jueves, 27 de noviembre de 2025

Impresión de... El hijo de Gengis Khan

 

Un reencuentro con la narrativa de Ednodio Quintero: El hijo de Gengis Khan (2013)

 

Lo que ocurre tal vez es que la vida se parece a un libro formado por un haz de pergaminos, de los cuales solo se nos permite leer los que corresponden al pasado y al presente: Nada sabemos del mañana, aun cuando los pergaminos de ese día estén escritos desde siempre.  P.59

No sé desde cuándo escribe su diario. Lo que sí puedo asegurar es que en él vacía los sucesos del día, de forma tan prolija y detallada que si alguien los leyera con atención podría revivirlos. (...) Si al cabo de un siglo un lector desprevenido se acercara a esos escritos y lograra descifrarlos, estaría en capacidad de afirmar que estuvo presente en alguno de los episodios allí narrados. P.85.

¿De qué me alimentaba en aquel país lejano de trenes extraviados en la bruma? ¿Era cierto que llovían chicas en los descampados o no se trataría más bien de un cuento chino? ¿Había existido un rey llamado Gengis Khan? ¿Quién era el rey de los monos? ¿Me había convertido yo, por obra alguna de la hechicería, en una máquina de soñar? P. 172.

 


En esta novela conocemos las vivencias del hijo nonato de Gengis Khan por las estepas de Mongolia. El heredero no nacido, durante los primeros ocho capítulos, relata en primera persona las acciones que tienen lugar entre las batallas. Por lo anterior, considero oportuno advertir que, si alguien piensa leerla porque tendrá un relato sobre los motivos bélicos y de conquista de Gengis o un perfil psicológico que reconstruya su imagen desde la antigüedad así hayan transcurrido ocho siglos no lo encontrará, pues no es el argumento de la obra. Es más ni siquiera tiene voz.

Entonces, el príncipe narra, desde el vientre de Zolzaya su madre, sin que, al parecer, nada ocurra. Pero en esa aparente nada tienen lugar sucesos como derrotas y celebraciones, también su madre escribe con ideogramas primorosos las memorias que servirán para aumentar la leyenda sobre el guerrero más endemoniado de Asia.

Asimismo, en esa calma chicha, sufre intensos ataques de celo por el séquito de concubinas que buscan la manera de ascender y ser vista por el emperador. Sobre una en particular:

La presencia de aquel animal de placer en la tienda de Gengis Khan no era una noticia grata para mi madre, y aunque no podía hacer nada para impedirlo, lo lamentaba y presentía que una sombra funesta, se cernía sobre su propio destino. P.71

El fragmento anterior conforma el conglomerado de acciones que dan credibilidad al relato, así como otorgar morosidad al incluir ciertos episodios sobre los que es preciso extenderse para sumergirnos en la madeja textual propia de una época que nos es ajena. Otro ejemplo:

¿No les parece absurdo que a escasas horas de mi nacimiento me esté ocupando de asuntos como esté? Por qué se distrae con esas idioteces, se preguntarán. Debería estar lívido de terror como un sobreviviente de la batalla de Aktal. P.140

Esa es la razón de que se introduzcan una serie de historias que median entre el no ocurrir nada y dar la impresión de que en una sola vida no nos bastará para analizar con detalle las digresiones que se incorporan página tras página.

Ahora bien, en la primera parte, hay otro aspecto que es importante tener muy en cuenta. Es la incertidumbre sobre quién narra desde los primeros capítulos. Por eso no podemos ser unos lectores perezosos. Al contrario, estar atentos líneas tras líneas porque si estamos desprevenidos dejaremos a un lado frases como: “Reconozco su reparo, amigo lector. Tiene usted razón al exigir de este novato relator una descripción precisa del tema en cuestión” p. 28. Episodios como el anterior nos confunden, hacen que nos desestabilicemos y no podamos aseverar que el narrador es, en efecto, el hijo que no ha nacido, sino un avezado escritor que sabe emplear los cambios de narrador muy hábilmente.

A partir del noveno capítulo comienza la segunda parte donde constatamos que no se trataba del relato del heredero de los tártaros. Es aquí cuando nos percatamos de que nuestras suposiciones lectoras estaban en lo cierto: ¿es el sueño de otro protagonista que no es el heredero del hombre más temido en la antigüedad? ¿El hijo de Gengis Khan es solo un personaje que nutre las ensoñaciones del protagonista mientras duerme? Es decir, cuando está dormido, cree que es el supuesto hijo de Gengis. Entonces, ¿Quién narra? ¿Quién se encarga de desestabilizar al lector? Porque a ratos se autodenomina: escribidor, luego falso fabulador, (…) oficio de escriba.

Caímos en la trampa de la narración. No hay tal hijo de Gengis Khan. El narrador protagonista es un hombre que padece, al parecer un ominoso insomnio, pero también sueña. Las ensoñaciones nos mantuvieron en vilo por saber si iba a nacer o no. Hasta darnos cuenta de que se despierta en un páramo yermo para visitar a su padre desahuciado. Mientras llega a la casa paterna: sueña. Los sueños son las innumerables digresiones, otra vez, que hacen que a ratos nos perdamos y volvamos sobre los pasos porque la prostituta fea en México o en cualquier otra ciudad de quién sabe qué continente le otorga ubicuidad al relato, pero sobre todo nos desestabilizó como lectores.

Al rato relata una bacanal sexual en soledad dentro de una tina y luego pasa a narrar historias familiares en la tierra de su heredad: Biscucuy (Trujillo, el estado del que es oriundo el autor) Chabasquén, municipio del estado Portuguesa, cercano a la localidad de Biscucuy, pueblos que forman su historia de vida, dato biográfico que advertimos desde la novela La danza del jaguar.  

Cuando estamos ante la verdad, Gengis Khan es solo un tema de los sueños. Sueños que se repiten y son reformulados. Al respecto, dos ejemplos. El primero, al final de la novela, compara a su padre, mientras lo ve en su lecho, con el arzobispo J. R. Pulido Méndez, pero realmente la estampa de ese clérigo por su bigote es idéntica a Fu Man Chu, pero ese bigote es idéntico al de Gengis Khan. Ese juego de correspondencias quizá lo que quiere mostrar es la fascinación por un personaje que, aunque de forma forzada me remite a la figura del padre.

