sábado, 4 de marzo de 2023

Impresión del Libro: Qué hacer con estos pedazos

 


Hay algo triste en Mima, sin embargo, pero cómo no va a ser triste esa vida, piensa Emilia, este mundo suyo cerrado, donde sólo hay rutinas, tareas aburridas, recorridos larguísimos desde su casa hasta aquí, ese esfuerzo continuado que va a dar en lo mismo, siempre lo mismo. P.106.


Cuántos años le tomó dejar de sentirse esclava de la culpa. Culpa por odiar a la madre, que la mandaba callar con los ojos en las visitas familiares; al padre, que la cercaba con sus prohibiciones y la humillaba con sus castigos; a la pacata de su hermana, que la juzgaba por ser expansiva y provocadora y por enamorarse de tipos indeseables. Ay, la culpa por enamorarse de más, por no estar a la altura de lo que esperaba el marido, por ser arisca, ríspida, obsesiva. Por haber permitido que Pablo muriera, sobre todo por eso. P. 129.


Ficción real de todo lo que callamos las mujeres con un ápice de sentido común, así suene trillado y a drama con horario nocturno. Los pedazos de Emilia, ¿pueden ser la representación de todos los pedazos que nos configuran y perfilan nuestro ser como mujeres? Para mí es una representación posible a partir de la lectura. Por es en esta novela atendemos a la vida entre rutinaria (académica, labores del hogar y relaciones familiares) o no de una mujer (escapes por medio de los viajes e intermitentes reuniones a tomar un café con las amigas).

El discurso se hilvana para armar muchos pedazos. Por nombrar algunos, el pedazo que le hemos conferido a la casa, que no al hogar, como espacio donde se desarrolla la rutina y es a partir de ahí donde una cocina inmaculada y de último modelo no contribuye con mejorar la relación marital cuando el esposo es poco comprensivo, mezquino y quejumbroso.

Otro pedazo de esos miles que conforma su corazón que, como ya lo dije, son espejo del corazón y los pedazos de muchas mujeres es la relación madre e hija. La eterna espera por ese "te quiero sincero e inusitado que pueda emular un viaje a la tierna infancia cuando después del llanto, solo decimos: -"mamá, te quiero". Y así nos entrega muchos pedazos más. También hay espacios donde habita a plenitud su ser como los viajes y la escritura. Razón por el que siempre será necesario tener nuestro escape al cuarto propio.

Me habría encantado acercarme muchos más a sus pedazos que dejaban escapar su verdadero ser como la escritura de crónicas para las revistas, presenciar la recepción de un premio, pero creo entender que nada de eso vale porque por más que la rutina sea, la repetición del día anterior es allí donde podemos intentar mostrar otra faceta de nuestro ser. Quizá ese sea el porqué de estos pedazos.