miércoles, 2 de septiembre de 2020

Reseña de Kokoro, Natsume Soseki


Kokoro

Natsume Soseki 

201 páginas

¿Ha habido algún momento en la vida en la que verdaderamente confiamos nuestros sentimientos a otros? Quiero decir, abrir nuestro corazón. Puede ser que sí y suele ocurrir con los amigos. Pues bien de esto va esta historia.

Por otra parte, es preciso decirles que tengo la impresión de que, en algunos casos, las reseñas están de más. Lo es cuando un libro es hermoso y esa es la sensación que me ha dejado Kokoro de Natsume Soseki. No obstante, me siento muy movida a redactar estas escuetas palabras, llevada por el inocente hecho de que también se acerquen al libro.

Kokoro es una novela que da cuenta del Japón de finales del siglo XIX. Por lo que puede parecer muy difícil de comprender no solo por nuestra mirada occidental, sino por el tratamiento a cuestiones como el honor y el significado de ciertos vocablos.

En cuanto a las acciones, el libro está compuesto por tres partes. En la primera somos testigos del encuentro entre el protagonista y Sensei. En la segunda parte el protagonista debe trasladarse a la casa paterna para atender a su moribundo padre, a la vez que asuntos mundanos como en quién recaerá la herencia y en la tercera logramos entender el porqué del talante de Sensei y no es otro que una pena muy honda a raíz de la pérdida de su mejor amigo. A partir de aquí no inmiscuimos en el climax de la obra: la historia de dos amigos contada a través de una carta, es decir, la amistad entre Sensei[1] y K, pero el suicidio de K marcará el resto de la vida de Sensei, un hombre triste y melancólico y hasta que no puede soportarlo más y decide un cambio brusco a propósito de la muerte del Emperador.

En definitiva, se trata de abrir cuerpo, mente y alma a  esa persona de gran estima y esperar a que el destino esté a nuestro favor.  



[1] Así como percatarnos de que el verdadero protagonista es Sensei.

viernes, 7 de agosto de 2020

Reseña de la novela Verás el cielo abierto

 

Manuel Vicent

A

200 páginas

 

Manuel, algún día escribirás libros, imaginarás historias de amor, viajarás a países lejanos, conocerás grandes personajes, a mujeres hermosas, vivirás aventuras (…) y tú mismo podrás volar en una alfombra mágica sin salir de tu habitación. p. 82

 

Después de todo escribir ya es una odisea. ¿Has realizado alguna heroicidad en este oficio?

-Deja que piense. No sé. No recuerdo ninguna. p.161

 

Me sabía de memoria todos los recovecos de las dos trincheras enemigas y de aquellas batidas conservo todavía una cápsula de bala que he plantado en un anaque de la biblioteca guardando el lomo el lomo de un libro de Keats. p.55

 

Algunas veces también trataba de traspasar las puertas de la percepción como Aldous Huxley y me fumaba marihuana antes de visitar el museo del Prado buscando una luz interior que me permitiera verles las entrañas a las figuras de los cuadros.p.33

 

 

¿Qué hacer en medio de un verano silencioso?, ¿reflexionar, sentarse a ver el atardecer en compañía de un vaso de whisky, ver series de Netflix, preparar recetas saludables o cargadas de azúcar? Todas son opciones tentadoras y viables, pero algunos optan por hacer un viaje por los recuerdos de la infancia y adolescencia, aquellos que marcaron etapas inolvidables como las excursiones al campo, el primer amor, los amigos y esa casa enigmática donde el deseo por convertirse en escritor fue tangible…sin dejar de estar acompañado por el atardecer y el vaso de whisky J

 De esto va esta historia, beber del Leteo para embarcarse en la buena memoria. En la que nos deja con ganas de seguir mirando al pasado para construir el presente, solo el presente sin presagios de futuros que obnubilen el horizonte.

En esa reconstrucción de la memoria Manuel Vicent entrega dosis autobiográficas como hacer una descripción de la casa paterna: los primeros años en Villavieja, los bandos confrontados durante la guerra así como las penurias y abundancias durante esta etapa. Y como no es una novela en el sentido de crear desde cero personaje y situaciones, sino la estampa de algunas memorias que desfilan mientras pasa una vacaciones también introduce algunas referencias a otras novelas como Tranvía a la Malvarrosa[1] y puede que  a otras –algo me lo dice por el tono de este libro, pero que prefiero no asegurar porque es el primer libro que leo de este autor-.

A propósito de este encuentro me arrepiento de que haya sido hasta tan tarde porque son estas las historias que me conmueven: las del viaje a nuestros recovecos porque nos hacen sentir que cualquiera tiene una historia que contar, pues los recuerdos parecieran ser las huellas digitales de nuestra conciencia  y es que la memoria es cosa seria, a veces muy fiel otras muy inventora, muy adaptable a nuestras anchas, a nuestros deseos, pero al fin y al cabo con la capacidad de conmover.

Si quieres hacer un viaje a las memorias de otro que pueden tener coincidencias con las tuyas, te invito a buscar Verás el cielo abierto además harás un paseo por  referentes a lecturas y autores, cuadros y música y películas…no te lo voy a contar porque en el viaje de la lectura el protagonista eres tú.



