tenía la costumbre de arrasar con sus propias computadoras y destruir el material escrito después de las diversas purgas y de los disturbios internos; pero algún material escrito ha sobrevivido. Por cierto, parte de este material pasó clandestinamente a Inglaterra para uso. Pág. 248.

 

Imaginemos que vivimos en una monocracia, nos visten de rojo, como una caperucita pasada en edad y nuestro único fin en la vida es quedar embarazada. Llevar la semilla, el fruto para el resurgimiento de una nación totalitaria que decidió acabar con los males y pecados del mundo.

¿Cómo podríamos sentirnos rodeada de prohibiciones, donde cada paso es vigilado?  Cuando tiempo atrás íbamos a nuestras anchas, en pareja o no, con trabajo y libre albedrío.  Eso quedó atrás. Ahora, todo tiene el ferviente propósito de que las mujeres de esta historia sean un recipiente con la finalidad de ser llenado para tener un hijo sin siquiera haberlo preguntado. Este es el destino de la protagonista: Judd, una criada que como todas las demás encomendada para estar labor viste de rojo.

No todas las mujeres tienen el mismo propósito. La historia está acompañada por otro conjunto cromático de mujeres: las esposas quienes visten de un azul en apariencia sosegado, pero que tiene intempestivos movimientos como el mar picado en el océano. Las tías que van de marrón  y beige quienes se encargan de “reformar” a las futuras criadas y las marthas quienes hacen los oficios del hogar y son la nota subversivas en el corre ve y dile de chismes entre una casa de comandante y otra. Me faltó hablar de las mujeres enviadas a las colonias, lo dejo como incógnita por si se enganchan y quieren buscar la novela. 

Pues bien, Judd o Defred, como se les denomina una vez ingresan a las casas de los Comandantes, nos narra en primera persona su pesaroso presente con algunos flashbacks antes de la era Gildeana. Escenas descritas en un primer plano que en la mayoría de los casos produce aversión sobre la posibilidad de que esto llegue a ocurrir porque, como en casi todas la novelas distópicas el destino del protagonista es funesto.

Casi al finalizar el capítulo desconocemos si hay posibilidades de salvación para Judd porque el final queda abierto y da paso a la lectura de Actas en un Congreso de historia, sociología o antropología no se dice claramente, en donde se lee, a modo de ponencia, el hallazgo de la historia en casettes. Entonces la modalidad de escritura cobra un giro inesperado y atractivo al darnos cuenta  de que, lo que habíamos leído  fue la transcripción de una grabación y ahora es estudiada como otra versión un tanto intimista de las mujeres en Gilead.


lunes, 10 de abril de 2023

Impresión de: Una librería en Berlín, (2017)

 Una librería en Berlín, (2017). Françoise Frenkel

Portada de la novela


Llevaba en mi maleta los dos primeros volúmenes de Los Thibualt, de Rober Martin du Gard, Croix de bois, de Dorgelés, y Civilisation, de Duhamel, libros que me parecían muy apropiados para transmitir mi admiración por el rico florecimiento de la literatura francesa de posguerra a los amigos y a los libreros con quienes me proponía  encontrarme. (p.21).

Yo seguía allí. Estaba segura de que, de haber sido preciso, habría defendido cada libro con todas mis fuerzas, incluso con ,i vida, no solo por apego a mi librería, sino sobre todo por una inmensa aversión a la existencia y a la humanidad, por una nostalgia infinita de la muerte. (p.40).

¿Quién es esa mujer disfraza que camina con paso alegre cantando a media voz una melodía de su infancia? Yo, yo soy esa campesina con zuecos que canturrea al ritmo de sus pasos por la carretera inmaculada de una país maravilloso (p.144).

 

En una novela sobre la II Guerra Mundial podemos esperar persecuciones, detonaciones, desabastecimientos, refugiados, clandestinidad, pasadizos secretos, muertes inesperadas y otras situaciones similares relacionadas con los conflictos bélicos. Todo lo anterior lo podemos encontrar en la novela  Una librería en Berlín. El aspecto que la distancia es la relación de la narradora con los libros.

La protagonista instala una librería en Berlín con la intención de difundir el pensamiento y la cultura francesa.  Todo se va truncando poco a poco con la llegada de la guerra hasta el punto de abandonar Berlín por sus orígenes polacos. Así se evidencia en el párrafo siguiente:

En esa época no se podía sacar nada de Alemania sin una autorización especial. Había que rellenar un sinfín de cuestionarios y precisar cada objeto que se deseaba llevar consigo: ropa interior, vestidos, zapatos, incluso unas tijeritas, pastillas de jabón o un cepillo de dientes. (p.44).

