miércoles, 16 de agosto de 2023

Impresión sobre Seda, (1997), Alessandro Baricco

 

Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca. (p.102). 

Puesto que la desesperación era un exceso que no le pertenecía, se volvió hacia lo que había quedado de su vida y empezó de nuevo a ocuparse de ello, junto con la inquebrantable tenacidad de un jardinero en su trabajo la mañana siguiente a una tempestad. (p.119).

 

 

125 páginas.

 

Los viajes pueden resultar sumamente fáciles y hasta necesarios para aquellas personas con espíritu de aventura. Todo lo contrario para los que son sedentarios y asiduos a las rutinas. Hervé Joncour pertenece al segundo tipo de personas. Según lo narrado al principio de la novela había salido muy pocas veces de Francia y mucho más luego de asentarse Lavilledieu. Pues de eso trata esta historia: el viaje de Hervé Joncour en la búsqueda de los mejores huevos de gusanos de seda en Japón.

 

Debido a que el tiempo de la historia transcurre en lo que parece mediados del siglo XIX, no encontraremos grandes artificios o innovaciones tecnológicas por lo que trasladarse desde Europa hasta Japón suponía un viaje largo, tedioso y en ocasiones lleno de hastío. Presumo que esta es la razón por lo que el narrador no se detiene a elaborar detalladas descripciones sobre los lugares, aunque bien pudo hacerlo. Otra hipótesis plausible es que no se trata de un libro de viajes o bitácora de rutas.

 

Entonces, son dos los motivos del desplazamiento de Joncuor, además del viaje -la verdad es que el ni siquiera sabe con lo que se encontraría y cómo cambiará el rumbo de sus sentimientos. El primero es la posibilidad de otorgarle a la narración, específicamente al estilo, las características de la seda: suave, casi imperceptible sobre la piel y liviana y con brillo, pero sin el empleo de artificios, frases rimbombantes o figuras literarias recargadas. Esa liviandad es la que nos transmiten las palabras empleadas con sumo cuidado y sin exceso. Presenciamos todos lo viajes del protagonista durante muchos años. La evolución de la villa gracias al prospero negocio de la seda. El amor incondicional de Hélène, esposa del protagonista y la intriga por descifrar el contenido de una carta misteriosa.



También se narra con extremada sencillez, pero con suficiente firmeza para mantener en vilo al lector sobre la enfermedad de los huevos de los gusanos y como se trunca el viaje y estancia en Japón producto al estallido de la guerra.

La segunda es la nostalgia por parte de los dos protagonistas: Hervé y Hélène. Por parte de él, al sentir, tal vez por primera vez, la curiosidad hacia el amor carnal, erótico al encontrar en el fin del mundo unos ojos que no tienen la fisonomía de los nipones, pero siente que lo turba y sofoca (otro guiño a las cualidades de la seda) hasta el punto de no resistirse a sucumbir en un sentimiento que no llega a corporeizarse o tal vez sí por el roce con la seda.

De parte de Hélène, al padecer en silencio la espera y ansias de retorno de su esposo. Ocho meses transcurre en soledad, pero, al igual que Penélope, espera con fervor y esperanza a su amado. El final es completamente inesperado y por esto es hermoso, misterioso e imposible con el amor mismo. No quiero adelantarles nada más. Solo insistir, a través de esta escueta impresión, en  la belleza de este libro.

Impresión sobre el libro No soy un gánster, soy un promotor de lectura


No soy un gánster, soy un promotor de lectura

157 páginas

¿Cómo ser un promotor de lectura en Colombia? Ampliemos el foco, ¿cómo serlo en uno de los barrios o, como les denominan en el país, comunas más peligrosas de Medellín, Antioquia? La primera pregunta puede parecer absurda, pero no olvidemos que Colombia ya tiene mas de cinco  décadas viviendo en medio de un conflicto armado con muchos reveses y complicaciones que aquí no vienen al caso. Por tanto, la violencia, característica de las zonas desfavorecidas de cualquier país, se acentúa en un territorio inmerso en una guerra de nunca acabar.

Es precisamente ese conflicto el que ha marcado la vida de esta suerte de crónica de un promotor o como lo sentí mientras leía: rapsoda latinoamericano.  La muerte por causa de la guerra le salpica muy, muy de cerca. Sus amigos y familiares cercanos fueron víctimas de la violencia ocasionada por grupos armados y delincuencia organizada que asoló las calles de Medellín entre los años ochenta y principios de los noventa del siglo pasado.  

A pesar de esta nota pesarosa, no desiste por  descarriarse del foco principal del libro: cómo ser un promotor de lectura y no caer en la tentación de ser un gánster. Tarea complicada porque al nacer pobre y con pocas perspectivas de futuro por el contexto que te rodea, es fácil sucumbir por el camino oprobioso. No obstante, ese no es el caso de nuestro héroe de las letras. Disculpen los elogios, pero es que para alguien que está familiarizada con este autor desde hace más de quince años, resultó ser de gran alegría encontrarme este libro en los anaqueles y ¡Oh, sorpresa, Es Luis Bernardo Yepes Osorio!

Me dirán loca porque es un escritor poco conocido, a no ser que hayas estudiado algo sobre promoción de lectura y escritura, quizá nunca llegues a enterarte sobre su existencia. No es que sea negativa, es que ya sabemos los escasos índices de lectura de nuestro continente.

En fin, retorno de mis digresiones, el libro está compuesto por ocho capítulos en los que hilvana la razón de ser de su vida: la promoción de la lectura y, como ya lo dije arriba, una suerte de crónica biográfica (no se si puedan caber ambas, es decir, ambos géneros dentro de una sola trama textual). En todo caso, agradezcamos que esto no va para la academia (tampoco lo aceptarían). Pero lo cierto es que entre aspectos biográficos como: “Soy hijo de un padre ebanista amante de la lectura que atrapaba en su telaraña de encanto a cuanto vendedor de libros pasaba por su lado”. (p.25).

Y partes del libro que bien pudiera semejarse a una crónica:

Hemos tenido que luchar mucho para ver lo que vemos, para no aceptar la cotidianidad de la guerra, pero no la hemos acabado, sin embargo se esta creando un equipamiento urbano y rural para intentar acabarla con ese instrumento que se llama lectura y que mientras tanto cree entretener. (p.77).

 

 

A través de las citas anteriores nos ratifica que todo su universo son los libros y cómo con ellos podemos hacer un mundo, en su caso, una Colombia mejor. Mejor en el sentido de ciudadanos correctos, educados, corteses y con amplio valor hacia las artes y todo su contenido estético para ser capaz de conmover la conciencia de las masas.

 Un aspecto adicional, por el que es muy acertado leerlo, son las inclusiones de versos para narrar el asesinato de su amigo a lo largo de los ocho capítulos. Ya dije que la muerte lo roza muy de cerca y es esta en particular la que logró, tal vez, transformar la tristeza en poesía, como una suerte de aedo moderno latinoamericano que se niega a dejarse llevar por el cielo gris que, al parecer, marca la pauta de nuestros países de Suramérica. Así se aprecia en el terceto:

 

En mi paso por el sueno

Construyo el mundo a mi imagen y semejanza.

Cuando despierto lo encuentro derrumbado. (p.67).

 

Para lo que sean o no promotores de lectura es muy merecido sumergirse en sus páginas. Seguro cualquier individuo disfrutará, pero también entenderá el terror de algunos poderosos por la literatura, los libros y la lectura. Y fíjense que escribí literatura 😊… por qué será.