[1] También es el título de la película estrenada en 1997 y basada en la novela. En Verás el cielo abierto cuenta que se paseó en alguna ocasión durante la filmación movido por la curiosidad de desentrañar si la  Marisa de la película era más bella que la del libro.

martes, 21 de julio de 2020

Reseña de la novela Un lugar lejano, 2009

Un lugar lejano, 2009

Fernando Butazzoni

Editorial Planeta

Número de páginas: 179

 

Julián toma fotografías que nunca podrá revelar. Busca imágenes que le devuelven un sosiego que ha perdido. P.96

 

domingo, 14 de junio de 2020

Reseña Modelos de mujer, Almudena Grandes

Modelos de mujer, Almudena Grandes

 

14 ° Edición Fábula Tusquets Editores

Número de páginas: 248

 

Modelos de mujer es un libro de cuentos compuesto por 7 narraciones de la escritora madrileña Almudena Grandes publicado en el año 2004. Mientras lo leía recordé cómo conocí a la escritora: La profesora Bettina Pacheco me prestó una de sus novelas en mis años de estudio del pregrado. Recuerdo que me interesó mucho y lo leí de un tirón, hecho que me llevó a buscar otros títulos, pero no los encontré en las librerías de la ciudad. Luego, en un viaje a Mérida, encontré este. En lugar de leerlo de una vez, suele ocurrir que lo vamos dejando a un lado y no fue hasta este año cuando lo tuve entre la selección de libros para el mes de mayo que resultó quedar para junio. Aunque debo decir que hace dos años leí la introducción y el último cuento “La buena hija”, donde el pretendiente en una carta, que realmente no es de su autoría sino que copió de un almanaque le confiesa lo imposible de su amor, pero el mérito no es el drama de la carta sino la unión de la epistola con la descripción de los sentimientos de Piedad y Roberta conforme esta se lo iba leyendo a Piedad –ella venía del campo y nunca había aprendido a leer- Fue una sensación que no puedo remover de mi interior, una sensación amarga, pero a la vez muy sentida, ¿cómo explicarlo? La sensación de que debemos pasar por un profundo dolor para reanudar la marcha así en ese momento no exista certeza de que se puede retomar.

Ahora, de qué va Modelos de mujer, podríamos empezar con ¿Qué es un modelo? Es una pauta, ejemplo que bien puede servir para replicarse, pero los modelos pueden ser subjetivos. Este es el caso de las protagonistas del libro. Mujeres que quizá no sean el modelo más correcto, pero en esa imperfección está el interés por adentrarnos en sus historias. Desde Queti que terminó en un manicomio velando por el bienestar de Miguela, mujer de 35 años con Síndrome de Down quien se transforma gracias a los susurros del pretendiente que la visita desde el más allá hasta Roberta quien gracias a un giro inesperado de la memoria descubre que no es hija de su madre, sino de su muy querida Piedad, señora del servicio muy valorada por la familia. Para algunos los personajes pueden ser dementes, pero conforme transcurre la narración nos aferramos y comprendemos sus razones. Así, la lectura de este libro entiende  la toma de decisiones un tanto desquiciadas pero al fin y al cabo son esas las que dan los mejores giros a la historia y a la…vida.

Otro de los cuentos “Bárbara contra la muerte” resulta el más sencillo, pero también está dotado de humor. Finaliza con Bárbara comiéndose un gusano ante la duda de que si los gusanos nos comerán cuando estemos en la tumba porque no seremos nada. Entonces ella decide tomar venganza y comerse uno en medio de un día de pesca con su abuelo. Y resulta que no sabe nada mal, pues sabe a ¡mermelada de mora!, la razón, averígüenla ustedes buscando el libro...

 Claro está que dentro de esa dosis con un poquito de humor no puedo dejar a un lado a “Amor de madre”, aquí bien podríamos entablar una relación con Queti, una de las protagonistas del primer cuento, pero esa razón se intensifica porque en lugar de ser una madre condescendiente, termina medicando en exceso a su hija para mantenerla sumisa e impedir que nunca más vuelva a irse de casa. Por tanto, modelos que rayan en el extremo, pero si lo miramos con lupa, ¿no suceden todo el tiempo?, A lo mejor sí, pues cada tanto salen a flote ese tipo de acontecimientos en diarios o cuentos de caminos que nos llegan desde cualquier parte.

En relación con la estructura, todos los cuentos emplean el flashback o analepsis para reconstruir hechos que ocurrieron hace más de veinticinco años. De esta manera, comprenden el porqué de las acciones del presente y qué riendas podrán tomar en el futuro como el caso de “La buena hija”. Gracias a beber concienzudamente de la  memoria Roberta  puede entender que ya es hora dejar a esa mujer que no es su madre y partir a rehacer su vida. Otro aspecto para resaltar es la inclusión de un acontecimiento extraordinario –así dice la contraportada- pero yo prefiero quedarme con el término fantástico porque ocurre un acontecimiento insólito que cambia el rumbo como en “Amor de madre” donde la mamá similar a la bruja mala de los cuentos de hadas le suministra calmantes a su hija a fin de mantenerla como la Bella Durmiente y así prolongar la infancia en plena adultez. O en “Bárbara contra la muerte” y su irrupción al convento donde se encuentra con una monja cadavérica que le advierte que ya no podrá volver sobre sus pasos nunca más.  También hay que acotar los visos autobiográficos de “Malena, (una vida hervida)” y otros en los que las similitudes en sus oficios o estudios realizados  y hasta lugares de residencia hace entender que el autor busca entablar una relación lúdica con sus lectores a modo, quizá, de detectives.

Por eso, insisto, el libro merece su lectura y atrapa por ser mujeres comunes como la vecina, la tía, la hermana, la compañera en el trabajo porque la razón aquí es emplear la ironía para hacer ver que los modelos pueden ser muy contradictorios y polémicos. Siempre buscamos un derroche de virtudes, pero es preferible partir sabiendo que somos más bien un despilfarro de frivolidad, egoísmo y gulosidad.

