Leer el Caribe desde la
negación. La ausencia del origen como
resultado que lo configura hoy. Posando la mirada hacia el viejo continente.
Ese, al parecer, lleno de sabiduría; habla
y, sin saber, hostiga a renunciar a lo que se es. ¿O será lo contrario? Porque
hablar del Caribe es ingresar a una madeja de significaciones que parecieran
atarse cada vez más conforme se logra desatar un nudo. El Caribe es múltiple.
Nos topamos con el Caribe de los ingleses,
franceses, holandeses, españoles y, sí, aún quedan rastros, el Caribe
originario. Entonces, ¿cómo leer el Caribe? Con la mirada atenta y sin negar la
idea del otro. Sin considerar superior una verdad sobre la otra.
Solo aceptando el destino que nos trajo hasta el hoy.
En este sentido, se nos
ofrecerán diversidad de miradas. Una de ellas, es la propuesta del ganador del
premio Nobel en el año 2001, V.S. Naipaul con El sanador místico, publicado en 1957. La novela leída forma parte de la la segunda edición de la Editorial Debolsillo
en 2005. El libro, compuesto por doce capítulos, captura desde la primera
página porque desde la ironía sobre el proceso de formación de un escritor en
ciernes –Ganesh Ramsumair, desarrolla toda una red de significación para entender
el proceso de transculturación de las islas caribeñas, así como las dinámicas
cotidianas de los hindúes asentados en
la isla.
Ganesh, personaje
principal, anhela ser escritor, pero más que perseguir la sabiduría de las
letras, lo seduce un fetiche; el del escritor que se vanagloria, disfruta de
sus éxitos, compra todo lo que pueda estar a su alcance. Uno de ellos, consiste en adquirir el disfraz
del otro, él que no está al margen como él, sino que es reconocido y goza de
todos los beneficios de un ciudadano británico. En este sentido, hay cabida
para considerar al personaje que se
debate en dos entidades: el escritor y el ser social. Nunca fue realmente un
escritor, sino un ser social que vive a la conveniencia. A la conveniencia de
granjearse una carrera como escritor, ocupar un puesto político y ser respetado
como místico y sanador porque así pueden destacarse ciertos personajes en la
cultura hindú. Para, por último, ascender al escalafón de caballero de la Orden
del Imperio Británico.
De lo contrario, Ganesh,
recién egresado de la carrera de Letras, bien pudo mantenerse en el oficio. Pero
el narrador, testigo, admirador y juez ecuánime sentencia:
A Ganesh le dieron la clase de
Miller, la de apoyo (…) Era una especie de zona de descanso para los retrasados
mentales (…) Ganesh probó con todo lo que le habían enseñado en la escuela de
formación, pero los chicos no respondían bien. (…) Ganesh dejó de intentar enseñar a los chicos y se conformó con
consignar la mejora semanal en el cuaderno de notas. Según ese cuaderno, los
alumnos de la clase de apoyo avanzaban desde el teorema número uno al número
dos en sucesivas semanas, y después llegaban, sin dificultad, al teorema número
tres. (p.23)
No quiero decir con esto
que hubiese apreciado a un personaje mártir y sacrificado. Simplemente Ganesh
Ramsumair, se deja llevar. Es astuto, aspira más, pero el engrandecimiento a
costa de poco esfuerzo. Más aún, ya
adquirida una buena reputación como “sanador” prefiere no mantenerse allí y de
esta manera, quizás, evitar obrar en
beneficio de la comunidad hindú que lo reconoce como curandero, místico y por
tanto, sabio.
En este sentido, Ganesh es
el hombre pícaro y disimulado que con su acciones pareciera mostrar un
microcosmos de la cultura hindú retenido en el Caribe. Pero no sólo eso –ya se
dijo arriba- la aceptación como ciudadano inglés. Por ello bien expresa el
narrador que Ganesh es simplemente un sujeto conducido por las situaciones
sociales e históricas propias del momento.
Porque si hubiese sido un joven recién egresado de la formación de
bachillerato, a la llegada de los estadounidenses a la isla, su destino, como el de cientos de indios en
las islas del Caribe, hubiese sido recibir una formación occidental en alguna universidad
del norte. Convertirse en médico, ingeniero o administrador. De allí que sea bien válido expresar que estos
seres caribeños parecieran víctimas y vasallos de la historia. Se embarcan en
una vida propia, indudablemente, pero que se cuestiona por las múltiples marcas
del pasado del que propenden.
Entonces, Ganesh, en su
primer momento no quiere ser escritor, ni tener una biblioteca para leer,
conocer y ser. Sino como medio para ingresar a la cultura occidental, ser
aceptado como occidental. Por eso, Leela –su mujer- sirve Coca-cola en vasos de
cristal. Porque de esa forma, sí se validan como individuos del mundo moderno y
occidental. No de esa isla atrasada, estancada. Ni mucho menos de la lejana
India, incomprendida y solera.
Para finalizar, es
propicio expresar que el libro atrae por muchas otras razones como esa relación
entre Ganesh escritor y el escritor que lo concibe V.S. Naipaul –hasta aquí
vale hacer un paréntesis sobre el arsenal de libros cuyo motivo circunda en la
formación y transformación del hombre a escritor-. Pareciera mofarse, en su
ópera prima, de lo que podría llegar a
convertirse como ente transculturado. Pero este es mi dictamen, busquen el
libro y opinen ustedes.