El otro ejemplo tiene lugar páginas después cuando el narrador se da cuenta de que está llegando al final y el nudo no ha sido del todo desatado o, desde mi apreciación, se han atado muchos otros nudos más porque en este fragmento expresa que en medio de las ensoñaciones, de las cuales no tiene certeza de cuánto tiempo, pero sí llegó a creer que estaba en el vientre de una joven llamada Zolzaya, concubina de Gengis Khan. Por tanto, quién se atrevería a desmentirlo.

¿De qué me alimentaba en aquel extraño país de trenes extravíados? ¿Era cierto que llovían chicas en los descampados o no se trataría más bien de un cuento chino? ¿Había existido un rey llamado Gengis Khan? (…) ¿Me había convertido yo, por obra de alguna hechicería, en una máquina de soñar? P.172.

De los pasajes extraídos como estrategia narrativa para, quizás, desestabilizar al lector. La interrogante sobre la existencia del monarca pone en duda todo lo narrado en la primera parte. Entonces qué estamos leyendo. Con esta pregunta se disuelve la seguridad de que era un hijo –ficticio- de Gengis, sino eso solo un personaje cualquiera. Quiero decir que el velo magnánimo del protagonista se baja de un pedestal al decir que bien solo pueda referirse a un sueño más.

Conviene decir que en los sueños, pesadillas o ensoñaciones no debemos dar nada por sentado. Nadie puede refutar o decirnos que es mentira que soñamos con ser la reina de Saba o una Valquiria. En los sueños, quizás sí tenemos licencia para ser lo que queramos. Cuanta carga atávica tiene la humanidad para soñar que somos hijos de Gengis Khan. Es más en las publicaciones comunes y ramplonas de la Web nos han dejado saber que casi toda la población mundial proviene del guerrero terrible. Desde esa esquina es válido. Desde la esquina de la ficción mucho más. Recodemos… somos lectores, establecemos un pacto de credibilidad con la obra.

Al margen y en el margen de la lectura

-En la primera parte me atraparon ciertos pasajes sobre el proceso de escritura. Plasmar los pensamientos en símbolos, ideogramas con una carga semántica ha sido la mejor de las invenciones. El protagonista se maravilla ante ese hecho y lo plasma de forma magistral en la historia.



-¿Por qué leemos a algunos fragmentos de un libro y automáticamente identificamos la autoría? Porque creo que nos estamos reencontrando con temas conocidos, en especial cuando se han leído novelas y cuentos del escritor. Uno de los motivos del autor es la descripción del lar nativo.

Se la escuché decir cuando era un chaval de cinco años a mi tía Chaba en un paseo que hicimos hasta una casa muy bonita por los lados de Estapape. Lo recuerdo como si estuviera viendo una película. (…) Ahí casi todos éramos parientes. Don Eugenio Araujo, que así se llamaba el convidado que no alcanzó a llegar, había sufrido de repente un percance. (…) Mi padre, que a veces amanecía con su vena de guasón, comentó delante de unos amigotes que habían venido desde Chabasquén. (p.179)

 En sus obras deja pistas al lector para que las capture y sepa que, aunque con variaciones queda el regusto de que está refiriéndose al mismo lugar, así ocurre en La danza del jaguar y El corazón ajeno.

También porque sucede que al leer a ciertos autores una red de temas se desperdigan en mi cabeza. El tejido remite a obras anteriores entonces a la par de estar atenta con la historia que tengo enfrente, mi memoria trae las narraciones anteriores y lucha por recordar con precisión esos pasajes para establecer similitudes confiables que no provengan solo de mi memoria que muchas veces, la mayoría, me traiciona.

-Lo onírico en el relato. Mientras regresa a casa de su padre tienen un lugar una serie de digresiones. Tales incisos parecieran más sueños, pesadillas, imaginaciones antes de sucumbir al descanso, pero no son del todo certeras. En ese juego va la novela; ese doble juego en el que narración tiene dos caras: el sueño y la realidad.

-Cuestionarse por el final. No solo qué tan bien logrado pueda ser, sino si realmente podrá escribir el final: “Y si no, fíjense en todas estas historietas a medio hacer, con los pobres personajes abandonados a la buena de Dios”. P.174


jueves, 13 de noviembre de 2025

Impresión de: Margot. Retrato de una caraqueña del siglo XX

 

Margot. Retrato de una caraqueña del siglo XX

 

Adriana Villanueva

2004

336 páginas

Fundación Polar: Colección Periodismo y Memoria

 


Adriana Villanueva grabó a su abuela. El resultado de las grabaciones junto con la asistencia a un taller de escritura coordinado por Milagros Socorro dio cuerpo al libro sobre las memorias de Margot Arismendi de Villanueva, esposa del arquitecto más importante y reconocido del país: Carlos Raúl Villanueva. Estas memorias me permitieron acceder, de forma sosegada y sin sentir que era una impertinente, en la vida tranquila de lo que bien pudo haber sido cualquier familia venezolana de clase acomodada. Las historias dan cuenta del paso de los días rodeados de familiares, amigos y siempre al lado de su esposo, pero también nos mostró el cambio paulatino de una Caracas de los techos rojos a un territorio donde apremiaba la necesidad de modernizar los espacios.

Desde el prólogo anticipamos que no se trata de una sosa biografía sobre una figura pública más, sino que el arte de narrar –tanto en la voz de Margot como en el tejido textual preparado por Adriana- está presente porque en ningún momento, a lo largo de los dieciséis capítulos y el epílogo, la lectura dejó de ser vibrante, emocionante porque sentí que estaba escuchando a una abuela que tiene el don de hacerse.

Margot relata la procedencia de su familia. Se extrae la sensación de que se sentía muy, muy cercana y querida por su padre Juan Bernardo Arismendi. Ahora cuando expreso esto considero que casi no remite ningún episodio sobre su madre [1]a no ser lo buena y refinada que fue, no quiero decir que haya habido alguna desavenencia, sino que no es para menos porque gracias a Juan Arismendi e se construyeron en Caracas importantes urbanismos como las denominadas cajas de fósforos por algunos, se trata de la Urbanización San Agustín del Norte o El Paraíso. Ayudó a obtener casas a inmigrantes que llegaban al país solo con el anhelo de reconstruir sus vidas. Por eso su papá fue tan relevante y también porque aceptó a su esposo sin objeciones.