No obstante, se imponen ante la vida y esas cualidades son solo otras de las tantas marcas más que podemos mostrar ante un espejo. Es este sentido, bien esas mujeres (nosotras) son un molde de lo que podríamos llegar a ser, de lo que ya somos o lo que deploramos y de lo que siempre prevalecerá. Es decir, no alcanzar un ideal, sino saber imponerse y pasar la página de la vida.


domingo, 31 de mayo de 2020

Reseña del Libro Los buenos deseos

Los buenos deseos, Yiyun Li


 China fue noticia y lo sigue siendo por ser el lugar de origen de esta nueva enfermedad que nos mantiene, todavía, en casa. Quizá movida por este hecho y por las relaciones perversas del estado venezolano con esa nación, me decidí a sacar el libro de mi biblioteca y decirle que había llegado su tiempo, pero fue una grata sorpresa porque con una pluma amena y que sugiere nos invita a repensar lo parecido que somos los seres humanos. Por eso celebro este libro porque considero que captura la esencia de la literatura: retratar en la ficción todos los matices de la condición humana, pero el más notable es mostrar lo parecidos que somos con nuestros desasosiegos, soledades, alegrías y tristezas así vivamos en diferentes puntos del planeta.

 Hasta los momentos las impresiones han estado exentas de entregar datos sobre el autor, a no ser uno que otro pasaje, pero no me ocupo mucho en ello. Puedo estribar muchas razones, no obstante obedece a un capricho: dejarme llevar por las páginas y no contaminarme por ningún pasaje biográfico, pero con Yiyun Li ocurrió todo lo contrario, quería indagar sobre ella. Con cada cuento me dejaba atrapar más y más. Por tanto es razonable que quisiera conocer algo sobre la autora más allá de que vivió y estudió en Pekín. Finalmente me contuve, seguí leyendo sin contaminación de Google.

Obviando ese comentario prosigo con la impresión de este libro, el cual resultó, de nuevo, una gratísima lectura porque sus personajes me sacaron lágrimas, risas, dolor…una mezcolanza de sentimientos que necesitaba durante estos días en que a veces no siento nada y otras se me desbordan las emociones como una tormenta. Pues bien Los buenos deseos está integrado por diez (10) cuentos con una extensión medianamente larga. Algunos protagonistas resultan personajes con una mirada compleja sobre el mundo porque han vivido entre la paradójica y austera China Comunista y luego ha migrado a la seducción capitalista de los Estados Unidos. De esta manera nos ofrecen dos perspectivas de las tradiciones y costumbres de esta nación oriental sin caer en matices de cuáles prefieren o no, pues simplemente el narrador se encarga de asomar o como expresa un crítico en la contraportada –tampoco me dejo contaminar por esos comentarios, pero esta vez han acertado- sugerir cosas no dichas, entre líneas.

No quiero contar mucho, la verdad solo quisiera darles el libro y que se dediquen a leer, pero eso no tiene sentido, de lo contrario esto no sería un simulacro de reseña –recuerden que le he dado el nombre de Impresión.

Quizá pueda englobar el gran mérito del libro en el hecho de plantear la universalidad de la condición humana aún desde un punto de vista local.  Algunos personajes viven en China, pero tienen una conexión con el mundo occidental. Así en El hijo, un ingeniero informático que pasa las vacaciones con su madre nos puede dar un retrato en primer plano de la vida en Pekín, lucha por demostrarle a su madre que a la iglesia a la que asiste sigue siendo un baluarte de la dictadura comunista. Es como tratar de quitarle la venda de los ojos, pero resulta imposible.

Además el libro ofrece una visión cercana, real y libre de prejuicios sobre el país porque las historias se construyen sobre la base de sus fallas y virtudes; condición de cualquier sujeto de determinada sociedad. Por tanto, no es un retrato chauvinista, sino de un destino que pudo ser el de cualquier nación. 

Por otra parte, el qué dirán, el valor que le otorgan al dinero, un buen partido (una buena esposa o esposo también toman parte en las historias, pero con tonos jocosos, sarcásticos y hasta patéticos porque en el fondo encontramos la desilusión por una nación que se encontró sumida en una profunda bancarrota o la homofobia y los secretos para ocultar a toda costa las preferencias sexuales porque en el libro rojo tales condiciones están censuradas así ocurre en el cuento “Princesa de Nebraska” se sitúa entre dos personajes, Sasha y Boshen quienes migraron a los Estados Unidos, pero mantienen un anclaje emocional con su tierra natal. Hombre y mujer están enamorados de un actor de la ópera de Pekín, desean trasladarlo al país  para librarlo de la homofobia y porque consideran que allí tendrá un futuro promisorio.  Sin embargo, Yang, el talentoso y ególatra actor, le tiene sin cuidado tales intenciones.

Bien podríamos sentir repudio hacia él, pero al igual que sus enamorados caemos ante su hechizo por la belleza y dotes artísticas inusitadas (capacidades histriónicas, baile y cante que lo hacen más un Dios que un mortal), pero sorprende aún más la capacidad de ver la vida, belleza y arte en personajes comunes pertenecientes a la clase obrera, pues al igual que Emma en Madame Bovary necesita de las novelas para tener una mejor existencia, ambos necesitan el arte investido en el cuerpo de Yang para sentir o tener conexión con algo más allá de la cotidianidad.

