martes, 17 de junio de 2014

Caminando por las calles de La Habana con Pedro Juan Gutièrrez

Caminando por las calles de La Habana con Pedro Juan

¿Es una crónica, el diario de un disidente o una novela conformada por relatos autobiográficos que se pueden leer  por separado?  Desde una primera opinión, bien podría argumentarse que nos encontramos ante los tres. Una crónica por el oficio de periodista que desempeñó el mismo Pedro Juan. Un diario por culminar cada una de las tres  partes fechando la escritura y los relatos porque no ofrecen un orden estricto de lectura, de esta manera se pueden leer por separado y concebir una idea general de la obra.
La trilogía se nos presenta como un relato descarnado y crudo a través del cual nos introducimos  a la cotidianidad de los ciudadanos en La Habana. En cada capítulo discurren los relatos a ritmo de música, ron, sexo, marihuana. Estos últimos parecieran ser los que mantienen vivo a Pedro Juan y a la mayoría de sus conocidos. Al respecto, él mismo expresa “A veces lo que necesitas es muy poco: sexo, ron y una mujer” (p.145) o  al expresar la situación de sus vecinos y coterráneos “personas delgadas, mal alimentadas, sucias, sin empleo, tomando ron a todas horas, fumando mariguana, tocando tambor, reproduciéndose como conejos” (p.296).
Es precisamente esa  embriaguez lo que los mantiene en una enajenación y hechizo eterno –que no podrían haber tramado mejor todos los dioses africanos- para lidiar con la miseria y crisis económica que los atropella, llevándolos a extremos de rebuscar el sustento en actividades tan escatológicas como extraer de la morgue hígado humano y venderlo tal cual  hígado de cochino. Entonces, estamos ante un texto que se puede clasificar dentro del género realismo sucio. Fotografía en primerísimo primer plano con marchas de barro, moho y pintura desconchándose de las paredes.
Al retornar con los vicios,  estos son quizás, el único medio para evadir la tremenda soledad y tristeza que sienten. Es el caso de Pedro Juan, expresa “parece que tendré que acostumbrarme a vivir con ataques intermitentes de melancolía y tristeza…tal vez tengo unos cuantos motivos para la pesadumbre” (p.102).
Así transcurren los relatos, entre su melancolía, la cual permite elaborar una estampa de La Habana, sus lugares, edificios corroídos y cochambrosos y el  hambre, prostitución, sexo explícito, ron,  mariguana y turistas ávidos de realismo extremo. Un realismo sucio y cruel. En el que es imposible maquillar todas las vejaciones y faltas ante el pueblo.

El Caribe no puede relegarse y con éste el pasado de esclavitud. Llama la atención las imágenes de hacinamiento que muestra Pedro Juan en las narraciones que reúnen la trilogía.  Los cubanos del interior se mudan, y viven en los edificios ataño elegantes y aristocráticos. Son cada vez más y más los que parten desde el interior del país a buscar el pan o una balsa y así poder vivir el american dream. A su llegada viven tal cual hace 300 años atrás. Una muchedumbre compuesta entre doce y trece personas convive en un cuarto de cuatro por cinco metros cuadrados. Todos son testigos y presas del hambre, calor y el sexo desenfadado.
En la narración se presenta así:
Es  un solar que comenzó ayer con muchos cuartos. Quince, dieciséis, veinte cuartos. Nadie sabe bien. En cada censo aparecen y desaparecen habitaciones y nadie sabe por qué. Igual sucede con los habitantes de ese solar. Pueden ser cien, o ciento cincuenta. (p.277).
Más adelante
Mi cuarto y el de Isabel son los únicos que tienen vista al Caribe en esta azotea. El resto es un laberinto construido con tablas podridas y pedazos de ladrillos, donde la gente se asfixia de calor entre la mierda y el hambre. (p.293)

De allí que el hogar sea similar a los barracones donde vivían los esclavos. Sólo que estos poseían un trabajo. Demoledor y letal pero ocupaban sus días con las faenas en las plantaciones. Mientras que los habitantes -desempleados, en su mayoría o con ínfimos sueldos-  de La Habana descrita por Pedro Juan sufren y prefieren vivir a golpe de ron y sexo. Se vive el día a día al no existir un porvenir promisorio.