 

Conforme avanza la narración, nos damos cuenta de cómo se agudizan sus problemas y si bien puede salir de la ciudad y vive, mejor dicho, deambula por diferentes lugares de Francia, permanece en un constante desasosiego, ocultándose de las autoridades para no ser trasladada a Polonia donde su paradero pudo haber sido mucho más funesto.

Aunque se acentúen el hambre, las pulgas, las blasfemias y los alimentos disponibles en la cartilla de alimentación y cada tanto se encuentre con una versión no muy afable de la humanidad, también se consigue con personas nobles; dispuestas a ayudar como el caso de los Marius quienes en más de una ocasión se convierten en sus salvadores mientras está lejos de su patria.

Y así transcurre el tiempo sin poder reencontrarse con su familia, de la que muy escasamente se entregan detalles. Llama la atención su capacidad de sobreponerse y seguir escribiendo sin un ápice de apatía o resentimiento por la humanidad, solo con el fin de documentar, a ratos muy similar a una crónica lo que le ocurre durante la guerra a los ciudadanos de a pie como ella. Me agrada infinitamente que no se regodee de su formación intelectual y lo emplee para victimizarse o ganar favores, solo es una mujer como cualquier otra que intenta, cada día reponerse ante la guerra.

Por lo que, desde mi apreciación,  el gran logro es documentar el padecimiento de la intelectualidad durante la Guerra que solo queda habitada por el vacío y la desolación, pero con la firme esperanza de que todo pasará, como dice una pasaje de Don Quijote de la Mancha: “Confía en el tiempo que, suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.


Posdata...

Adoré a este personaje, sentía que era ella. Me corporeizaba en una mujer intelectual dueña de una librería, feliz y dichosa. Una Andrea madura que dejó atrás a Barcelona y a pesar del sufrimiento vivió plenamente, aún en medio de la II Guerra Mundial.  Se hace palpable el amor por los libros una y otra vez, en particular, me gusta este párrafo: “Pasé por todos y cada uno de los estantes, acariciando suavemente el canto de los libros…Me detenía en los ejemplares numerados. ¡Cuántas veces por el  cariño que les tenía, me había resistido a desprenderme de este o aquel! (p.45). 

Qué felicidad absoluta son los libros. Este un gran testimonio de la Guerra para que no quede duda de que no hubo un resquicio de humanidad que no haya sufrido, pero todos logramos sobreponernos, la resiliencia, término que está de moda porque desde que el mundo es mundo, en mayor o menor medida, hemos sabido adaptarnos y aprender. 


Finalmente, le dedico esta reseña a Amaru,  a quien en medio de las vicisitudes y tormentas de nuestra nación, no se ha despegado dell secreto de la tierra, pues tuvo la loable, descabellada y muy admirable iniciativa de instalar una librería en su casa: ¡infinitas gracias, Amaru! Tenía años buscando este libro. Primero no podía comprarlo y luego desapareció hasta que usted, similar a un faro, volvió a encender, como los cocuyos, una luz para la difusión de los libros y la cultura. 

Comentario de LLuvia, (2006). Victoria de Stefano

 


Lluvia, (2004). Victoria de Stefano


¿Cómo es la rutina de un escritor? Digo la rutina propia del oficio y la rutina del día a día, esa que está pendiente del café, de abrirle al jardinero, de visitar a los amigos, de caminar por las calles aledañas a la casa y escuchar la bullaranga de los muchachos. A esas dos modalidades podemos acercarnos con Lluvia, (2006). Sentarse en el escritorio, a esperar que se disipe tanta mundanidad dispuesta a continuar porque las palabras esperan y permitan que, similar a una lluvia torrencial, broten ideas bien hilvanadas para culminar el capítulo y así darle forma a la novela.

No obstante, procrastinar también es de escritores y esperando a la musa disciplinada se sumerge en un autor, otro y otro más. Al respecto, mientras lee a Coleridge en Biografía literaria para Wordsworth la facultad suprema del espíritu  estaba en crear asociaciones (p.102).

De esta manera, y muy personalmente, el departir entre su vida rutinaria, y la creación artística es la forma de crear esas asociaciones, como el narrador mismo lo dice en el párrafo siguiente mientras José poda el níspero: “la curiosidad del escritor puede ser impertinente, me cuido de que la mía no sea demasiado voraz haciendo como si estuviera ahí para gozar del aire libre” (p.102).

Entonces a unos nos puede parecer que esa curiosidad ciertamente es muy impertinente por sus disquisiciones entre una lectura y otra. A contrapunto de otros, a los  que puede deleitarnos porque satisface la curiosidad de saber qué lee, quiénes son los autores, ¿será que esa terreno ficcional es el mismo de la realidad? Así como cuando éramos niños y pensábamos desde nuestro ser más íntimo que las hadas y las criaturas míticas sí existen…aún.

