Kokoro
Natsume Soseki
201 páginas
¿Ha habido algún momento en la vida en la que verdaderamente confiamos nuestros sentimientos a otros? Quiero decir, abrir nuestro corazón. Puede ser que sí y suele ocurrir con los amigos. Pues bien de esto va esta historia.
Por otra parte, es preciso
decirles que tengo la impresión de que, en algunos casos, las reseñas están de
más. Lo es cuando un libro es hermoso y esa es la sensación que me ha dejado Kokoro de Natsume Soseki. No obstante,
me siento muy movida a redactar estas escuetas palabras, llevada por el
inocente hecho de que también se acerquen al libro.
Kokoro
es una novela que da cuenta del Japón de finales del siglo XIX. Por lo que
puede parecer muy difícil de comprender no solo por nuestra mirada occidental,
sino por el tratamiento a cuestiones como el honor y el significado de ciertos
vocablos.
En cuanto a las acciones, el
libro está compuesto por tres partes. En la primera somos testigos del
encuentro entre el protagonista y Sensei. En la segunda parte el protagonista
debe trasladarse a la casa paterna para atender a su moribundo padre, a la vez
que asuntos mundanos como en quién recaerá la herencia y en la tercera logramos
entender el porqué del talante de Sensei y no es otro que una pena muy honda a
raíz de la pérdida de su mejor amigo. A partir de aquí no inmiscuimos en el
climax de la obra: la historia de dos amigos contada a través de una carta, es
decir, la amistad entre Sensei[1]
y K, pero el suicidio de K marcará el resto de la vida de Sensei, un hombre triste
y melancólico y hasta que no puede soportarlo más y decide un cambio brusco a
propósito de la muerte del Emperador.
En definitiva, se trata de
abrir cuerpo, mente y alma a esa persona de gran estima y esperar a que el destino
esté a nuestro favor.