domingo, 31 de mayo de 2020

Reseña del Libro Los buenos deseos

Los buenos deseos, Yiyun Li


 China fue noticia y lo sigue siendo por ser el lugar de origen de esta nueva enfermedad que nos mantiene, todavía, en casa. Quizá movida por este hecho y por las relaciones perversas del estado venezolano con esa nación, me decidí a sacar el libro de mi biblioteca y decirle que había llegado su tiempo, pero fue una grata sorpresa porque con una pluma amena y que sugiere nos invita a repensar lo parecido que somos los seres humanos. Por eso celebro este libro porque considero que captura la esencia de la literatura: retratar en la ficción todos los matices de la condición humana, pero el más notable es mostrar lo parecidos que somos con nuestros desasosiegos, soledades, alegrías y tristezas así vivamos en diferentes puntos del planeta.

 Hasta los momentos las impresiones han estado exentas de entregar datos sobre el autor, a no ser uno que otro pasaje, pero no me ocupo mucho en ello. Puedo estribar muchas razones, no obstante obedece a un capricho: dejarme llevar por las páginas y no contaminarme por ningún pasaje biográfico, pero con Yiyun Li ocurrió todo lo contrario, quería indagar sobre ella. Con cada cuento me dejaba atrapar más y más. Por tanto es razonable que quisiera conocer algo sobre la autora más allá de que vivió y estudió en Pekín. Finalmente me contuve, seguí leyendo sin contaminación de Google.

Obviando ese comentario prosigo con la impresión de este libro, el cual resultó, de nuevo, una gratísima lectura porque sus personajes me sacaron lágrimas, risas, dolor…una mezcolanza de sentimientos que necesitaba durante estos días en que a veces no siento nada y otras se me desbordan las emociones como una tormenta. Pues bien Los buenos deseos está integrado por diez (10) cuentos con una extensión medianamente larga. Algunos protagonistas resultan personajes con una mirada compleja sobre el mundo porque han vivido entre la paradójica y austera China Comunista y luego ha migrado a la seducción capitalista de los Estados Unidos. De esta manera nos ofrecen dos perspectivas de las tradiciones y costumbres de esta nación oriental sin caer en matices de cuáles prefieren o no, pues simplemente el narrador se encarga de asomar o como expresa un crítico en la contraportada –tampoco me dejo contaminar por esos comentarios, pero esta vez han acertado- sugerir cosas no dichas, entre líneas.

No quiero contar mucho, la verdad solo quisiera darles el libro y que se dediquen a leer, pero eso no tiene sentido, de lo contrario esto no sería un simulacro de reseña –recuerden que le he dado el nombre de Impresión.

Quizá pueda englobar el gran mérito del libro en el hecho de plantear la universalidad de la condición humana aún desde un punto de vista local.  Algunos personajes viven en China, pero tienen una conexión con el mundo occidental. Así en El hijo, un ingeniero informático que pasa las vacaciones con su madre nos puede dar un retrato en primer plano de la vida en Pekín, lucha por demostrarle a su madre que a la iglesia a la que asiste sigue siendo un baluarte de la dictadura comunista. Es como tratar de quitarle la venda de los ojos, pero resulta imposible.

Además el libro ofrece una visión cercana, real y libre de prejuicios sobre el país porque las historias se construyen sobre la base de sus fallas y virtudes; condición de cualquier sujeto de determinada sociedad. Por tanto, no es un retrato chauvinista, sino de un destino que pudo ser el de cualquier nación. 

Por otra parte, el qué dirán, el valor que le otorgan al dinero, un buen partido (una buena esposa o esposo también toman parte en las historias, pero con tonos jocosos, sarcásticos y hasta patéticos porque en el fondo encontramos la desilusión por una nación que se encontró sumida en una profunda bancarrota o la homofobia y los secretos para ocultar a toda costa las preferencias sexuales porque en el libro rojo tales condiciones están censuradas así ocurre en el cuento “Princesa de Nebraska” se sitúa entre dos personajes, Sasha y Boshen quienes migraron a los Estados Unidos, pero mantienen un anclaje emocional con su tierra natal. Hombre y mujer están enamorados de un actor de la ópera de Pekín, desean trasladarlo al país  para librarlo de la homofobia y porque consideran que allí tendrá un futuro promisorio.  Sin embargo, Yang, el talentoso y ególatra actor, le tiene sin cuidado tales intenciones.

Bien podríamos sentir repudio hacia él, pero al igual que sus enamorados caemos ante su hechizo por la belleza y dotes artísticas inusitadas (capacidades histriónicas, baile y cante que lo hacen más un Dios que un mortal), pero sorprende aún más la capacidad de ver la vida, belleza y arte en personajes comunes pertenecientes a la clase obrera, pues al igual que Emma en Madame Bovary necesita de las novelas para tener una mejor existencia, ambos necesitan el arte investido en el cuerpo de Yang para sentir o tener conexión con algo más allá de la cotidianidad.

