No soy un gánster, soy un promotor de
lectura
157 páginas
¿Cómo ser un promotor de lectura en Colombia?
Ampliemos el foco, ¿cómo serlo en uno de los barrios o, como les
denominan en el país, comunas más peligrosas de Medellín, Antioquia? La primera
pregunta puede parecer absurda, pero no olvidemos que Colombia ya tiene mas de
cinco décadas viviendo en medio de
un conflicto armado con muchos reveses y complicaciones que aquí no vienen al
caso. Por tanto, la violencia, característica de las zonas desfavorecidas de
cualquier país, se acentúa en un territorio inmerso en una guerra de nunca acabar.
Es precisamente ese conflicto el que ha marcado la
vida de esta suerte de crónica de un promotor o como lo sentí mientras leía:
rapsoda latinoamericano. La muerte por causa
de la guerra le salpica muy, muy de cerca. Sus amigos y familiares cercanos fueron
víctimas de la violencia ocasionada por grupos armados y delincuencia organizada
que asoló las calles de Medellín entre los años ochenta y principios de los noventa
del siglo pasado.
A pesar de esta nota pesarosa, no desiste por descarriarse del foco principal del libro: cómo ser un promotor de
lectura y no caer en la tentación de ser un gánster. Tarea complicada porque al
nacer pobre y con pocas perspectivas de futuro por el contexto que te rodea, es
fácil sucumbir por el camino oprobioso. No obstante, ese no es el caso de
nuestro héroe de las letras. Disculpen los elogios, pero es que para alguien que
está familiarizada con este autor desde hace más de quince años, resultó ser de
gran alegría encontrarme este libro en los anaqueles y ¡Oh, sorpresa, Es Luis
Bernardo Yepes Osorio!
Me dirán loca porque es un escritor poco conocido,
a no ser que hayas estudiado algo sobre promoción de lectura y escritura, quizá
nunca llegues a enterarte sobre su existencia. No es que sea negativa, es que
ya sabemos los escasos índices de lectura de nuestro continente.
En fin, retorno de mis digresiones, el libro está
compuesto por ocho capítulos en los que hilvana la razón de ser de su vida: la promoción
de la lectura y, como ya lo dije arriba, una suerte de crónica biográfica (no
se si puedan caber ambas, es decir, ambos géneros dentro de una sola trama textual).
En todo caso, agradezcamos que esto no va para la academia (tampoco lo aceptarían).
Pero lo cierto es que entre aspectos biográficos como: “Soy hijo de un padre
ebanista amante de la lectura que atrapaba en su telaraña de encanto a cuanto
vendedor de libros pasaba por su lado”. (p.25).
Y partes del libro que bien pudiera semejarse a una crónica:
Hemos tenido que luchar mucho
para ver lo que vemos, para no aceptar la cotidianidad de la guerra, pero no la
hemos acabado, sin embargo se esta creando un equipamiento urbano y rural para intentar
acabarla con ese instrumento que se llama lectura y que mientras tanto cree
entretener. (p.77).
A través de las citas
anteriores nos ratifica que todo su universo son los libros y cómo con
ellos podemos hacer un mundo, en su caso, una Colombia mejor. Mejor en el
sentido de ciudadanos correctos, educados, corteses y con amplio valor hacia
las artes y todo su contenido estético para ser capaz de conmover la conciencia
de las masas.
Un aspecto adicional, por el que es muy acertado leerlo, son las inclusiones de versos para narrar el asesinato de su amigo a lo largo de los ocho capítulos. Ya dije que la muerte lo roza muy de cerca y es esta en particular la que logró, tal vez, transformar la tristeza en poesía, como una suerte de aedo moderno latinoamericano que se niega a dejarse llevar por el cielo gris que, al parecer, marca la pauta de nuestros países de Suramérica. Así se aprecia en el terceto:
En mi paso por
el sueno
Construyo el
mundo a mi imagen y semejanza.
Cuando despierto
lo encuentro derrumbado. (p.67).
Para lo que sean o no promotores de lectura es muy merecido sumergirse en sus páginas. Seguro cualquier
individuo disfrutará, pero también entenderá el terror de algunos poderosos por
la literatura, los libros y la lectura. Y fíjense que escribí literatura 😊… por qué será.

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