Mientras que en “De más” una mujer madura recibe el despido anticipado porque la empresa se encuentra en reestructuración interna (realmente está en bancarrota y allí comienza su trajinar para sobrevivir. Se casa con un desahuciado. Cuando este muere, uno de los hijos se apiada de su situación de desamparo y la recomienda para un trabajo  en un colegio. Allí  vivirá por primera vez una fusión entre amor romántico y maternal, –seguro es algo que llega a ocurrir en una mujer que nunca antes había amado y tampoco había tenido hijos- esa dicha pronto se evanece pues los hilos del destino simplemente no se encuentran a su favor y aunque no quiera que este personaje siga sufriendo lo acepté porque así son las leyes del destino. El relato culmina con una final abierto: la abuela sentada a la orilla de una acera aferrada a su fiambrera (regalo de la empresa en bancarrota para excusarse de no haberle dado la pensión que merecía por los largos años de trabajo), viendo a la gente pasar sin atisbar ninguna emoción porque en la China comunista les enseñaron a no quejarse, solo a callar, pero ocurre que en el callar siempre decimos tanto.

Debolsillo, 2010, Barcelona.


jueves, 28 de mayo de 2020

Reseña de la novela Ayer, nosotros, hoy

Reseña de la novela

Ayer, nosotros, hoy...


Historias de amor juvenil hay muchas y seguro esta es una más. Ayer, nosotros, hoy de Carolina Casado nos presenta a Max y Scott, jóvenes a punto de culminar la secundaria que, en apariencia, no están hechos el uno para el otro. El azar y un profesor de Filosofía los hace coincidir, pues deben realizar un informe sobre  mitos griegos, uno de su preferencia. A partir de ese momento Scott luchará por convencer a una abúlica Max, pero los dioses ya habrán lanzado los dados del amor.

Al principio se aborrecen, Scott es el típico niño nerd que solo piensa en culminar a cabalidad las asignaciones. Por suerte, su insistencia rinde frutos y aunque el amor no es lo primero que aflora –tal vez  es la típica modalidad de iniciar como en las  comedias románticas: encuentros inesperados para dar paso a algo más- de esta amistad accidental, poco a poco van descubriendo sus gustos y secretos familiares y el apoyo que cada uno le puede dar al otro.

La estructura está formada por 54 capítulos narrados de forma alterna por Max y Scott. Cuando narra Max finaliza con una carta dirigida al padre ausente desde los 8 años, mientras que Scott cierra con reflexiones y versos libres en relación con el rumbo de su vida entretejida con la cotidianidad.  El espacio de la novela se desarrolla en una Nueva York no tan cosmopolita como podríamos pensar, pero sí cargada de lugares comunes como Brooklyn, Manhattan y Harlem sin dejar a un lado las escapadas al bullicio solitario de algunas zonas escondidas del icónico Central Park. En él la protagonista encuentra paz y recogimiento para seguir mintiendo ante su madre y hermana que todo está bien, aunque realmente se siente avasallada por la culpa.

Durante el desarrollo de la trama y después de varias reuniones donde solo se asoman los nombres de Orfeo y Eurídice –hubiese sido muy valioso inmiscuir algunos datos arquetípicos a la trama- ambos se percatan de que sienten algo más, pero no lo quieren admitir. En ningún momento establecen una relación, muy a la moda de estos tiempos, solo estar por estar, porque se sienten bien y no hay mucho por lo que pensar. Quizá este sería el gancho para muchos jóvenes al leerlos. Verse identificados en el argumentos, pero para alguien que ya pasó la adolescencia hace rato solo ve este móvil como una complacencia del mercado editorial, es mi perspectiva.

Al final de la novela, como es de esperarse, cada quien toma su camino. La consigna aquí es vivir el hoy y en él los sentimientos y el amor profundos son historia de ayer porque es descartable así ciertas personas verdaderamente hayan hecho un cambio en la vida.  Resulta fácil de leer, pero personalmente no convence por este tratamiento del tema amoroso, es como una curita. La usé y me la quité porque ya cumplió su propósito. Entonces, el argumento solo pareciera insistir en que hay que vivir el amor de bachillerato, casi como un requisito, no importa que no siga un molde, pero tienes que sentirlo y ya está. Ahora que lo pienso, debe ser que el amor juvenil y quizá el actual consiste en cambiar como el estado de Whatsapp…es probable que haya sido así siempre. No obstante ahora  es más notorio.


miércoles, 20 de mayo de 2020

Reseña de Yo, Tituba, bruja negra de Salem. Maryse Condé

Yo, Tituba, bruja negra de Salem (1986)


Nosotros los que no vinimos al mundo armados con garrar y colmillos, salimos perdiendo en todos los combates. p.93 

En The Black Horse trabajan dos indios. Tendrías que ver cómo los tratan. Me han contado cómo fueron despojados de sus tierras, cómo los blancos diezmaron sus rebaños, cómo les repartieron “el agua de fuego” que en poco tiempo te lleva a la tumba. ¡Ah, los blancos! P.62

La vida sería un don sólo si cada uno de nosotros pudiera escoger el vientre de la preñez. P. 157 

Me parecía estar desapareciendo totalmente. Sentía que mi nombre solo aparecería como el de una figurante en los juicios contra las brujas de Salem (…)¡Ninguna biografía inspirada y cuidadosa que recreara mi vida y mis tormentos, ninguna! Y esa futura injusticia me indignaba. ¡Era más cruel que la muerte! P. 145

 

Tituba parece una mujer destinada a no ser querida. Llega a este mundo producto de una violación por eso es comprensible que su madre no la quiera, pero ante el reproche momentáneo. El padre adoptivo, un esclavo que corta caña, se transforma de hombre al borde del suicidio a uno cariñoso. Es gracias a este hombre que parece haber renacido, que Tituba logra experimentar una infancia, o al menos parte de, ella feliz.

No obstante, siempre es una fiel testigo del maltrato hacia su raza y del empeño por cruzar la otra orilla para volver al lugar de origen, anhelo constante en estas novelas antillanas por parte de los pueblos africanos.