Mientras que en “De más” una mujer madura recibe el despido anticipado porque la empresa se encuentra en reestructuración interna (realmente está en bancarrota y allí comienza su trajinar para sobrevivir. Se casa con un desahuciado. Cuando este muere, uno de los hijos se apiada de su situación de desamparo y la recomienda para un trabajo  en un colegio. Allí  vivirá por primera vez una fusión entre amor romántico y maternal, –seguro es algo que llega a ocurrir en una mujer que nunca antes había amado y tampoco había tenido hijos- esa dicha pronto se evanece pues los hilos del destino simplemente no se encuentran a su favor y aunque no quiera que este personaje siga sufriendo lo acepté porque así son las leyes del destino. El relato culmina con una final abierto: la abuela sentada a la orilla de una acera aferrada a su fiambrera (regalo de la empresa en bancarrota para excusarse de no haberle dado la pensión que merecía por los largos años de trabajo), viendo a la gente pasar sin atisbar ninguna emoción porque en la China comunista les enseñaron a no quejarse, solo a callar, pero ocurre que en el callar siempre decimos tanto.

Debolsillo, 2010, Barcelona.


jueves, 28 de mayo de 2020

Reseña de la novela Ayer, nosotros, hoy

Reseña de la novela

Ayer, nosotros, hoy...


Historias de amor juvenil hay muchas y seguro esta es una más. Ayer, nosotros, hoy de Carolina Casado nos presenta a Max y Scott, jóvenes a punto de culminar la secundaria que, en apariencia, no están hechos el uno para el otro. El azar y un profesor de Filosofía los hace coincidir, pues deben realizar un informe sobre  mitos griegos, uno de su preferencia. A partir de ese momento Scott luchará por convencer a una abúlica Max, pero los dioses ya habrán lanzado los dados del amor.

Al principio se aborrecen, Scott es el típico niño nerd que solo piensa en culminar a cabalidad las asignaciones. Por suerte, su insistencia rinde frutos y aunque el amor no es lo primero que aflora –tal vez  es la típica modalidad de iniciar como en las  comedias románticas: encuentros inesperados para dar paso a algo más- de esta amistad accidental, poco a poco van descubriendo sus gustos y secretos familiares y el apoyo que cada uno le puede dar al otro.

La estructura está formada por 54 capítulos narrados de forma alterna por Max y Scott. Cuando narra Max finaliza con una carta dirigida al padre ausente desde los 8 años, mientras que Scott cierra con reflexiones y versos libres en relación con el rumbo de su vida entretejida con la cotidianidad.  El espacio de la novela se desarrolla en una Nueva York no tan cosmopolita como podríamos pensar, pero sí cargada de lugares comunes como Brooklyn, Manhattan y Harlem sin dejar a un lado las escapadas al bullicio solitario de algunas zonas escondidas del icónico Central Park. En él la protagonista encuentra paz y recogimiento para seguir mintiendo ante su madre y hermana que todo está bien, aunque realmente se siente avasallada por la culpa.

Durante el desarrollo de la trama y después de varias reuniones donde solo se asoman los nombres de Orfeo y Eurídice –hubiese sido muy valioso inmiscuir algunos datos arquetípicos a la trama- ambos se percatan de que sienten algo más, pero no lo quieren admitir. En ningún momento establecen una relación, muy a la moda de estos tiempos, solo estar por estar, porque se sienten bien y no hay mucho por lo que pensar. Quizá este sería el gancho para muchos jóvenes al leerlos. Verse identificados en el argumentos, pero para alguien que ya pasó la adolescencia hace rato solo ve este móvil como una complacencia del mercado editorial, es mi perspectiva.

Al final de la novela, como es de esperarse, cada quien toma su camino. La consigna aquí es vivir el hoy y en él los sentimientos y el amor profundos son historia de ayer porque es descartable así ciertas personas verdaderamente hayan hecho un cambio en la vida.  Resulta fácil de leer, pero personalmente no convence por este tratamiento del tema amoroso, es como una curita. La usé y me la quité porque ya cumplió su propósito. Entonces, el argumento solo pareciera insistir en que hay que vivir el amor de bachillerato, casi como un requisito, no importa que no siga un molde, pero tienes que sentirlo y ya está. Ahora que lo pienso, debe ser que el amor juvenil y quizá el actual consiste en cambiar como el estado de Whatsapp…es probable que haya sido así siempre. No obstante ahora  es más notorio.


miércoles, 20 de mayo de 2020

Reseña de Yo, Tituba, bruja negra de Salem. Maryse Condé

Yo, Tituba, bruja negra de Salem (1986)