 

En ese recuento sobre el padre, relata cómo logró reponerse de una quiebra económica. Y es que el abuelo de Margot solo fue un maestro de escuela en Río Caribe en el estado Sucre, razón por la que no tenía los suficientes recursos para enviar a Caracas a estudiar a todos sus hijos, pero apenas Juan Belmonte  se trasladó a Caracas y bajo el padrinazgo del general Pedro Arismendi Brito[2] ahorró hasta erigir una farmacia y de allí, paso a paso, con el apoyo y fortuna de contar con buenos amigos y socios fue cosechando pequeños logros hasta convertirse en un buen desarrollador de urbanismos y bienes raíces sin formación alguna.

 


En el párrafo anterior expresó que tuvo una farmacia, pero Juan Belmonte [3]no solo era el dueño, sino que ejerció muy bien la profesión de farmaceuta[4]. Ahora cuando hace poco ocurrió la canonización de José Gregorio Hernández, viene como anillo al dedo mencionar que esta dama narra una anécdota sobre el querido doctor José Gregorio Hernández, leamos:

 

¿Sabes quién era el cliente de la Farmacia El Águila? El doctor José Gregorio Hernández. Papá era el encargado de arreglar su maletín y de preparar sus recetas que estaban escritas en una letra dificilísima de descifrar. José Gregorio lo llamaba Juancito, y cuando empezó a visitar la farmacia diariamente para preparar una misteriosa receta a una señora, papá, que siempre fue muy pillo, le echaba broma:

-¡Ay doctor Hernández! ¿A usted como que le pescaron? Porque está viniendo todos los días por esa muchacha. (p.62)

 


El pasaje ratifica el don de narrar, bien podría haber sido desabrido, pero no solo ofrece el balance de información, sino que agrada porque incorpora la faceta de hombre bromista. También el pasaje sirve como testimonio de la cantidad de personajes de dominio público que se mencionan en la obra. Se aprecia entonces la clase media venezolana concentrada en Caracas propia de una ciudad pequeña donde casi todos se conocían porque no había habido lugar para la eclosión demográfica de décadas más tarde producto del éxodo campesino y la llegada de los inmigrantes. Estamos hablando de la Venezuela de la primera década de 1900.

 

Un aspecto paratextual a celebrar sobre el título es el acompañamiento fotográfico, pues permite evidenciar el paso del tiempo. Conforme transcurren los capítulos, también las épocas y nuevos miembros se incorporan a la familia, pero otros se quedan en el olvido. Quizás por eso la selección de fotografías son de viajes, los hijos pequeños o de ella junto con su hermana y familiares a edad temprana. Se asume que la narración celebra la vida, sabemos que la muerte es parte irrefutable de la vida, pero en la narración no hubo ocasión para explayarse en la tristeza por la ausencia de un ser querido.

 

En las imágenes que ilustran la vida de Margot, se da cuenta de esa Venezuela de inicios del siglo pasado. En particular, siempre me ha agradado el episodio histórico sobre el lugar donde iban a vacacionar los caraqueños. Para ese entonces se le denominaba vacantes. Tales días de relajación se testimonian en la novela Ídolos Rotos 1901 de Manuel Díaz Rodríguez. El protagonista Alberto Soria se va a temperar a La Guaira. Al mencionar las vacantes siento que forman parte del imaginario colectivo de toda una población y generación. Recordemos cuando Margot Benacerraf entrevistada por Diego Arroyo Gil, expresa que los fines de semana la gente bajaba a La Guaira a descansar y a ver al loco, como ofensivamente conocían a Armando Reveron.  En la obra también las vacantes son la manifestación de una época dorada en la vida de los venezolanos clase media alta o sobretodo pudiente.

 

Y Reveron es otro nombre que desfila en sus anécdotas. Se debe a que Carlos Raúl Villanueva le regaló Juanita en el playón, el cuadro que adornó la cabecera de su cama. Tuvieron otros cuadros del pintor de la luz y desgraciadamente nunca se los devolvieron, pero dejemos que Margot nos cuente cómo fue la compra de Juanita

 

Yo estaba en mi cuarto cuando llegaron las muchachas de servicio muy asustadas para avisarme que un loco estaba preguntando por la señora Villanueva (…) Cuando me entregó el cuadro me hizo una advertencia: “Señora Villanueva, para poder apreciarlo bien mírelo con los ojos entrecerrados, recuerde que es la luz que encandila”. Y es verdad, solo si uno lo ve con los ojos apurruñados puede ver nítidamente el rostro de Juanita. (p.192).

 

Hasta aquí se podría extraer que toda buena memoria/biografía/historia que incluya a una familia tiene entrelazada la historia con amigos. De forma entrañable cuando son amigos provenientes de la intelectualidad, la academia, la política y sobre todo el arte. Por el libro circulan nombres como Jesús Soto, Carlos Cruz Diez, Fruto Vivas, Alfredo Manaure, Alfredo Boulton. Lo anterior por nombrar a los de nacionalidad venezolana (me quedan por fuera otros tantos más, No lo hago porque no tengan rigor para mí, sino que estas impresiones son ejercicio de memoria y cuando escribo a la primera prefiero dejarlo así, aunque me frustre porque no puede tener los dones de Funes el memorioso). No puedo dejar de mencionar a Arturo Uslar Pietri, cuya familia fue descendiente de los corsos y, al parecer, tuvo un familiar en Río Caribe, pueblo de origen de los Arismendi Belmonte.

 

También hay una cuantiosa lista y episodios que le otorgan un muy buen balance a la narración sobre artistas plásticos extranjeros como Calder con quien Carlos Raúl Villanueva tuvo una entrañable amistad y pasaban vacaciones juntos en Venezuela o Estados Unidos. Aspecto que maravilla porque hace sentir que los venezolanos tenían amigos muy importantes y eran figuras reconocidas en el extranjero. Recordemos que en varias ocasiones Villanueva fue profesor en universidades estadounidenses, no solo lo fue en la Universidad Central de Venezuela.

 

De todo lo anterior, los dieciséis capítulos se pueden aglutinar temáticamente en la vida familiar de Margot Arismendi soltera y luego su vida de casada. En este apartado su vida se extendió mucho más. Al contrario, de lo que puedan pensar algunos no solo fue una simple madre, sino una mujer que jugó un rol activo en el éxito de su esposo porque siempre estuvo para él, fue su apoyo, su aliciente dentro y fuera del país y en especial a partir de 1971 cuando comenzó a empeorar mucho más de salud.