En cuanto a la estructura de la narración bien puede enmarcarse  en acontecimientos que van de la dicha a la desdicha como eje para dinamizar las acciones. Sin olvidar las cualidades de los protagonistas y los escenarios exóticos en medio de la isla para establecer cierta conexión con lo real maravilloso. Nexo que permite relacionarlo con El reino de este mundo de Alejo Carpentier.

 Si quisiera desglosar a detalle las acciones de la primera y segunda parte en que se encuentra dividida la novela encontraría 5 ejes y todos parte del sufrimiento para abrir paso a que Tituba pueda experimentar un poco de alegría. Por ejemplo de la muerte de su madre, Tituba puede conocer a Mamá Yaya y vivir casi en estado primitivo y salvaje, pero con suma tranquilidad.

 Asimismo, Yo, Tituba, bruja negra de Salem, destaca por el viaje de la protagonista. Con el traslado a tierras americanas inicia la segunda parte de la novela así como otras vivencias marcadas por la intransigencia religiosa, el odio y la supremacía de la raza blanca.

 El barco desembarca en Boston donde transcurre un año. Vive con un acérrimo pastor y su familia. Luego parten a Salem, lugar en el que verdaderamente inicia la tragedia de Tituba por catalogarla una bruja, pero aún así le sacan el mayor provecho. Producto de esto no puedo apartar de mi cabeza la gran hipocresía que fue y sigue siendo el mundo. Los amos la odian, pero saben lo valiosa que resulta. Quizá por una fusión entre el temor y admiración ante las virtudes de esta mujer. En todo caso tal aspecto podría ser propicio para generar otras polémicas.

 

Al margen de lo anterior me permito pensar que Tituba es una suerte  de Odiseo femenino, quien después de diez años de sortear más de un escollo como impedir que se los tragara el mar ya de vuelta a Barbados o soportar los maltratos del capitán aún cuando ha obtenido la libertad.

A diferencia de Odiseo que ha dejado a Telémaco y Penélope, el gran amor de Tituba no fue Jhon Indiano sino la isla con sus plantas, brebajes y aromas. Indiano solo fue el rapto carnal por el que muchas mujeres alguna vez en la vida nos condenamos y aunque ella lo sabe, se dejó enceguecer porque quizá en medio de la senectud es que es posible engendrar otra vida, a propósito esta posibilidad fue reprimida en varias ocasiones para evitarle sufrimientos a esa criatura.

Una vez Tituba se encuentra en Barbados podríamos pensar que ahora sí puede ser verdaderamente ella, pero el deseo por ver a la isla en libertad que se funde con el deseo por un negro cimarrón vuelve a hacerla cambiar de planes y modificarlos a los de los demás. Es así como planea ardides que no salen airosos, pero dotan a la narración de una clara referencia de libertad por este pueblo que quiso revertir los vicios del vasallaje.

Por otra parte, si observamos la novela desde los discursos actuales notamos que Tituba conmueve y quizá no haya mujer que no sienta simpatía por ella al reflexionar sobre la libertad, la igualdad y la posibilidad de elegir aunque se trate de una mujer del siglo XVII donde tales consideraciones se agudizan, pues es una esclava, pero es que quizá muchas mujeres aún lo son en pleno siglo XXI.

El deseo no es otro que ser libre, libre para amar y ser amada, libre para decidir si quiere o no tener hijos y por encima de esto ser, sin equipararse a nadie, solo ser sin pensar en las marcas que nos encadenan y obligan a pensar en mantener el pasado.


Editorial: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2010

Traducción: Ameli Hernández

Número de páginas: 236

 

 


martes, 5 de mayo de 2020

Arlington Park, Rachell Cusk



Reseña de Arlington Park

Ambientada entre paredes suntuosas, decoradas conforme con las últimas tendencias, las casas de Arlington Park destilan lujo, pero sus habitantes  parecen llevar una existencia gris, vacía; sin belleza. Por eso, a raíz de la novela, pongo en tela de juicio una frase tomada del mismo libro con respecto a las familias: “árboles de amor, todas aquellas personas conectadas entre sí y arraigadas a la tierra” (p.261).

Es así como en el desarrollo de las acciones las cuatro familias que nos dejan ver entre sus cortinas ofrecen una versión en la que la maternidad esclaviza, los esposos desdeñan cada centímetro del ser de sus esposas y los hijos a veces, solo a veces, son bultos de desorden que alteran los nervios. En suma, una completa contradicción del arraigo entre las familias.

En esta historia las protagonistas son las mujeres con la descripción meticulosa de sus vidas, al respecto:
 la cocina era como una persona con la que hubiera intentando congeniar sin conseguirlo (…) Todo, las paredes, el techo, los armarios, las puertas y los marcos de las ventanas, estaban pintados del mismo color, como si allí hubiera sucedido algo terrible. (p.223).

 Descripciones cargadas de una especie de repulsión que podría desembocar en vidas insatisfechas como si después de haberse esforzado tanto por escalar la montaña para conseguir –creo que aquí es mucho más conveniente emplear la palabra adquirir- el esposo, la casa, los hijos y los lujos se percatarán de que quizá todo es accesorio porque hasta cierto punto ellas también son el agregado de sus esposos, solo que estos no se la pasan reflexionando y juzgando el momento en el que llegaron a esa estación de su vida.

El hastío de las protagonistas entre sus cocinas y jardines pulcros, pero, en el fondo, callan o estallan moderadamente porque de acuerdo con sus normas de vida siempre hay que mantener las buenas costumbres ya sea en el parque o en medio de una cena y así seguir el monólogo que, desde la perspectiva de la novela, es el matrimonio porque son incapaces de subirse en el tren de una discusión compleja y necesaria sobre temas como: la tolerancia en el mundo, la empatía con el otro (las minorías: extranjeros, pobres, refugiados), o la destrucción de la belleza.