Lo anterior se puede relacionar con lo expuesto por  Benítez, (1989) un yard o solar. Es una especie de patio común, el cual tiene una serie de acceso a cuartuchos sin los servicios básicos. Pero es más que eso, es el resultado de la plantación y anti-plantación. Aunque la vivienda fue organizada para una población de esclavos y libertos. Este yard o solar se puede aplicar o transmutar a las platabandas donde han creado sus cubiles los actuales habitantes de La Habana y así vemos como todavía existen trasuntos del pasado colonial caribeño.
Sobre Los detectives salvajes de Roberto Bolaño 

 Cualquier lector puede argüir diversos comentarios a raíz de la lectura de Los detectives salvajes. Pero creo que si pretendiéramos reproducir tales comentarios abarcando desde el lector de simples revistas y periódicos hasta el más avezado, estos no dirían la íntima relación de la novela con el tema literario, es decir, literatura de literatura. Así ocurrió escuchando el programa radial Éxitos conducido por Ivàn Losher y Polo Troconis, quienes recibieron a Alonso Moleiro como editor invitado. Los locutores en cuestión, hacen la pregunta de rigor al invitado que reza sobre lo siguiente: ¿cuáles serían los libros que llevaría a una isla desierta? –Si bien la pregunta es trivial y propia de las revistas de farándula- no escapa a la curiosidad por conocer los títulos que acompañarían a un determinado personaje en medio de la soledad de la playa. 

 Para mi sorpresa y coincidencia con la hipótesis inicial cada uno emitió similares opiniones, cuando Moleiro expresó su preferencia por LDS[1]. Todos concordaron sobre la literatura como tema central de la novela. De allí, se explayaron a recordar su juventud y su inclinación por la izquierda, tendencia ideológica similar a la de los personajes: Belano y Ulises. 

 Y es que, ¿cómo relegar el tema literario en la novela, si éste suscita en la narración otros temas?, los cuales se presentan en forma desbordante, cuantiosa, similar a las aguas que caen de una pendiente de agua o como lo denomina Carlos Noguera en la contratapa del libro LDS “narración cascada”. Dicha estructura narrativa es la misma que hace a Bolaño expresar en una entrevista “y eso que al terminar Los detectives salvajes me juré no hacer más una novela-río”.

 Sobre la estructura narrativa de las novelas-río o cascada, conviene decir que se caracterizan por desarrollar una historia plasmada en varios apartados, contados a lo largo de la narración por diversos personajes. Estos ofrecen el hilo conductor de las acciones, las cuales confluyen en un tema central o punto central de la narración, en este caso particular: seguir los rastros de vida de la poeta real visceralista Cesárea Tinajero. 

 Lo anterior lo ratifica Sampedro (2012) al mencionar “en la novela-río se va desarrollando el argumento con la aparición fluida de nuevos personajes que dejan paso a los que ocupan su lugar para ser protagonistas (Amadeo Salvatierra, quien ofrece datos claves sobre el paradero de Cesárea) sucesivos en contacto con nuevos mundos, experiencias –así tenemos ciudades como París, Barcelona, México DF, Tel Aviv, entre otras, caracterizadas por ser escenarios más urbanos y cosmopolitas junto con paisajes agrestes propios de la montañas y zonas selváticas. 

 También cabe mencionar que la estructura narrativa de estas novelas se presenta a modo de crónica o diario. Aquí los personajes asumen en extremo su rol de actantes o unidades sintácticas coimplicadas: Amadeo, María, Joaquín Font, relatan en primera persona las huellas dejadas por Belano y Lima tras la búsqueda de Tinajero. 

 No se puede obviar la perspectiva múltiple y saltos cronológicos en la novela. Los últimos se presentan en dos temporalidades. La primera parte caracterizada por una linealidad en las acciones desde el dos de noviembre hasta el treinta y uno de diciembre de mil novecientos setenta y cinco, bajo la pluma de García Madero. La segunda temporalidad con un lapso de veinte años y la tercera parte retorna a la primera temporalidad, al regresar al primero de enero del año mil novecientos setenta y seis hasta el quince de febrero. 

 En otros aspectos de la estructura resalta el personaje Ulises Lima pero es el núcleo, Tinajero de donde se desprenden los testimonios de amistad por parte de los diferentes personajes que se relacionarán con él. Lo que a su vez lleva al viaje como vehículo que permite emprender todo el propósito literario. 