 

Al margen de la lectura…

 

En suma, leer ficción venezolana y estos títulos que no forman parte de la ficción me ayudan a formar mi rompecabezas como individuo de esta tierra. Entender por medio de la historia de otros qué somos como nación; lo que vivieron, tener de cerca otras versiones más de la historia oficial estudiada o de las anécdotas escuchadas en casa en voz de mi padre y mis abuelos dilata mi noción de país y así reafirmar mi versión que con cada libro voy reconfigurando.

 

En este asunto de entenderme (nos) como nación me encanta cuando la narración incorpora nuestras palabras, es decir, nuestra variedad dialectal que es tan rica, tan sabrosa y me pareciera que tuviera a mi abuela materna contándome muchas más cosas de las que no dio tiempo contar. Leer estas palabras es valorar nuestra lengua, nuestras formas de hablar y expresarnos de no sentirnos apachurrados, sino sentir que sí nos sacamos el palito premiado y ahí sí ser todos unos ciruelos. No estar caribeados por lo que somos. Al contrario, henchidos de orgullo y que ese orgullo sirva para abrir las zanjas de lo que, sé, aún hay tiempo para cambiar y mejorar.

 

Siento guayabo de haber terminado el libro, quisiera seguir en sus páginas porque me recuerdan a mis queridos Tutes de Barinas, mis adorados abuelos maternos. Creo que últimamente estoy buscando este tipo de historias porque me reconectan con una Barinas que ya no tengo, con el árbol de mamón y mi Tute a la sombra leyendo o contándome sus historias. Pasa que ese tiempo ya no está, así como ese país. Nunca me he ido, pero cada día que pasa, conforme camino por las calles, desconozco mucho más el país en el que vivo. Hay días en que no me siento parte, así como Margot le confiesa a Adriana que ella siente que está de más. Esta lectura me hizo extrañar los arreboles de Barinas, extraño ver el Pico Bolívar a lo lejos, extraño la ilusión del porvenir cada vez que entraba a la ULA. Será que para recordar ese buen ayer tendré que partir.

…. Me detuve en la Internet a ver a Caoma, la casa de la familia Villanueva y otra vez visitar algunas de sus obras, que más que obras son patrimonio para la nación: me refiero a la Ciudad Universitaria. 

Pocas veces no detenemos a pensar en aspectos paratextuales como la portada, la tipografía, la calidad del material. En mi caso, pasaron muchos años para darle una oportunidad al libro porque no me gustan los márgenes sin justificar, pero gracias a Dios por el cambio de perspectivas porque cuando volví a retomar la lectura asocié el uso de los márgenes como si fuese para imitar la memoria, es decir, lo que voy recordando rápido lo anoto por si se olvidan algunos datos o pasajes que no quiero suprimir. Quizás sea tonto, sí; porque la autora empleó una grabadora y luego tuvo lugar la edición, corrección. No obstante, me gusta asociar la justificación de los márgenes sin márgenes como un dictado de las musas que otorgan el privilegio de narrar a todos.

He llegado al final de esta impresión y quiero decirles que compré el libro por la conexión que pudiese tener con Ifigenia de Teresa de la Parra. No hubo ninguna. No me arrepiento, me siento complacida porque, aunque pasaron muchos años, le llegó el tiempo de lectura. ¡Gracias por leerme! Recuerda siempre, siempre que los libros son los mejores amigos. Sí, es idealista, es romántico, pero así soy y te lo digo con toda la honestidad que cabe en mi corazón.



[1] Similar a la biografía preparada gracias a la entrevista hecha por Diego Arroyo Gil a Margot Benacerraf.

[2] Conocido como el candidato de las musas. Fue una figura relevante para la Caracas de principios del siglo XX, de acuerdo con las referencias de Margot. Político, poeta entre muchas otras facetas.

[3] Hacían bromas sobre él en el semanario El Morrocoy Azul.

[4] La información también permite mostrar pasajes de la historia de principio del siglo XX porque contrario a lo que ocurre ahora que vamos a la farmacia y nos entregan el medicamento. El farmaceuta debía prepara la receta. Por tanto, debía tener nociones de medicina y de los ingredientes.

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Impresión del libro Nadie acabará con los libros (2010)

 

Nadie acabará con los libros. Umberto Eco y Jean-Claude Carrière (2010)

 

Entrevista realizada por Jean-Philippe de Tonnac

Lumen Ensayos

263 páginas

 


Título y contenido del libro resultaron seductores. La entrevista realizada por Jean-Philippe de Tonnac a Umberto Eco y Jean-Claude Carrière, autores muy relevantes en la escena literaria, cinematográfica y artística en general. Compuesto por quince capítulos, discurre sobre los libros; conocer si, desde sus perspectivas, en el presente con salto inmediato al futuro se eliminará este ingenioso artilugio y si es así qué y quiénes lo harán.

 

Tal punto de partida sirve para que los autores compartan sus ideas en cuanto a temores sobre la quema de su biblioteca, la duda sobre si llegamos a leer todos los libros que se encuentran en los anaqueles, la destrucción de las bibliotecas en el pasado en mano de ignorantes poderosos (la realidad como en la ficción), el carácter de universalidad (la idea de lo clásico como medio para prevalecer con el paso del tiempo) que tienen o no las obras, el terror que puede suscitar encontrarse solo en una biblioteca de inmensas proporciones en medio de la noche y hasta un apartado sobre la influencia de los tiranos, los imbéciles y la locura en la edición de libros. Todos estos temas hacen que considere al libro un compendio digno de reflexión en la actualidad.

 

Y de la enumeración anterior dejé a un lado la función que ha representado la llegada de Internet y los soportes digitales en la promoción, existencia y prevalencia de los autores. ¿Qué creen ustedes, ven a la musa que todo lo sabe y todo lo tiene con benevolencia o son sus detractores? Se los dejo como interrogante para procurar en ustedes el posible encuentro con el libro.

 


A partir de lo anterior, cada capítulo se ramifica o podría desmembrarse de forma fructífera para crear otros títulos porque es tal la vastedad bien proporcionada de información e interpretación que bien daría paso a concebir otra obra especializada. En este sentido, es valioso porque la lectura se convierte en una necesidad por adentrarse a autores que se desconocen, a la razón de publicación o destrucción de ciertas obras de arte o de cómo en el intento de pasar a los anales de la historia ciertos tiranos terminaron sumidos en el olvido por el acto vandálico de destruir un templo: Eróstrato dio órdenes de incendiar el templo de Artemisa.