En concreto, las entradas del diario para entrever sus lecturas es un gran logro, así lo percibo porque perderse entre las ideas de otros para llegar a alcanzar una mucho más nítida, diáfana, tal vez es una gran estrategia.  Aunque las imágenes no lleguen; o se escapen y nosotros lamentamos esa perdida de la concreción del rumbo de las palabras y a la vez adoramos esa dispersión entre ideas sublimes que a veces alimentan nuestro ser y otras nos dejan un gran signo de interrogación en la cabeza.  

Las líneas anteriores son mis ideas sobre Lluvia. La leí por segunda vez de a poquito porque a veces me costaba desconectarme de mi realidad. De la primera no recuerdo nada, pero celebro, celebro mucho que con esta segunda lectura pude lanzar un hilo invisible a Emily Dickinson (no la nombraron, pero yo la relacioné con fervor), y a Virginia Wolf a quienes todavía me falta por leer la mayoría de sus obras. Lo cierto es que fue esos nombres los que asocié y quise moverme a leer.

No leí Paleografías y eso que la tengo desde hace muchos años. Considero que aún no me ha llegado el tiempo para estar con ella. Sí recordé Pedir demasiado, (2004) publicada por la Fundación Bigott, otra novela de Victoria que más o menos va sobre el duelo por la perdida del prometido y la empatía del padre por acompañar en el duelo a su hija.

sábado, 4 de marzo de 2023

Impresión del Libro: Qué hacer con estos pedazos

 


Hay algo triste en Mima, sin embargo, pero cómo no va a ser triste esa vida, piensa Emilia, este mundo suyo cerrado, donde sólo hay rutinas, tareas aburridas, recorridos larguísimos desde su casa hasta aquí, ese esfuerzo continuado que va a dar en lo mismo, siempre lo mismo. P.106.


Cuántos años le tomó dejar de sentirse esclava de la culpa. Culpa por odiar a la madre, que la mandaba callar con los ojos en las visitas familiares; al padre, que la cercaba con sus prohibiciones y la humillaba con sus castigos; a la pacata de su hermana, que la juzgaba por ser expansiva y provocadora y por enamorarse de tipos indeseables. Ay, la culpa por enamorarse de más, por no estar a la altura de lo que esperaba el marido, por ser arisca, ríspida, obsesiva. Por haber permitido que Pablo muriera, sobre todo por eso. P. 129.


Ficción real de todo lo que callamos las mujeres con un ápice de sentido común, así suene trillado y a drama con horario nocturno. Los pedazos de Emilia, ¿pueden ser la representación de todos los pedazos que nos configuran y perfilan nuestro ser como mujeres? Para mí es una representación posible a partir de la lectura. Por es en esta novela atendemos a la vida entre rutinaria (académica, labores del hogar y relaciones familiares) o no de una mujer (escapes por medio de los viajes e intermitentes reuniones a tomar un café con las amigas).

El discurso se hilvana para armar muchos pedazos. Por nombrar algunos, el pedazo que le hemos conferido a la casa, que no al hogar, como espacio donde se desarrolla la rutina y es a partir de ahí donde una cocina inmaculada y de último modelo no contribuye con mejorar la relación marital cuando el esposo es poco comprensivo, mezquino y quejumbroso.

Otro pedazo de esos miles que conforma su corazón que, como ya lo dije, son espejo del corazón y los pedazos de muchas mujeres es la relación madre e hija. La eterna espera por ese "te quiero sincero e inusitado que pueda emular un viaje a la tierna infancia cuando después del llanto, solo decimos: -"mamá, te quiero". Y así nos entrega muchos pedazos más. También hay espacios donde habita a plenitud su ser como los viajes y la escritura. Razón por el que siempre será necesario tener nuestro escape al cuarto propio.

Me habría encantado acercarme muchos más a sus pedazos que dejaban escapar su verdadero ser como la escritura de crónicas para las revistas, presenciar la recepción de un premio, pero creo entender que nada de eso vale porque por más que la rutina sea, la repetición del día anterior es allí donde podemos intentar mostrar otra faceta de nuestro ser. Quizá ese sea el porqué de estos pedazos. 



martes, 10 de enero de 2023

Reseña Azúcar negra

 


La noche cayó. Se sentaron a la sombre de un muro. El padre le sirvió un vaso de ron, y el compartir de este vaso estableció entre ellos un respeto tan sincero como el compartir del pan. Hablaron sobre la trituración de los tallos para el aguardiente de caña, del molino que se erigía sobre el tablero de bambúes y de la altura de las palmeras plantadas en un terreno más bajo. (p.34).

