Veinte merengues de amor y una bachata desesperada, (2015), Juan Carlos Méndez Guédez
99 páginas
Lado A
Mientras Neftalí se encuentra en una fiesta llegan flashbacks de su vida universitaria y amores del pasado. Al son de bachatas y merengues, como suelen transcurrir algunas rumbas de la generación millennial venezolana, conocemos la historia del protagonista. A todas estas cabe la duda¿Es un poeta, profesor universitario, periodista o un simple ser humano? Nos resulta desconocido. Lo que sí se aclara y es, digamos el argumento, la obsesión por Pablo Neruda.
Para su trabajo de grado viaja a Chile con la intención de seguirle la pista. Neftalí se involucra tanto en la vida del escritor hasta el punto de que consigue una supuesta carta en la que se plantea que habría tenido una hija a la que abandonaría -hasta aquí y desde que lo comencé a leer, me siento tentada a buscar en Internet qué hay sobre el asunto?- por flojera, poca seducción del libro o poco interés por el poeta opto por no hacerlo y creerme el cuento bastante inverosímil para la trama novelística, pero nada factible desde el punto de vista de que un poeta pueda llegar a dejar abandonada a su prole. Oh, oh, esto está tomando visos filosóficos, pero lo que quiero decir es que no creo que un poeta pueda llegar a dejar abandonada a su prole. Me parece el acto más antipoético que pueda haber. No obstante, incluyo el pasaje:
"Leí cartas, informes, documentos oficiales. A Neruda le nació en España una hija enferma, una niña con hidrocefalia. Luego, cuando estalló la guerra. Neruda abandonó a la hija y a la madre en Francia. Él se marchó (...), pero Neruda siguió su vida normal, olvidó a la niña y dejó de enviarle dinero." p.33. Bien, entonces, ese encuentro fortuito con la carta hace que insista e insista en el tema. Se lo cuenta a la novia, a los panas hasta el punto de nunca terminar el trabajo de grado. Hasta aquí leemos un motivo plausible en los estudiantes universitarios: no presentar el proyecto de investigación.
Lo que diferencia la historia de Neftalí es que así como va en círculo con su trabajo de grado, también lo hace con su vida. Sus relaciones amorosas no llegan a nada y deambula por la ciudad en una especie de trance espiritual literario por encontrarse sin rumbo y sin plata en la vida.
Pero todo se narra mientras transcurre la fiesta. Se encuentra con Amaya una de sus amigas/amantes e intenta topar no toparse con Lorena otra de sus amigas cercanas. De fondo suena "Vi que te marchabas"... que da vida a la canción Cobarde. Tanto padres como, nosotros, hijos la hemos bailado o canturreado. Ahora viene un trencito y la bulla de los asistentes, pero seguimos atentos a esa historia que parece tornarse interesante y bastante literaria sobre la hija perdida de esta versión de un Neruda desalmado que conocemos por la tesis incompleta de Neftalí. A la par de lo anterior, también nos narra las penurias de Neftalí quien sí tuvo un padre desalmado que más de una vez lo dejó durmiendo en la calle ante la imposibilidad de pagarle la universidad.
Lado B
Con el germen de una historia que bien pudo ser mucho más entretenida por sus guiños,
encontrar un título como este resulta atractivo para cualquier lector. Quizás un riesgo para aquellos que conozcan un poco más de literatura, ni siquiera digamos literatura, sino cultura general porque atrae a este público en el hecho de ver cómo el autor establece la relación entre su propuesta y la obra reconocida. En este lado B del libro no escapan los lugares comunes de ciertos escritores venezolanos de finales del siglo XX: el restaurant chino para tomarse las birritas cerca de la facultad, el hotel de mala muerte para la faena amatoria de turno, la querida y odiada ciudad universitaria, el deambular borracho y ser un blanco fácil para los temidos hampones citadinos y, por supuesto, dar con un batacazo en el ámbito literario, puede ser en forma de publicación de una ficción o de una tesis mención honorífica que sí haga bulla en el círculo de académicos y literatos, es decir, ganarse el Concurso de cuentos de El Nacional o en sus buenas épocas el Rómulo Gallegos. De esta manera, puedan pasar a ser de otra estirpe. La laureada estirpe del campo literario venezolano con sus grupos y subgrupos que mal que bien siguen creando heridas y cicatrices en nuestras letras.