Nosotros los que no vinimos al mundo armados con garrar y colmillos, salimos perdiendo en todos los combates. p.93 

En The Black Horse trabajan dos indios. Tendrías que ver cómo los tratan. Me han contado cómo fueron despojados de sus tierras, cómo los blancos diezmaron sus rebaños, cómo les repartieron “el agua de fuego” que en poco tiempo te lleva a la tumba. ¡Ah, los blancos! P.62

La vida sería un don sólo si cada uno de nosotros pudiera escoger el vientre de la preñez. P. 157 

Me parecía estar desapareciendo totalmente. Sentía que mi nombre solo aparecería como el de una figurante en los juicios contra las brujas de Salem (…)¡Ninguna biografía inspirada y cuidadosa que recreara mi vida y mis tormentos, ninguna! Y esa futura injusticia me indignaba. ¡Era más cruel que la muerte! P. 145

 

Tituba parece una mujer destinada a no ser querida. Llega a este mundo producto de una violación por eso es comprensible que su madre no la quiera, pero ante el reproche momentáneo. El padre adoptivo, un esclavo que corta caña, se transforma de hombre al borde del suicidio a uno cariñoso. Es gracias a este hombre que parece haber renacido, que Tituba logra experimentar una infancia, o al menos parte de, ella feliz.

No obstante, siempre es una fiel testigo del maltrato hacia su raza y del empeño por cruzar la otra orilla para volver al lugar de origen, anhelo constante en estas novelas antillanas por parte de los pueblos africanos.

En cuanto a la estructura de la narración bien puede enmarcarse  en acontecimientos que van de la dicha a la desdicha como eje para dinamizar las acciones. Sin olvidar las cualidades de los protagonistas y los escenarios exóticos en medio de la isla para establecer cierta conexión con lo real maravilloso. Nexo que permite relacionarlo con El reino de este mundo de Alejo Carpentier.

 Si quisiera desglosar a detalle las acciones de la primera y segunda parte en que se encuentra dividida la novela encontraría 5 ejes y todos parte del sufrimiento para abrir paso a que Tituba pueda experimentar un poco de alegría. Por ejemplo de la muerte de su madre, Tituba puede conocer a Mamá Yaya y vivir casi en estado primitivo y salvaje, pero con suma tranquilidad.

 Asimismo, Yo, Tituba, bruja negra de Salem, destaca por el viaje de la protagonista. Con el traslado a tierras americanas inicia la segunda parte de la novela así como otras vivencias marcadas por la intransigencia religiosa, el odio y la supremacía de la raza blanca.

 El barco desembarca en Boston donde transcurre un año. Vive con un acérrimo pastor y su familia. Luego parten a Salem, lugar en el que verdaderamente inicia la tragedia de Tituba por catalogarla una bruja, pero aún así le sacan el mayor provecho. Producto de esto no puedo apartar de mi cabeza la gran hipocresía que fue y sigue siendo el mundo. Los amos la odian, pero saben lo valiosa que resulta. Quizá por una fusión entre el temor y admiración ante las virtudes de esta mujer. En todo caso tal aspecto podría ser propicio para generar otras polémicas.

 

Al margen de lo anterior me permito pensar que Tituba es una suerte  de Odiseo femenino, quien después de diez años de sortear más de un escollo como impedir que se los tragara el mar ya de vuelta a Barbados o soportar los maltratos del capitán aún cuando ha obtenido la libertad.

A diferencia de Odiseo que ha dejado a Telémaco y Penélope, el gran amor de Tituba no fue Jhon Indiano sino la isla con sus plantas, brebajes y aromas. Indiano solo fue el rapto carnal por el que muchas mujeres alguna vez en la vida nos condenamos y aunque ella lo sabe, se dejó enceguecer porque quizá en medio de la senectud es que es posible engendrar otra vida, a propósito esta posibilidad fue reprimida en varias ocasiones para evitarle sufrimientos a esa criatura.

Una vez Tituba se encuentra en Barbados podríamos pensar que ahora sí puede ser verdaderamente ella, pero el deseo por ver a la isla en libertad que se funde con el deseo por un negro cimarrón vuelve a hacerla cambiar de planes y modificarlos a los de los demás. Es así como planea ardides que no salen airosos, pero dotan a la narración de una clara referencia de libertad por este pueblo que quiso revertir los vicios del vasallaje.

Por otra parte, si observamos la novela desde los discursos actuales notamos que Tituba conmueve y quizá no haya mujer que no sienta simpatía por ella al reflexionar sobre la libertad, la igualdad y la posibilidad de elegir aunque se trate de una mujer del siglo XVII donde tales consideraciones se agudizan, pues es una esclava, pero es que quizá muchas mujeres aún lo son en pleno siglo XXI.