 

Datos como el anterior se desperdigan a lo largo de la conversación, razón por la que la lectura se convierte en una entrevista con visos borgianos, pero extraída de la realidad. Entonces, cabe la interrogante: ¿no hay ficción? Por supuesto, pero como elemento de la literatura, como huella que caracteriza a los géneros literarios. En este sentido, la ficción está presente, se hace mención de novelas y autores por argumentar el valor de las obras. Uno que puedo recordar al momento en que escribo es como algunos editores desestimaron y descartaron a ciertas obras y autores (Víctor Hugo u Honoré de Balzac).  Asimismo, se tiene que los entrevistados son autores reconocidos por la crítica literaria y en la escena cultural mundial. Al respecto, es de dominio público que Umberto Eco junto con haber sido un loable profesor de semiótica en la Universidad de Turín, es autor y guionista (fue amigo del director de cine Luis Buñuel).

 

Prosigo con esta idea de la ramificación. En cada apartado del libro y hasta en cada párrafo se desperdigan ideas que propicias otras tantas más. Como en un pasaje nos topamos con Ganesha a propósito de mencionar la aparición de la escritura en el Mahabharata. Fragmentos después con Hitler cuando cometió suicidio después de haber sido contado como uno de los grandes imbéciles de la humanidad al haber propiciado el odio y cuasi destrucción de la cultura o el intento de imposición de una única versión de la historia alemana. Y así puedo continuar enumerando ejemplos, pero mi intención es que ustedes también sientan atractivo el libro y se dejen seducir por el contenido de esta erudita, entretenida y nada frívola entrevista.

Casi se me escapaba hablar de las ilustraciones a cargo de André Kertész. Son una aliciente, un complemente perfecto para esta entrevista nada forzada y que bien pudo y puede dar par muchos encuentros más. Sobre todo cuando ya han pasado más de 15 años de la publicación del libro. Sería muy atractivo escuchar las apreciaciones de los autores cuando cada día estamos más sumidos al subproducto de Internet con gran éxito de ventas que son las redes sociales. 

Al margen de la lectura…

 

-El libro es útil para arrancarse la idea de que todos los libros que tengamos en nuestros anaqueles deben ser leídos. Me fascinó leer (porque una vez lo llegué a pensar) el hecho de tener esos libros que esperan por nosotros como aquellos privilegiados que tienen una bodega con vinos de excelente cosecha esperando para darnos sosiego.

 

Los libros siempre tendrán detractores. Algunos unos soberanos idiotas como Bush, Trump o Hitler, pero la gran mayoría sendos intelectuales que lo hacen porque saben muy bien el peligro al adentrarnos en sus páginas ¿Por qué? Porque nos invita a pensar, a dejar de ser borregos y si nos convertirnos en contestatarios es porque tenemos una postura al respecto. Bueno o mala, no importa, en un primer momento hemos sido raptados por las ideas y estamos formando parte del mundo de la creación. Así como el tapiz del tiempo nos demos cuenta de que solo fue un pensamiento sumamente descabellado.

 

-La literatura, a través de la lengua, porque la lengua es uno de los instrumentos que emplea la ficción, evoluciona, está sujeta a cambios. Entonces leeremos a Shakespeare o a Cervantes. Si en el futuro se continúa leyendo Don Quijote será porque es una expresión de lo humano, de nuestras pasiones por leerla y aprehendernos a ella y en palabras de Eco:

 

No leemos a Shakespeare tal como escribió él. Nuestro Shakespeare es mucho más rico que el que se leía en sus tiempos. Para que una obra de arte lo sea debe ser conocida, es decir, debe haber absorbido todas las interpretaciones que ha estimulado, que contribuyen a hacer de ella lo que es. P. 134.

 

-En tono más de chisme. Me pasa que subrayo, marco y escribo en todos mis libros, pero en particular con este. Cada marca, cada post-it invita a volver a leer, a buscar en otras fuentes a dejarse tejer y destejer por las ideas de los autores. A dejarse raptar por las obras que mencionan. A si bien sentirse sumamente ignorante, no dejarse avasallar por ese sentimiento y continuar nuestro camino lector, nuestro sendero que se marca por palabras y libros.

jueves, 23 de octubre de 2025

Impresión de la novela El silbido del arquero, Irene Vallejo Moreu

 

 

El silbido del arquero, 2023 Irene Vallejo Moreu

Editorial Random House

251 páginas



¿Leer los clásicos? Establecer un puente entre ficciones de publicación reciente pero su inspiración son las sagas de la antigüedad clásica grecolatina. Alessandro Baricco lo hizo con Homero, Ilíada (2005). Similar a esa reinterpretación encontramos la novela El silbido del arquero. Una novela, en cierta forma coral, donde nos sumergimos en los pensamientos de los personajes a raíz de la llegada de Eneas a las costas africanas.

Se hilvana a través de dos acontecimientos. En el primero el mito y la aventura y el amor del poema épico Eneida como ejes para la creación de la historia. Las acciones tienen lugar antes de la llegada de Eneas a Italia. Naufraga en la ciudad costera de Cartago, aquí es recibido en el pequeño reino de Elisa, pero los fieles guerreros de la soberana se sienten amenazados por el héroe troyano razón por la cual no tardaran en crear ardides para mantener su estatus como súbditos de la corona.  En cuanto al segundo acontecimiento la historia, la escritura y las motivaciones del poeta tienen lugar para mostrar a un escritor que no se regodea en su torre de marfil, sino que padece por un encargo que no ha podido cumplir tras diez pesarosos años de invención, documentación y soledad.

Así, en el transcurso de ocho capítulos Eneas, Elisa (Dido), Eros, Ana y Virgilio intercalan sus voces para tejer una trama donde tanto los silencios como amenazas durante y después de la guerra fustigan a los personajes, pues son evidentes las heridas. Lesiones que parecieran dar testimonio de cómo la guerra aún con sus oprobios es la impronta fiel de los seres humanos. Impronta que, al igual que el poema, no ha cesado, sino que se reinventa con el paso de los años, aunque en diferentes escenarios.

Troya es el conflicto bélico del que no logra eludirse y si bien todos sabemos que Eneas llegó a Italia, aunque no gozó las mieles de su fundación, sí somos testigos de sus padecimientos. Como el amor al que no puede corresponder a la reina Elisa, la enemistad sin sentido del séquito de la reina, el trauma que no le pudo evitar a Yulo y la pérdida del padre en Troya. En efecto, acontecimientos que se desprenden de la guerra. Una guerra que forma parte del destino de los hombres y como destino no hay manera de escapar.