A propósito de este tópico, Benedict, esposo de Juliet, profesora de literatura a la que todos consideraban que en su juventud sería la única capaz de hacer algo verdaderamente resaltante, intenta iniciar una reflexión sobre el tema, pero resulta en vano, pues se convierte en el triste colofón de una cena en la que Cristine por completo alcoholizada se levanta de la mesa para incitarlos a bailar y cuestionar el deprimente circo conyugal en el que ella se siente sumida, pero también todos, en silencio, lo están.

Así que si están buscando una percepción de la sociedad contemporánea ambientada en una barrio residencial de Inglaterra, pero que bien podría ser cualquier sector como El Rosal, La Pedregosa, Alto Barinas, o Pirineos, lean el libro.
Finalizo con el poema y les pregunto, ¿resulta un retrato muy parecido al de estos tiempos que vivimos donde solo parece quedar el asfalto mientras nos quedamos en casa?

Y tal será el fin de Inglaterra,
la sombra, los prados, los senderos,
los concejos, los coros labrados.

Quedarán libros; permanecerá
en  galerías; pero tan sólo nos quedarán
hormigón y neumáticos.

Tal vez es tiempo de dejar de ser mujeres y hombres que solo van tras los bienes y la posesión para de una vez por todas ir por la conversación y la reflexión sobre los temas que  sí hacen que el mundo siga girando.

Con una impresión mucho más desenfadada…

-En una excelente excusa para acercarse a la obra de Virgnia Woolf ¿La razón? Averígüenla ustedes.

-En uno de los pasajes Juliet comenta con el círculo de lectura sobre Cumbres Borrascosas, eso me dio pie a ver la versión cinematográfica. Me refiero a la del año 1992, protagonizada por Juliet Binoche y Ralph Fiennes. Debo comentarles que aunque fue la primera novela que leí, nunca me decidí a ver la película, pero hace unos años vi en un cine foro una versión mucho más reciente, no me gustó del todo la adaptación. Sí celebro de ella la sensación de nostalgia y soledad cuando Heathcliff camina en el páramo.

-Observar por Google Map la localización geográfica de Arlington Park, sus casas, parques, el centro de la vida de la clase media inglesa. Así hacemos un viaje de 180 grados desde casa.

martes, 28 de abril de 2020

Reseña de la novela La costa de los mosquitos



Allie Fox aborrece el estilo de vida norteamericano. De forma abrupta decide trasladarse con su familia, sin ni siquiera preguntarles, hacia los confines del mundo en una aventura donde no habrá vuelta atrás. Gracias a su estrafalaria e hilarante genialidad construye, en medio de la selva hondureña, un súper goloso de refrigeración que llaman “Niño gordo” tan innecesario como superfluo; gran ironía porque si odia el American way of life en todo momento busca comodidades para evitar cualquier indicio de salvajismo, como él le llama.
Este es el planteamiento de la novela La costa de los mosquitos publicada en 1981 para el sello editorial Andanzas y en 1997 para Fábula Tusquets Editores por Paul Theorux conocido por sus libros de viajes, en el especial El gran bazar del ferrocarril. Desde mi perspectiva, el protagonista en la novela se lleva todo el mérito. Más allá del guiño con Robinson Crusoe resulta muy quijotesco porque Allie es un idealista; procura el bien para el mundo, pero detesta sus avances y la civilización que los ha desarrollado.
De allí la ironía, al tener la capacidad de ver lo que está mal en el mundo –desde la óptica de Allie Fox casi todo- y a la par reír a cada instante a costa de los reveses de este hombre que parece un niño caprichoso que siempre quiere ser el centro de atención, comenzando por su familia para quienes es palabra sagrada todo lo que dice. Al respecto su esposa no hace más que alabarlo, su hijo mayor se queda entre embelesado y asustado y sus gemelas lo adoran por cada invención. Al respecto:
Yo no hice esa silla ni fabriqué el masajeador de pies para retirarme con cincuenta mil dólares. Lo hice por el lumbago y el dolor de pies, y, si de paso puedo aliviarle a alguien el dolor, mejor que mejor. Así soy. Pero usted quiere engañar al mercado y hacer oro eso no es hacer negocios eso es robar (…) usted estuvo muy frío con mi heladera. (p.47-48).

Aunque los diálogos directos otorgan mayor verosimilitud a los personajes, la obra está narrada desde la perspectiva de su hijo mayor Charley quien es el testigo de los cambios que poco a poco se van produciendo en su padre hasta convertirse en una aventura, en efecto, comandada por un loco que sin querer ocasiona el declive de su familia: los niños desnutridos y piojosos; en harapos y sin un hogar certero.
Cabe mencionar que durante la lectura me la imaginaba como una película. Luego al indagar sobre una posible producción me encuentro que hubo una versión en 1986 protagonizada por Harrison Ford. Aquí les incluyo el enlace del tráiler  https://www.youtube.com/watch?v=UtW_Y9M8HhE bien valdría la pena echarle un vistazo a ver cuánto queda del estilo del autor.
Volviendo al hartazgo del protagonista por el consumismo exagerado en su país, este aspecto hace que sin darme cuenta los últimos libros leídos guarden similitud. Quizá se debe a que algunas tramas son el resultado de la pugna con el estilo de vida actual. No quiere decir que debe desecharse y dar un giro drástico, pero tiene que ser una razón de peso por la que buena cantidad de tramas  así son el motor de arranque para iniciar una historia. El cambio para Allie fue trasladarse a la selva inhóspita, pero para la civilización tal vez no sea posible un vuelco total y solo quede consolarse entre las páginas construidas desde la ficción. Asimismo, no busqué que guardaran ningún nexo porque quiero que estas lecturas las marque el deleite, pero detrás de esa intención naif se esconde el hecho de entender los síntomas de una época. Al margen de las teorías conspiratorias que pululan como moscas, los autores posiblemente intenten  explicarse –desde la ficción- por qué nos estamos ahogando en este mar de locura, hacía dónde vamos, cuál es nuestro destino porque lo que sí es cierto es que llegamos a los excesos y estos son el terreno para la irracionalidad como la que cobró la vida de Allie.
 