El deseo no es otro que ser libre, libre para amar y ser amada, libre para decidir si quiere o no tener hijos y por encima de esto ser, sin equipararse a nadie, solo ser sin pensar en las marcas que nos encadenan y obligan a pensar en mantener el pasado.


Editorial: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2010

Traducción: Ameli Hernández

Número de páginas: 236

 

 


martes, 5 de mayo de 2020

Arlington Park, Rachell Cusk



Reseña de Arlington Park

Ambientada entre paredes suntuosas, decoradas conforme con las últimas tendencias, las casas de Arlington Park destilan lujo, pero sus habitantes  parecen llevar una existencia gris, vacía; sin belleza. Por eso, a raíz de la novela, pongo en tela de juicio una frase tomada del mismo libro con respecto a las familias: “árboles de amor, todas aquellas personas conectadas entre sí y arraigadas a la tierra” (p.261).

Es así como en el desarrollo de las acciones las cuatro familias que nos dejan ver entre sus cortinas ofrecen una versión en la que la maternidad esclaviza, los esposos desdeñan cada centímetro del ser de sus esposas y los hijos a veces, solo a veces, son bultos de desorden que alteran los nervios. En suma, una completa contradicción del arraigo entre las familias.

En esta historia las protagonistas son las mujeres con la descripción meticulosa de sus vidas, al respecto:
 la cocina era como una persona con la que hubiera intentando congeniar sin conseguirlo (…) Todo, las paredes, el techo, los armarios, las puertas y los marcos de las ventanas, estaban pintados del mismo color, como si allí hubiera sucedido algo terrible. (p.223).

 Descripciones cargadas de una especie de repulsión que podría desembocar en vidas insatisfechas como si después de haberse esforzado tanto por escalar la montaña para conseguir –creo que aquí es mucho más conveniente emplear la palabra adquirir- el esposo, la casa, los hijos y los lujos se percatarán de que quizá todo es accesorio porque hasta cierto punto ellas también son el agregado de sus esposos, solo que estos no se la pasan reflexionando y juzgando el momento en el que llegaron a esa estación de su vida.

El hastío de las protagonistas entre sus cocinas y jardines pulcros, pero, en el fondo, callan o estallan moderadamente porque de acuerdo con sus normas de vida siempre hay que mantener las buenas costumbres ya sea en el parque o en medio de una cena y así seguir el monólogo que, desde la perspectiva de la novela, es el matrimonio porque son incapaces de subirse en el tren de una discusión compleja y necesaria sobre temas como: la tolerancia en el mundo, la empatía con el otro (las minorías: extranjeros, pobres, refugiados), o la destrucción de la belleza.

A propósito de este tópico, Benedict, esposo de Juliet, profesora de literatura a la que todos consideraban que en su juventud sería la única capaz de hacer algo verdaderamente resaltante, intenta iniciar una reflexión sobre el tema, pero resulta en vano, pues se convierte en el triste colofón de una cena en la que Cristine por completo alcoholizada se levanta de la mesa para incitarlos a bailar y cuestionar el deprimente circo conyugal en el que ella se siente sumida, pero también todos, en silencio, lo están.

Así que si están buscando una percepción de la sociedad contemporánea ambientada en una barrio residencial de Inglaterra, pero que bien podría ser cualquier sector como El Rosal, La Pedregosa, Alto Barinas, o Pirineos, lean el libro.
Finalizo con el poema y les pregunto, ¿resulta un retrato muy parecido al de estos tiempos que vivimos donde solo parece quedar el asfalto mientras nos quedamos en casa?

Y tal será el fin de Inglaterra,
la sombra, los prados, los senderos,
los concejos, los coros labrados.

Quedarán libros; permanecerá
en  galerías; pero tan sólo nos quedarán
hormigón y neumáticos.

Tal vez es tiempo de dejar de ser mujeres y hombres que solo van tras los bienes y la posesión para de una vez por todas ir por la conversación y la reflexión sobre los temas que  sí hacen que el mundo siga girando.

Con una impresión mucho más desenfadada…

-En una excelente excusa para acercarse a la obra de Virgnia Woolf ¿La razón? Averígüenla ustedes.

-En uno de los pasajes Juliet comenta con el círculo de lectura sobre Cumbres Borrascosas, eso me dio pie a ver la versión cinematográfica. Me refiero a la del año 1992, protagonizada por Juliet Binoche y Ralph Fiennes. Debo comentarles que aunque fue la primera novela que leí, nunca me decidí a ver la película, pero hace unos años vi en un cine foro una versión mucho más reciente, no me gustó del todo la adaptación. Sí celebro de ella la sensación de nostalgia y soledad cuando Heathcliff camina en el páramo.

-Observar por Google Map la localización geográfica de Arlington Park, sus casas, parques, el centro de la vida de la clase media inglesa. Así hacemos un viaje de 180 grados desde casa.