Una adolescente de trece años junto con un grupo peculiar de mujeres dan vida a esta novela. Se trazan el propósito de formar un grupo de vallenato, pero antes de enrrumbar sus vidas en plazas y ferias de pueblos desconocidos el narrador nos entrega fragmentos de cómo llegaron desde Colombia a un pueblo con aires de Macondo en Venezuela demostrando las similitudes que nos unen.
Este pueblo nace de la ficción, pero con claras referencias con la realidad. Liduvina y Araceli ayudan en la casa, mujeres o muchachas de servicios les llaman en gran parte del país. Nos entregan su historia de huida de Colombia hacia la tierra prometida que fue Venezuela entre la década de los ochenta y noventa.
No obstante, ese cruce de la frontera tiene mucha similitud al cruce oprobioso que hoy hacen los venezolanos hacia Colombia, así se evidencia al principio de la novela, sobre el camino de Liduvina:
El paso por la frontera. Piernas hinchadas, piel agrietada, mosquitos, hierbas venenosas, sudor que arde (...) guardia nacional, miedo, miedo en la boca, miedo en la espalda, noche, noche, noche de mochuelos, chillido de ave ciega, paso de muerte . Trocha. (p.11).
De esta manera, aunque fue escrito en el 2008 cuando parecía existir una tranquilidad o espejismo económico en el país que tuvo sus referentes en la tierra de oportunidades que fue la Venezuela Saudita, la lectura de la novela hoy cobra relevancia por la movilidad de los colombianos hacia Venezuela. En la actualidad la movilidad es a la inversa.
En San Fidel de Apón convergen hombres y mujeres (oriundos y foráneos) buenos, malos amantes que conducen las acciones para mostrar que, independientemente del origen, el deseo, lo erótico y el mal o buen querer es un condición profundamente humana donde el cuerpo dependiendo del amante puede ser un medio para sentir con plenitud o solo es un arma, objeto o receptaculo para la procreación y el arrebato del momento.
Por lo que las artes amatorias integra el hecho de aprender y ser mujeres. Entender de dolores y sufrimientos con el aborto de un hijo o la llegada de la menstruación, al respecto la protagonista expresa que amó la menstruación desde el primer momento. Tal vez porque con ella inicia un ciclo completamente nuevo para las mujeres que más que repudiar debe ser entendido y bien recibido. Sobre los hombres cabe expresar que en la novela parecieran estar de más, pues solo preñan, manosean y son víctimas de sus arrebatos por eyacular sin darle placer a la amada. Quizá por eso estas mujeres se reúnen bajo las frescura del patio para ensayar letras de amores perdidos y sentirse plenas siendo nada más que mujeres.

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