Toda la información sobre el tesoro perdido de capitán Henry Morgan  está aquí. Las localizaciones son exactas. No hay leyenda sin base.(...) estoy impaciente por comenzar mi búsqueda , explorar la región, estudiar mis mapas. (p.37).

Eva  Fuego descubrió oro en su casa al mismo tiempo que se encontraba un yacimiento de petróleo en el oeste del país. Salió como un minotauro de las profundidades de su laberinto, (...) Hizo tambalear las condiciones económicas, Inmigrantes vinieron de todas partes, la explotación comenzó...(p.135).

Número de páginas: 173 

    Azúcar negra, de Miguel Bonnefoy una novela para retomar el Caribe con Severo y Serena, personajes principales que, similar a la historia del continente americano y el Caribe, se muerden la cola. Un joven Severo aparece cierto día en las inmediaciones de una hacienda de caña de azúcar con el fin de hallar el tesoro misterioso, ese tesoro no es más que la tierra, ingente de ser preñada primero con el cultivo de caña de azúcar para la producción de ron y luego la excavación de petróleo y minerales.

El tesoro se encuentra más cerca de lo que cualquiera de los personajes puede llegar a intuir, como la tierra mojada en nuestras tierras o el rocío en las mañanas. De allí que este sea la revelación de la tierra.

 Por otra parte, la complejidad de los personajes que se miran al espejo con otros personajes de larga tradición en la narrativa latinoamericana y caribeña y, así, ofrezcan guiños a un lector decidido a sumirse en el encuentro con estos y otros de años...o siglos atrás en un madeja realidad/ficción. 

En sus líneas nos sumergiremos a un raudo, pero muy placentero rapto al género fantástico y de aventuras con árboles de mango sobre los que ha encallado un buque con tres mástiles o una Serena que es capaz de escuchar los susurros entre los muros y que nos recuerdan que no van a pasar más de cien años para alcanzar la soledad. Al respecto, el narrador describe sobre Serena en su paso de niña a mujer: 

                                            Un halo de luz bañaba estas confidencias y Serena se descubría 
                                            en deseos que había ignorado hasta entonces. (p.63)

En suma, esta novela es una buena apuesta si les gustan los libros sobre el Caribe y desvelar el secreto de la tierra 😉 (guiño literario)... en nuestra literatura venezolana hay un secreto a voz en cuello, el secreto de la tierra. 

Sobre los motivos y la bonita tarea de regalar/recomendar un libro

Es frecuente escuchar, si, como en mi caso, estudiaste algo de literatura o estás rodeado de los libros, que alguien pida que les recomienden un libro. Tienes dos opciones: una, es no prestarles atención...ignorarlos  -aunque esa es una vía muy fácil, bastante impropia de personalidades como la mía, sobre todo si las personas caen bien-.  La segunda es dedicarte a la tarea de diseccionar a esa persona para saber qué títulos le pueden gustar y de una vez por todas se puede enganchar a la lectura porque hay una misión muy íntima que es lograr que todos las personas se conviertan en lectores. Quizá un modelo de ciudadano ejemplar, culto e ilustrado. 

Volviendo al cuento de qué regalar a alguien que te cae, bien que ya te ha regalado un libro de su biblioteca personal y que cada cuánto te recuerda que le gustaría que le regalaras un libro, se vuelve una tarea importante y sin ninguna intención de declinar. Entonces comienzas observarla, a escucharla detenidamente y a pensar en situaciones en que si estuviera leyendo ese libro verdaderamente lo disfrutaría. 

Otro aspecto nada descartable es el hecho de que no eches de menos el libro que vas a regalar y a la par sea valioso para esa persona, que sienta cobijo ese título que se va para llegar a un nuevo anaquel. Y así salió Azúcar negra para una noble compañera de trabajo que ha sabido apreciar y acercarme a mí por el gusto de la lectura. Ahora ella y yo tenemos más que una situación, una anécdota que nos une y es el regalo o intercambio de los libros, pero también de emociones, sentimientos y vivencias con los personajes. 

Sobre los oficios/escapes a la escritura 

Este es un escape, un escape placentero y maravilloso que me ha regalado la vida. Sí, seguramente me crean descabellada, y lo cierto es que me agrada porque nunca he sentido tanta compañía como cuando leo y escribo: es un encuentro con mi verdadero ser. Sí, también sé que soy poco constante, procrastino con desmesura (vaya exageración, lástima que no llegue a oxímoron). Aunque cada vez que vuelvo a encontrarme con los libros me imagino que estoy ante la llama de la vida y la felicidad. 

Solo me queda decir, gracias por llegar hasta aquí. ¡Gracias por compartir un rato verdaderamente conmigo!