lunes, 17 de mayo de 2021

Fronteras. Viajes por Birmania y Tailandia

 

Fronteras, viajes por Tailandia y Birmania

 Charles Nicholl

258 páginas



“Entonces Mara lanzó su arma más terrorífica, un gran rayo, pero Buda lo cogió con la mano y lo convirtió en el acto en una guirnalda de flores como la puang malai que ves ahora a su cuello”. P.113

 

Wat Tham Tupu, el Templo de la Cueva de Tupu, es un sector de selva tropical frondosa, una extensión de cuatro kilómetros cuadrados en las estribaciones meridionales de la montaña más alta de Tailandia, Doi Inthanon. (…) Éste es el primer precepto de la tradición del templo del bosque: el templo es el propio bosque. P.221

 

Su serena fortaleza parecía un derroche a mi superficialidad. Qué necio había sido pensando que nada más llegar me iba a bendecir la paz del bosque, como si fuese algo incluido en una especie de guía turística espiritual. P. 237

 

I

Acompáñemos a Charles en el viaje por las fronteras de Birmania, Laos y Tailandia en su búsqueda, ahora tan cliché, por alcanzar la paz espiritual. Rápido descubriremos que no se trata de buscar, sino de apreciar lo que encuentras en cada cruce del camino.

En gran medida ese camino cobra matices mucho más interesantes y que se distancian del típico viaje por Asia gracias a las figuras de Katai y Harry. Katai es una joven oriunda de Bangkok, a pesar de su corta edad no ha sucumbido a la vía fácil de muchas mujeres en esa nación: la prostitución y ha optado por aplicar el pragmatismo inherente de su religión a las situaciones del día a día. Es así como pronto abandonará a Harry, contrabandista de piedras preciosas.

Pero es Harry, de nacionalidad francesa, quien motoriza las principales acciones de esta novela/bitácora, si se me permite el término. Sin Harry no habría sido posible el encuentro entre Charles y Katai y obtener con cada uno de sus diálogos esa ráfaga de emociones a flor de piel que nunca llegan a concretarse. Sin Harry tampoco habría sido posible adentrarse a la otra cara del Sur de Asia: el negocio del narcotráfico de piedras preciosas y opio, así como quedarnos perplejos por la unión, difusa, entre la fascinación religiosa y el cruento negocio de la guerra. 

 

II

Fronteras lo adquirí en uno de mis tantos viajes a Mérida, en la Librería Temas ubicada en el sector El Llano, junto con otros que aún hoy conservo y otros que voy regalando. Lo que interesa contarles es que pertenece a Ediciones B, específicamente a la biblioteca Grandes Viajeros. A los de esta edición les guardo mucho cariño, más del que ya le tengo a mis libros. La razón es que con estos ejemplares, hace ya más de 15 años, comencé a formarme como lectora.

 El primer libro de esta serie fue A china en bicicleta, de Gabriel Pernau con él pude sentir, con total veracidad, aquella frase de viajar con palabras. Encontré el libro exhibido en una Stand de esos que se instalaban en el parque-exposición de la Feria de San Sebastián. Recuerdo que no quería ir, tenía 18 o 19 años y ya no me gustaba la feria. No por el asunto del maltrato animal en las corridas de toros. Para mí las corridas tienen un sentido cultural que se remonta y fue heredado de los griegos, nada más y nada menos que de Teseo –pueden leer El espejo enterrado de Carlos Fuentes para mayor información sobre los orígenes cuyas raíces se remontan a los griegos, celtas, fenicios, cartagineses, romanos, godos, árabes, visigodos, judíos, entre otros- y nosotros como legatarios del discurso mantuano las tenemos en cada ciudad, lo anterior para no entrar en mayores detalles.

Sigo con el cuento del libro, bueno que estaba en conflicto entre si me gustaba o no ese batiburrillo de sin sentido y escandalo sucio que es una feria latinoamericana –esto también es un legado del Viejo Mundo- Hasta que decidí acompañar a mi papá y no me arrepiento. Fue una de las mejores tardes que he pasado en una librería, aunque no lo era del todo, solo un toldo y debajo mesones con montones y montones de libros. Recuerdo que papá no tenía mucho dinero, pero gran parte de lo que tenía me lo dio para comprarme muchos libros, digo muchos porque no recuerdo cuántos. Sé con total certeza que eran más de diez.