Porta del libro

lunes, 20 de abril de 2020

Reseña de Carpe Diem, Saul Below

Carpe Diem

Cada vez estoy más convencida de un verso y canción de Sabina: “Nacido para perder”. No quiero que se me malinterprete, no se trata de victimizarme (se), pero es que hay personas que se les hace tan difícil alcanzar su sueños y no me vengan con que les ha faltado trabajo. Este es un poco el argumento de Carpe Diem, en el cual su protagonista: Wilhelm al haber vivido cada día como si fuese el último, termina preocupado por una vejez que está a la vuelta de la esquina y encima timado por otro mucho mayor que él deambulando por el bulevard de los sueños rotos…realmente no, pero sí en medio de  calles con mucha similititud: las calles de Nueva York.
Las acciones de la novela transcurren en apenas un día, pero por medio de un narrador omnisciente conocemos muy de cerca  la vida de Wilhelm, de estudiante promedio, actor figurante a trabajador y hombre de familia en bancarrota. Porque su gran preocupación es el dinero, cómo  hacer dinero, qué hacer para tener, pero no poco sino lo suficiente para quitarse a su ex¬-esposa del camino y todas las deudas. Pareciera que en cualquier momento el hombre estuviera a punto de sufrir un ataque cardiaco. Él mismo admite que su vida ha sido un puñado de malas decisiones, pero solo quisiera tener una ayuda, un rescate financiero de parte de su padre, el doctor Adler. No obstante, se niega rotundamente mientras lo único que hace es exteriorizar por medio de un monologo interno todos los defectos de su hijo. 

¿Será que hemos entendido mal esta consigna del Carpe diem? Nos juzgan si somos unos sibaritas, pero nos reprochan, también, el hecho de no poder hacer un alto si se vive trabajando hasta el fin? La clave es el balance, pero ese balance es una gran estratagema. Por eso esta novela parece tan actual aunque se publicó en el 50 del pasado siglo. Esto permite entrever que de forma muy, pero muy lucida el autor ya sabía cuáles iban a ser los grandes problemas de esta oprobiosa modernidad, pero en la que no nos queda otra que aprender a vivir. 

sábado, 18 de abril de 2020

Edén, vida imaginada por Alejandro Rossi


La ficcionalización de la infancia en la literatura venezolana es escasa, pero sus notorios representantes han sabido mostrar el imaginario de vida durante los primeros años (Mariano Picón Salas con Viaje al amanecer, Memoria de mamá blanca por  Teresa de la Parra y Ana Isabel, una niña decente de Antonia Palacios). Un imaginario descrito por una naturaleza acogedora, abundante y bonachona; amigos fieles y padres cariñosos que reguardan el pasado como un bien muy preciado.
Pero una cosa es mostrar el paraíso de los primeros años sin antecedente alguno, es decir, sin interferencias de las reminiscencias del autor –aunque esto no es del todo cierto, pero no es ocasión de polemizar sobre tal asunto-. En todo caso, la variante más común es utilizar las memorias personales para engrandecer un tiempo en el que todo era apacible y con la esperanza de un mundo mejor. Un ejemplo es Margarita Infanta, del escritor margariteño Francisco Suniaga. En ella el cine, la plaza, el patio, el salón fotográfico son los espacios en los que transcurre una familia como cualquier otra de la isla, pero que bien puede referenciar a un país entero.
Dentro de esta categoría tal vez sea posible incluir la novela Edén, vida imaginada del escritor italiano nacionalizado mexicano, pero de madre venezolana y con una estancia durante su niñez en nuestro país. En este obra opera un caso curioso que me permito llamar infancia cosmopolita. Aunque Francisco Massiani haya descrito la clase media juvenil influenciada por una venezolana moderna que deambula entre supermercados, cafeterías y centros comerciales, no había habido ocasión de asomarse a una infancia lujosa con viajes a Europa y al sur del Continente Latinoamericano.
El niño Alessandro, Alexander o Alejandro –tal variedad en la escritura del nombre proviene precisamente de sus estadas y el lugar de origen de los padres- desde muy temprana edad tiene un pasaporte envidiable. Por sus viajes nos conduce con una sonrisa inocente, pero también llena de picardía ante acontecimientos que son un lugar común en las historias de la infancia, pero que no dejan de entretenernos, así somos testigos fieles de la confesión de su amor a la Beatrice que le roba el sueño, la preocupación por aprender y declamar 116 versos y así ganarle al sabihondo de la clase y las miradas entre inocentes, escrutadoras e impúdicas a su madre, tías y primas mientras se desnudan sin percatarse del infante.
En suma, Rossi ofrece un retrato de la infancia aderezado por  lujos, celebraciones y viajes de una clase privilegiada. No todos nos podemos jactar de haber tenido un padrino diplomático en Europa y que en ocasión del nacimiento del ahijado comprará estatuas de mármol de Carrara para adornar la casa, una finca rural alejada de Caracas.
La vida de un reducido sector: la clase alta venezolana de la segunda mitad del siglo XX.
 Un pasado privilegiado y pretencioso no puede guardar mucha relación con la niñez de la mayoría. No obstante, la forma de rescatar esas memorias así como los episodios narrados bajo el cristal de la inocencia hace que mucho  se sientan identificados.
La mayor satisfacción de haber leído este libro es la capacidad de poder trasladarme a mi infancia, a esos momentos de dicha jugando en el patio con mis primos en una ya muy lejana Barinas y Mérida. Sin duda, la memoria puede ser un agobio, pero si sabemos qué rescatar siempre será una herramienta beneficiosa y de escape para situaciones de agobio.