De allí que, las ficciones que reinterpretan, resemantizan a los clásicos de la humanidad hoy más que nunca cobran sentido y convienen ser leídas con atención y cautela. Irene Vallejo[1], prolífica escritora es una buena exponente porque el poema es una epopeya de más de dos mil años de antigüedad, pero la pluma  de Vallejo permite que nos sintamos cercanos por el dolor de sus personajes, por el peso de la guerra. Conflictos que como humanidad no hemos sabido superar y por eso se redimensiona.

 

Por lo anterior, resulta y resultó una relectura apacible, amena y necesaria. La autora tiene la capacidad de que, a través de sus ficciones, podamos saborear cada palabra y la historia que tienen, es decir, su trasfondo. Me extiendo para explicarme mejor, si bien hubo llanto al leer  pasajes de los capítulos. Un ejemplo sería Virgilio asediado por las calles pestilentes de Roma porque aún no lograba culminar el poema; ese llanto es vestigio de su gran capacidad creadora porque permitió conmoverme ante las palabras, ante la sospecha de que él no lo pudiera culminar o del peligro latente de que les quitaran las tierras a sus padres. Entonces, es prueba de que hubo un rapto ante las palabras y no un rapto inocente, sino complejo porque como lectora conozco la primera versión de la historia y sin importar este escollo, aun así me pude emocionar, delectar con las acciones.

Al margen de la lectura…

Fue difícil escribir esta impresión porque le tengo mucho respeto a la autora. La admiro, desde que conocí su obra en el 2020 me he sentido fascinada por su creación. A ver, siento que puedo hacer una analogía de la admiración para que me entiendan con ese cantante de rock que seguíamos durante la adolescencia. Irene lo es de esa forma porque me da alientos para refugiarme en la lectura y escritura incluso en mis días difíciles; pienso en su labor y un hálito de esperanza se posa en mi ser. Porque me permite emular y hacer eco de lo que expresaba Aquiles Nazoa pero que cada vez creo menos y es la expresión de que creo en los poderes del pueblo, de la gente, pero en especial de seres como ellas.

La guerra es una de las tejedoras de nuestra humanidad. Así en la novela se inicie con una guerra de hace más de 2000 años de antigüedad los discursos bélicos siguen siendo la primicia en los medios y redes sociales. Peor aún en nuestros cerebros. Desde que tengo noción he sabido de guerras. La que peor invade mi memoria cada tanto es el conflicto de los tutsis y los hutus mejor conocido como genocidio de Ruanda. Aún tengo pesadillas con el conflicto. De tanto en tanto revisito el tema, pero me ha faltado rigurosidad al respecto. Por eso este libro se signa entre conflicto de un pasado muy muy lejano, pero que aún trae dolor, dolor que logra superarse porque la vida también es el lugar donde las heridas quedan para vivir con ellas.



[1] Aunque no sea del todo recomendable endiosar a los autores, creo que ella es una de las autoras que sí lo merece sin un ápice de melosería. Ha sabido darle al mundo esa dosis de sensibilidad y, a la vez, necesidad por leer, por mantenernos firmes con la lectura en una época de banalidad y espejismos que solo han hecho desviarnos en la búsqueda de la verdad o de aquello que pueda ser oportuno para la vida.


miércoles, 15 de octubre de 2025

Impresión de La biblioteca mágica de Bibbi Bokken

 

La biblioteca mágica de Bibbi Bokken

Jostein Gaarder y Klaus Hagerup

1993

Ediciones Siruela

210 páginas

 

Aunque muchos dicen que son libros para niños pequeños, resultan bastante interesantes también cuando te haces mayor. ¿Sabes por qué? Porque te hacen recordar cosas que habías olvidado. (Exactamente como aquella historia de tirantes azules de Winnie-the-Pooh.) Además, los libros dan una especie de seguridad en un mundo tan revuelto. P.115.

Lo leí y al principio no entendí absolutamente nada, pero de pronto se me hizo la luz. ¡El poema era una especie de clave! ¡Una clave que me llevaría a la librería de viejo en la Piazza Navona! ¿Pero quién lo había escrito? ¿Y por qué? P.85

Yo creo que lo que ocurre es que a algunos les gusta mentir y a otros que les mientan. En cada municipio se han construido unos grandes edificios en los que la mentira se reúne en lugares llamados “bibliotecas”. P.36.



Acompañemos a Nils y Berit en un viaje para conocer la mágica biblioteca de Bibbi Bokken. La señora Bokken parece ser muy misteriosa y enigmática, pues viene a darle un vuelco a la vida de estos adorables primos, quienes se cartean para no perder el contacto y así intercambiar sus vivencias. Vivencias donde la lectura, la literatura y la escritura tienen un lugar especial. Un halo de fantasía que hará, seguramente tanto a ellos como a nosotros, recordar la infancia como el terruño donde todo es posible, pero mucho más cuando la lectura forma parte de nuestras vidas.

La biblioteca de Bibbi Bokken se construye con la relación amistosa de dos primos En este sentido, ¿cómo era la comunicación con los primos durante la infancia? Sin importar si fueron unidos o apenas se reconocían existe un vínculo familiar a los que unos son más afines que otros. Por lo que los protagonistas de esta historia, dos hijos únicos, tienen a la escritura como medio para intercambiar sus vivencias entre diferentes ciudades. Pasaron el verano juntos. Al respecto, es propicio leer en voz alta el divertido sexteto con rima consonante:

Estamos sentados al sol del verano

con una coca cola helada en la mano.

Nils y Berit nos llamamos

y al cole hasta el otoño no vamos.

La paz reina aquí en la cumbre,

qué pena bajar a la muchedumbre. P.18

Pero las vacaciones están por culminar. Deciden escribir un diario que será similar a un álbum, pero mucho más descriptivo gracias a las palabras. Viajará de Fjaerland a Oslo. De forma inmediata, el diario dará un leve vuelco a sus anécdotas, pues más que la vida rutinaria, los paseos o las asignaciones escolares, contará la llegada de una señora misteriosa quien parece dar claras muestras de querer robarse los libros o seguirle la pista a cada una de las andanzas de los primos.

