Manuel Vicent
A
200 páginas
Manuel,
algún día escribirás libros, imaginarás historias de amor, viajarás a países
lejanos, conocerás grandes personajes, a mujeres hermosas, vivirás aventuras (…)
y tú mismo podrás volar en una alfombra mágica sin salir de tu habitación. p.
82
Después de
todo escribir ya es una odisea. ¿Has realizado alguna heroicidad en este
oficio?
-Deja que
piense. No sé. No recuerdo ninguna. p.161
Me sabía
de memoria todos los recovecos de las dos trincheras enemigas y de aquellas
batidas conservo todavía una cápsula de bala que he plantado en un anaque de la
biblioteca guardando el lomo el lomo de un libro de Keats. p.55
Algunas
veces también trataba de traspasar las puertas de la percepción como Aldous
Huxley y me fumaba marihuana antes de visitar el museo del Prado buscando una
luz interior que me permitiera verles las entrañas a las figuras de los
cuadros.p.33
¿Qué
hacer en medio de un verano silencioso?, ¿reflexionar, sentarse a ver el
atardecer en compañía de un vaso de whisky, ver series de Netflix, preparar
recetas saludables o cargadas de azúcar? Todas son opciones tentadoras y
viables, pero algunos optan por hacer un viaje por los recuerdos de la infancia
y adolescencia, aquellos que marcaron etapas inolvidables como las excursiones
al campo, el primer amor, los amigos y esa casa enigmática donde el deseo por convertirse
en escritor fue tangible…sin dejar de estar acompañado por el atardecer y el
vaso de whisky J
De esto va esta historia, beber del Leteo para embarcarse en la buena memoria. En la que nos deja con ganas de seguir mirando al pasado para construir el presente, solo el presente sin presagios de futuros que obnubilen el horizonte.
En
esa reconstrucción de la memoria Manuel Vicent entrega dosis autobiográficas
como hacer una descripción de la casa paterna: los primeros años en Villavieja,
los bandos confrontados durante la guerra así como las penurias y abundancias
durante esta etapa. Y como no es una novela en el sentido de crear desde cero
personaje y situaciones, sino la estampa de algunas memorias que desfilan mientras
pasa una vacaciones también introduce algunas referencias a otras novelas como Tranvía a la Malvarrosa[1]
y puede que a otras –algo me lo dice por
el tono de este libro, pero que prefiero no asegurar porque es el primer libro que
leo de este autor-.
A propósito de este encuentro me arrepiento de que haya sido hasta tan tarde porque son estas las historias que me conmueven: las del viaje a nuestros recovecos porque nos hacen sentir que cualquiera tiene una historia que contar, pues los recuerdos parecieran ser las huellas digitales de nuestra conciencia y es que la memoria es cosa seria, a veces muy fiel otras muy inventora, muy adaptable a nuestras anchas, a nuestros deseos, pero al fin y al cabo con la capacidad de conmover.
Si
quieres hacer un viaje a las memorias de otro que pueden tener coincidencias
con las tuyas, te invito a buscar Verás
el cielo abierto además harás un paseo por referentes a lecturas y autores,
cuadros y música y películas…no te lo voy a contar porque en el viaje de la
lectura el protagonista eres tú.
[1] También es el título de la película estrenada en 1997 y basada en la novela. En Verás el cielo abierto cuenta que se paseó en alguna ocasión durante la filmación movido por la curiosidad de desentrañar si la Marisa de la película era más bella que la del libro.
lfaguara, 2005