jueves, 16 de abril de 2020

Leonora


Poniatowska, E. (2011). Leonora. Editorial Seix Barral: Barcelona

No suele ser común, pero a veces nos sucede. A decir verdad escasean estas ocasiones, pero cuando llegan sentimos que vale la pena, realmente vale. Este libro lo leí entre noviembre y diciembre de 2019. Me hubiese encantado que la lectura hubiese sido de un tirón. Todo lo contrario fue lenta, de a sorbos. No obstante, creo que así la disfruté mucho más y volví a sentir un reconocimiento entre algunos pasajes del libro y mi vida, aspecto que para mí era imprescindible cuando me inicié en el mundo de los libros. Por eso expresé al inicio del párrafo que sentimos que es muy poco frecuente.

Se trata Leonora, una suerte de excelente novela biográfica publicada en el año 2011 (3 edición) por Elena Poniatowska. Hace años, cuando fue nominada para el premio Nobel intenté leerla, – escogí para ese momento La piel del cielo-   fue imposible pasar de las 30 páginas. La dejé a un lado para cuando tuviera madurez o simplemente la obra llegará de nuevo a mí.
Ahora bien, ¿de qué va Leonora? Cuenta la vida apasionada que muchas mujeres desearíamos tener y quizá la lleguemos a tener solo que no nos percatamos de esto hasta ya bastante tarde. El libro está compuesto por 56 capítulos, pero al terminarlo, preferí establecer 5 apartados sobre los que  puede reunir tan singular vida.  
La primera abarca su infancia y adolescencia, la segunda su viaje de estudios artísticos a París en contra del padre y costeados por su madre. La tercera el loco y apasionado amor con Max Ernst entre la capital parisina y la campiña francesa en pleno estallido de II Guerra Mundial. En la cuarta vivimos los episodios en los que escapa de Francia con ayuda de una amiga y es recluida en un horrendo psiquiátrico, razón que marcará un antes y después. La quinta y última parte se sitúa en España, los amoríos con el mexicano para después partir a Nueva York, casarse y así girar el timón a México donde fijará residencia hasta el ocaso de su vida, contraerá segundas nupcias, tendrá sus hijos y será muy prolífica en su actividad creativa (escultora, pintora, escritora).
Al terminar de escribir el párrafo y hacer la lectura noto que tal vez la vida no fue tan excepcional. No se debe a las acciones del libro, sino a mi forma de sintetizarles el libro, en suma, mi  desabrido recuento, pero necesarísimo.
Ahora bien, lo que sí es determinante en esta obra es la pasión que destila –precisamente eso es lo que le falta a mi escueta reseña: pasión- Pasión por como son narrados los episodios y pasión de vida corporeizada en la Carrington. No podía ser para menos en una mujer que se codeó con los surrealistas, conoció desde muy pequeña las claves del buen vivir, y amó, amó apasionadamente hasta el punto de que pueda establecer una geografía del amor: primero en Inglaterra y su amor por los caballos (reconocimiento de la identidad animal que deja entrever su lado independiente y salvaje). Luego en París y su amor por el arte hasta sucumbir a los terrenos del amor carnal, del amor ciego hacia el excéntrico, seductor e irreverente artista alemán. El amor como refugio y salvación con el diplomático mexicano y el amor que crea vida con el polaco también en México. Finalmente, el amor a los hijos: concreción de todos los amores y más. Entre Europa y el nuevo continente se hilvana esta ars de vida que para intenta mostrar todo lo que es posible hacer como ser humano en virtud de estar aquí plenamente.
Admirable por su visión de artista, pero mucho más al haber sabido reponerse ante las vicisitudes de la vida…nada fácil tuvo que haber sido estar en un sanatorio y aún así se deslastrarse definitivamente de la figura paterna –aunque ella misma haya reconocido que muy en el fondo tuvo pudo haberse debido a vivir huyendo del padre- Fijémonos que está presente un padre castrador así ella haya sido mujer. Una mujer que bien se puede liar, en parte, con Diana cazadora; libre, independiente…indómita y sobre todo capaz de ir en contra de todos los cánones de la sociedad.
Era muy fácil haber sido sumisa y quedarse en casa, dejar que le escogieran el mejor pretendiente mientras pintaba “cuadritos” para el entorno, pero hizo todo lo contrario porque el reclusorio mental habría sido de por vida y pudiera haber muerto sin ni siquiera tener “un cuarto propio”. Una de las premisas que le confiesa ya en la última etapa de su vida a uno de sus hijos. Toda mujer debería preocuparse por tener, al menos un cuarto propio. No es otra cosa, tal y como ya lo había dicho Virginia Wolf, junto con ser independiente económicamente hablando, procurar tener una voz.
Fue en contra de la educación sentimental establecida para la época para dejar una lección de vida a todas las mujeres. Hoy cuando parece haber un despertar en la lucha por los derechos de mujer, leer esta novela nos hace consciente de tantísimos aspectos, pero de uno particular, posiblemente no se trata de gritar, de hacer ruido para conseguir la anhelada independencia, sino de trabajar en lo que realmente se desea, así no esté bien para muchos.
En pocas palabras, levantar la voz en silencio así para muchos sea una verdadera contrariedad porque en el silencio los pasos cobran más fuerza.