Resultan que esas andanzas van aderezadas con la literatura. Es decir, títulos, personajes y acciones rescatadas de los libros que leen y se encuentran. También del acto de escribir. Es decir, no solo cartearse, sino el ferviente encuentro con la composición de textos. Es así como Nils a propósito de una tarea escolar escribe un cuento con visos detectivescos-fantásticos. El cuento se lo comparte a su prima y ella lo disecciona por completo porque, desde su perspectiva, le falta verosimilitud. Ocurre una pelea producto del comentario. Como buenos primos resuelven el inconveniente y Nils acepta las fallas. Conforme transcurre la trama, Nils recibe otra asignación de escritura, esta vez escribe un guion de teatro. También lo comparte con Berit, esta vez lo felicita y le dice que lo suyo es quizá es el género teatral:

Estoy impresionada. ¿Te das cuenta de que has escrito una obra de teatro? Me refiero, claro, al “Diálogo entre el profesor Bruun y el alumno Boyum Torgersen. ¡Buen título, por cierto! Aunque tal vez no sea suficiente para una obra entera de teatro, al menos es un “entremés” Lo haces muy bien, Nils. Me pregunto si de mayor no serás dramaturgo, como Henrik Ibsen. P.54.

 

Lo anterior ratifica la razón de ser de la trama: la relación con la literatura. Asimismo, con que la novela puede considerarse de carácter metaficcional. Trama y argumento se sostiene con base en relaciones literarias. En primer lugar, escriben un diario-carta y luego será un libro que aún no se ha publicado. En segundo lugar, discurrir sobre cómo escribir correctamente diferentes géneros literarios o el proceso de la escritura (el cuento o el guion de teatro), al final del libro cuando va a tener lugar la publicación las opiniones de la editorial sobre el libro en cuanto al lenguaje, los personajes y lugares.

Completamos el diario con ayuda de Bibbi Bokken, tanto para la redacción de las frases como de las correcciones de ortografía. Un corrector es una persona que ayuda a los escritores con los errores de ortografía y con la sintaxis. Lo necesitan. Sobre todo este escritor.

En cuanto al lenguaje, parece que Bibbi no se fía del todo de nosotros. Dice que tenemos mucho que aprender, pero que ella tiene mucho que aprender de nosotros. P.210.

 

En la cita apreciamos el carácter verosímil de la obra en cuanto a que:

-Sí es escrita por niños o un niño de 10 años (Nils) porque muy seguramente tiene errores de ortografía, de redacción. Advertir sobre ello o mejor dicho narrarlo en ese tono afable y sencillo lo hace creíble y acorde con el personaje.

Mucho más lo que sigue líneas después:

-La opinión de Bokken sobre el lenguaje empleado en el diario-novela. Hay usos de palabras propias de los infantes o explicaciones en extremo sencillas. Considero oportuno hacerlo para convencer al lector de que los personajes son los autores del libro.

Por último, la reflexión sobre la postura del lector en cuanto al amor por los libros. En este aspecto resalta el personaje Bibbi Bokken, la reflexión sobre lo que se escribe y escribirá y el tiempo que tendremos o no para leer esas obras. Incluso, la confrontación entre la postura que tiene Bibbi sobre la literatura como producto cultural (ella es una simple bibliófila y por tanto amante de los libros) y la contraparte que es el Sonrisas (se dedica al marketing) de obtener un beneficio económico elevado sobre cualquier producto cultural sin importar el hecho de desprestigiarlo o usarlo como una excusa para vender. En suma, la autorreferencialidad, y la consciencia sobre lo narrado hace que estemos ante una obra que discurre sobre el acto de escritura. Por tanto, desde mi opinión, es un muy buen exponente en el ámbito de la Literatura Infantil y Juvenil.

Al margen de…

El título de la novela hace que por la similitud fonética asocie ese nombre y apellido con palabras en inglés como book (libro), pero no hay ninguna similitud entre library  (biblioteca). Ahora bien, esto es inglés y estoy cometiendo un error porque la obra se escribió en noruego. De allí que mejor deba remitirme al título original Bibbi Bokkens magiske bibliotek. Hice una rápida traducción con ayuda de Google traductor, pero me tradujo Bibbi La Cabra. Entonces, me quedo tranquila y sé que es Bibbi solo un nombre.

 Luego, al forzarme a usar la IA me arroja que Bokken es un juego de palabra con el término japonés espada. Por lo tanto, cito “la frase no tiene un significado literal, sino que evoca el mundo del misterio y la ficción”. De allí que no esté tan errada en cuanto a lo que evoca al lector, pues personaje y novela destilan profundo amor y respeto por lo literario, es decir, por la imaginación puesta en palabras.

jueves, 9 de octubre de 2025

Impresión de: Elefanta Suite, 2007

 

Impresión de: Elefanta Suite, 2007 Paul Theroux

368 páginas

Tres micro novelas reunidas bajo el título Elefanta Suite publicada en el año 2007, por el sello editorial Alfaguara. Paul Theroux es reconocido por sus libros de viajes como El gran bazar del ferrocarril o En el gallo de hierro, a la par de pertenecer al género de viajes conviene decir que son historias cuyos desplazamientos se centran en el encuentro con personas del país de origen y sus costumbres. Quiere decir que, aunque el paisaje está presente, la comida y los colores locales, el verdadero motor para leer a este autor es, desde mi opinión, su capacidad para crear personajes y la atmosfera que ellos crean. Confrontar la cultura, la religión y las convenciones sociales entre Oriente y Occidente se percibe en su narrativa tanto de viajes como en el de aventuras, es el caso, también, en La costa de los mosquitos.  

Monkey Hill, La puerta de la India y El dios elefante dan cuerpo al libro. El argumento de las tres es, por supuesto, el viaje. Algunos por placer y descanso, otros por trabajo (externalizar empresas), y el año sabático de una recién egresada de la universidad.  Estos extranjeros, aunque siente fascinación por la India, no dejan de ser ciudadanos que miran el mundo desde la mirada occidental. Y no puede ser desde otra forma, solo que de allí radica el conflicto para dar motivo a las narraciones. Es el artificio para dar cuerpo al conflicto y, precisamente, el motor para desarrollar la trama.

En Monkey Hill, Audie y Beth Blunden, esposos con más de veinticinco años de casados se refugian en un hotel de lujo a las afueras de la ciudad. En el tiempo de la narración trascurren, al parecer, más de tres meses. Así como su vida rutinaria en Boston, salen todas las mañanas a desayunar en la terraza del hotel y luego a darse“tratamientos”. Estos comprenden yoga, masajes terapéuticos, baños en la piscina y de sol. Un asomo del pasaje nos lo evidencia:



Durante unos cuantos días, Audie y Beth encontraron razones para estar ocupados, para mantenerse aparte uno del otro incluso en el preciso instante en que, unas semanas antes, habría estado juntos con tal puntualidad contemplando a Agni y sus gentes. (…) los dos agradecían que el otro se lo tomara todo como si tal cosa, pues en el pasado parecían haber estado de acuerdo en que la soledad era muestra de egoísmo. (p.75).

