lunes, 10 de abril de 2023

Comentario de LLuvia, (2006). Victoria de Stefano

 


Lluvia, (2004). Victoria de Stefano


¿Cómo es la rutina de un escritor? Digo la rutina propia del oficio y la rutina del día a día, esa que está pendiente del café, de abrirle al jardinero, de visitar a los amigos, de caminar por las calles aledañas a la casa y escuchar la bullaranga de los muchachos. A esas dos modalidades podemos acercarnos con Lluvia, (2006). Sentarse en el escritorio, a esperar que se disipe tanta mundanidad dispuesta a continuar porque las palabras esperan y permitan que, similar a una lluvia torrencial, broten ideas bien hilvanadas para culminar el capítulo y así darle forma a la novela.

No obstante, procrastinar también es de escritores y esperando a la musa disciplinada se sumerge en un autor, otro y otro más. Al respecto, mientras lee a Coleridge en Biografía literaria para Wordsworth la facultad suprema del espíritu  estaba en crear asociaciones (p.102).

De esta manera, y muy personalmente, el departir entre su vida rutinaria, y la creación artística es la forma de crear esas asociaciones, como el narrador mismo lo dice en el párrafo siguiente mientras José poda el níspero: “la curiosidad del escritor puede ser impertinente, me cuido de que la mía no sea demasiado voraz haciendo como si estuviera ahí para gozar del aire libre” (p.102).

Entonces a unos nos puede parecer que esa curiosidad ciertamente es muy impertinente por sus disquisiciones entre una lectura y otra. A contrapunto de otros, a los  que puede deleitarnos porque satisface la curiosidad de saber qué lee, quiénes son los autores, ¿será que esa terreno ficcional es el mismo de la realidad? Así como cuando éramos niños y pensábamos desde nuestro ser más íntimo que las hadas y las criaturas míticas sí existen…aún.

En concreto, las entradas del diario para entrever sus lecturas es un gran logro, así lo percibo porque perderse entre las ideas de otros para llegar a alcanzar una mucho más nítida, diáfana, tal vez es una gran estrategia.  Aunque las imágenes no lleguen; o se escapen y nosotros lamentamos esa perdida de la concreción del rumbo de las palabras y a la vez adoramos esa dispersión entre ideas sublimes que a veces alimentan nuestro ser y otras nos dejan un gran signo de interrogación en la cabeza.  

Las líneas anteriores son mis ideas sobre Lluvia. La leí por segunda vez de a poquito porque a veces me costaba desconectarme de mi realidad. De la primera no recuerdo nada, pero celebro, celebro mucho que con esta segunda lectura pude lanzar un hilo invisible a Emily Dickinson (no la nombraron, pero yo la relacioné con fervor), y a Virginia Wolf a quienes todavía me falta por leer la mayoría de sus obras. Lo cierto es que fue esos nombres los que asocié y quise moverme a leer.

No leí Paleografías y eso que la tengo desde hace muchos años. Considero que aún no me ha llegado el tiempo para estar con ella. Sí recordé Pedir demasiado, (2004) publicada por la Fundación Bigott, otra novela de Victoria que más o menos va sobre el duelo por la perdida del prometido y la empatía del padre por acompañar en el duelo a su hija.

2 comentarios:

  1. Excelente reseña, Vanessa, asociaste la lectura de Lluvia y a la autora con Emily Dickinson ¿ por alguna razón en especial?

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    1. Sí, por la escritura a modo diario. Como dice la señora Alicia Jiménez: una prosa poética que me decía que revisará/hojeará a Emily. Sé que esto es muy escueto, pero es lo que me sucedía. Emily aparecía y desaparecía entre mis lecturas.

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