Ese día fui tan feliz. Algo me dijo que estaba comenzando a formar mi biblioteca y no me equivoco porque fue el primer paso para la biblioteca que tengo (se dice fácil, pero no lo es, mucho dinero invertido, mucho peso en los viajes y muchos comentarios de “a ella si le gusta gastar la plata”. No es nada grande, pero sí es una parte invaluable de mi vida y parte muy apreciada lo son los libros de esta colección de viajes porque no he puesto nunca un pie más allá de Cúcuta, pero mi mente sí ha viajado por esos lugares de los que se jactan los grandes viajeros.

 


 

 

 

lunes, 10 de mayo de 2021

Viajeros. Los mejores relatos de viajes de Carlos Castán, José Luis Corral, Jack Kerouac, John Updike y Evelyn Waugh

 

Editorial Quinteto, 2003


Páginas 158

 

Hay más libros a nuestro alcance que nunca, pero apenas encontramos el tiempo  para atender a tanta posibilidad desplegada frente a nosotros. Y sin embargo,  el viaje sigue siendo placentero y el libro sigue siendo necesario.

Quinteto, 2003

Es posible que, tras viajar tan rápidamente de un lugar a otro como habíamos hecho últimamente, mi paladar que echara en falta las cualidades más sutiles y más huidizas que revelan tímidamente a quienes viajan más despacio. 

Evelyn Waugh, 2002, página 127

(…) me pasé una tarde deliciosa, totalmente solo en las dos grandes galerías de arte. Una de ellas contenía una notable elección de pinturas de los maestros españoles Velázquez, Zurbarán, El Greco y Goya y un gran número cuyos nombres no suelen oírse fuera de su país natal.

Evelyn Waugh, 2002, página 148

El estrecho de Mesina lo pasaron sin respiración, entre la Escila de haber amado y perdido y el Caribdis de no haber amado jamás.

John Updike, 1997, página 119

 

 

Seis relatos de viajes nada convencionales que se entrelazan con la intertextualidad, estudios literarios y crónicas de viajes a medio camino entre lo personal y académico. Los autores de estos cuentos no son muy conocidos a excepción del exponente de la generación beat: Jack Kerouac con su “En el camino” que otra vuelve a hacerme sentir como si realmente me hubiese lanzado a la aventura de pedir la cola por la carretera trasandina.

Por su parte, el autor español Carlos Castán con “El andén de la nieve” ofrece un tono truncado al género fantástico-realista sin dejar de mostrar su fascinación por los trenes. 

Mientras que John Updike en los relatos “George y Vivian” y “Cruceros” narra a personajes que se lanzan a la aventura de viajar desdeñando las costumbres de la tierra que recorren. Aunque “Cruceros” realiza un recorrido muy preciso por las islas griegas en las que se aventuró Ulises en una desventura de más de diez años.

Regresando a los autores españoles tenemos a José Luis Corral  con “Los viajes del Cid”, quien para emular este cantar de gesta divide el cuento en tres partes. Las divisiones distan del estilo juglaresco, pero juega con los estudios literarios y las crónicas o bitácoras de viajes con el propósito, probable, de darle un tono moderno y ajustado a los estilos de escritura actuales.

Por último, “Etiquetas” de Evelyn Waugh, quizá el más cercano al género de viajes. Me gusta pensar que el título es un guiño a las etiquetas que le adjudicamos a las cosas y situaciones cuando se ajustan y no salen del borde de lo que son.

Disfruté el libro, fue una lectura rápida, pero agradable. También puede tener un rápido flashback a las clases de Literatura Española y posteriores horas estudiando para preparar las clases de El Cantar del Mio Cid, sin obviar el hecho de anhelar recorrer y disfrutar una carretera.

P.D. También me devolvió el deleite de envolverme en las páginas de un libro infinito: el diccionario.