 

Son escasas las expediciones a Hanuman Nagar[1] ciudad donde está ubicada la suntuosa hostería por tanto, el color local no brota en esta narración –ni en las otras-, pero sí la constante forma en que los indios consideran a los extranjeros y viceversa. En la rutina de los esposos, cada uno, poco a poco se distancia. Ambos parecen caer en el hechizo, en la “curiosidad” sobre ciertos trabajadores del hotel. Audie, se siente atraído por Ana, quien le otorga vivificantes masajes. Mientras que Beth, conoce a Satish, quien la salva de unos monos rastreros que se habían colado en las instalaciones de la piscina. Entonces, es aquí cuando conocemos la psique de los personajes y les quitamos la careta. Audie siempre ha sido un infiel empedernido y Beth la mujer que se queda en casa, en el fondo, sabía de sus andanzas. Solo que en este viaje también sucumbe ante un misterioso chico. Entonces, la novela cobra mucha más relevancia porque no es la estampa de un país, sino un rasgo de la condición humana: las relaciones de pareja y la infidelidad. Lo que iba a ser un refugio para un matrimonio donde quedan excluidas las infidelidades, por tedio, por cansancio, por no sé qué terminan ocurriendo. Y este punto quizá también sucumbe la esposa quien no había tenido ocasión de ser desleal. Tal vez por pensar que era oportuno durante las vacaciones y por encontrarse fuera de las convenciones de su país. Todo dará un giro inesperado, producto de la ignorancia de esta pareja por el trato y las costumbres hacia los trabajadores y los lugareños.

En La puerta de la India, Dwight, el protagonista es un empresario bostoniano quien en su primer viaje a la India se niega a explorar la ciudad. Solo va de la empresa a la Suite Elefanta. Consume latas de atún y agua mineral. Mira y repudia con asco a la ciudad desde balcón de su privilegiada habitación. En el segundo viaje tiene lugar la transformación:

Al contemplar ahora la Puerta de la India desde la sala de juntas de la última planta de las Torres de Jeejeebhoy vio los almacenes, los muelles, las sogas enroscadas (…) no sabía qué sacar claro de todo ello, con la excepción de que la India ya no le inspiraba ningún miedo. (p. 145).

 

Pronto entabla amistad con su colega jainista. Hablan cada vez más. Dwight copia algunas costumbres alimenticias y rutinarias de Shah. También deambula por la ciudad con el anhelo de tener otro encuentro sexual con una adolescente. Es aquí donde tiene lugar la transformación. En el protagonista nos percatamos a un personaje complejo quien esconde dos verdades: la satisfacción sexual/sensual con jovencitas y la cercanía hacia lo místico y simplicidad siguiendo algunos preceptos del jainismo.

Dwight no lo sabe, pero la transformación que ocurre en él es quizás la misma que han tenido centenares de occidentales: la liberación. Liberarse de su pasado, de sus preceptos. Ser libre, pero sin saber de qué desatarse.

La última novela es El dios elefante –mi favorita-, Alice viaja con su amiga Stella por la India. A los pocos días su amiga la abandona para ir tras el amor. A partir de ese momento Alice viajará sola. Tiene la intención de pasar una temporada en un retiro espiritual de Sai Baba. Allá lograr llegar. En el camino conoce a Amibath, quien por cosas del destino luego la ayudará a encontrar trabajo y será su alumno. Todo dará un giro terrible en el que se confronta el misticismo, el karma y el lugar que ocupamos los hombres y las mujeres en el mundo.

Percibo que Theroux ironiza al occidental[2]. Al inicio de los relatos los muestra como los únicos que tienen la razón. De tal manera que, durante la trama, los va desarmando. Lo deja sin argumentos. Al final, atrás han quedado esos occidentales como fuente de la cordura. Ahora se perfilan como marionetas a la voluntad de los lugareños (como Shah lo usa para que cuide el cargamento de arroz y así entablar contactos comerciales con los colegas conocidos durante la estancia de este en EE.UU. O como Sumitra los despoja de dinero y le pide regalos con su cantaleta de que fue violada por todos los hombres de su familia. Es decir, los personajes oriundos de la India saben llevar, emular muy bien su rol de desposeídos, analfabetas, incautos, víctimas para, con mucha astucia, aprovecharse del turista/extranjero, occidental.

Por eso vale la pena leer a Theroux. En todos sus personajes hace una muy buena representación de la psicología de los hombres y mujeres occidentales. En este caso el retrato entre los modos de vida de los occidentales, en específico de Estados Unidos (quizá porque es lo que conoce y por ser del país) en contraposición con Oriente. Es preciso decir, solo de la India. La imagen que hace es valiosa porque no se idealizan los países o las costumbres solo se muestran tal cual son. Y sin ánimo de generar polémica, al ser visitantes en un país, por mayores vicisitudes que pueda tener, hay que ser cautos con el comportamiento y lo que se diga. Es una excelente lección hoy más que nunca que pretendemos ser ciudadanos del mundo y estamos cada vez más apegados a las costumbres necias de la aldea.

Al margen de…

 Líneas arriba dije que fue mi favorita. Lo fue en relación con el encuentro entre el elefante que Alice visita en las inmediaciones de la ciudad. Ella siente que es Ganesh y yo me cuento en esa aceptación. Luego de más de una desafortunada vicisitud que tiene que vivir. En Ganesh y quienes lo cuidan encuentra sosiego y es el sosiego junto con esa calma la mística lo que siempre me ha conmovido de la India. Es una fascinación de la cual solo puede argüir que puede resultar de un atavismo. ¿No les ha pasado que conocen ciudades, lugares, establecimientos y personas como de hace mucho tiempo atrás? Eso siento con la India. Quizá esto es muy halado de los pelos decirlo, pero de allí fue la cuna de la humanidad: del valle del Indo.



[1] Ciudad de la India, frontera con Nepal.

[2] Lo hizo en La costa de los mosquitos, 1981. Aunque en ella es el planteamiento del hombre doblegado por la naturaleza. El tremedal termina casi que devorando al hombre. En este caso no por un afán civilizatorio, sino por un irrespeto o superioridad del hombre frente a lo ancestral.