 Para finalizar, faltó referir lo relacionado con los poemas visuales de Cesárea, cuestión que también atañe al tema meramente literario y, además, a la inclinación y preferencia que siempre tuvo Bolaño por este género. 

 [1] Los detectives salvajes de ahora en adelante en sus siglas.

jueves, 27 de febrero de 2014

Orga, I. (2001). Retrato de una familia turca. Barcelona: Editorial Casiopea Fueron varios los motivos que impulsaron la lectura de Retrato de una familia turca. Desde que los rescatamos de los anaqueles de la Librería Temas, sentí una rápida intuición y dije: -seguro incluye algún pasaje sobre comidas, preparaciones y recetas de Turquía –no me equivoqué- y éste constituyó el aguijón primordial para su lectura. En varios capítulos se describen los sabores, colores y olores presentes en los platos tradicionales de este pueblo y su singular delectación por la comida. Nombres de preparaciones a propósito del festejo y la celebración por la reunión de la familia se despliegan a lo largo de este retrato autobiográfico. Es común encontrar nombres como: baklava, dolmas, kadin, gobegi, tè, simit, lokum, raki, gazoz, borek, koftes, lahana dolmasi, entre otros. En esta breve lista se conjugan los nombres de las comidas, postres y bebidas de los turcos. Todos a disposición de los comensales porque en torno a la mesa, se vive, se celebra y se mantienen al tanto de las noticias y acontecimientos. A fin de cuentas, se pasan los días. Precisamente, es el paso del tiempo junto con las comidas lo que llama la atención en este libro. Compuesto por trescientos dieciocho páginas y treinta capítulos, inicia con la narración en primera persona sobre el nacimiento de Irfan y su vida en el viejo Estambul. La narración describe con detalle su vida y la de su familia, los cuales gozan de buena posición gracias a los negocios y comercios de su abuelo, que tras su muerte siguen a flote por el padre de Irfan y al tío Ahmeth. El relato de la infancia de Irfan sigue apacible, con una infancia abundante y rodeada del cariño de todos sus seres queridos. A la par de narrar los episodios pueriles de Irfan y sus hermanos, se ofrece también una representación fiel de las costumbres de Turquía durante las primeras décadas del siglo XX: el café de la tarde con las damas turcas, los Hamam o baños turcos, -sitios para el cotilleo y reuniones sociales preferidos por la abuela- visitas a la finca del tìo Ahmet durante los fines de semana, celebración de un cumpleaños y la circuncisión. Hasta que a causa de la primera guerra mundial, el padre debe abandonarlos. Tras este acto, se sucederán unos tras otros hechos fatales para la familia: el incendio de la casa, la muerte del padre de Irfan, el traslado a una casa ubicada en un barrio de menor categoría, el hambre, escasez y miseria producto de la guerra, la estancia en el orfanato y la vida laboral de su madre en una fábrica. El panorama se ofrece lúgubre y el paso del tiempo únicamente da cuenta de la distancia cada vez mucho más grande de esa época esplendorosa que ningún miembro de la familia pensaba nunca acabaría. Sin embargo, son las mujeres, quienes a pesar de la austeridad y la pobreza siguen luchando. Sevkye, la madre de Irfan, logra, después de algunos reencuentros y contactos inesperados, ingresar a sus hijos al colegio militar. Tanto Irfan como Mehmet pasaran diez años bajo la disciplina militar, es decir, otra época que se va dejando sus huellas como al ver las viejas fotografías familiares. Transcurrido este tiempo, se abre paso una nueva etapa. Ahora son los hombres de la familia quienes retribuirán a su madre y abuela el no dejarlos morir de hambre durante la etapa más dura de la guerra. Pero el tiempo pasa y poco a poco muestra las facturas de la enfermedad mental de su madre, producto de años de resentimiento con su abuela. El relato termina con la última visita realizada por Irfan a la clínica mental donde tienen a su madre, se niega a verla muerta y posteriormente, recibe un telegrama donde su hermano le informa su fallecimiento. La enfermedad mental, es solo la muestra de todos los padecimientos sufridos por miles de turcos durante la guerra y, a mi modo de ver, aquí se concreta en la muerte de la madre. Describe los cambios que tuvieron que atravesar muchas familias, similar al exterminio judío en los campos de concentración. Sin embargo, existen testimonios de fuerza por salir adelante y confrontar situaciones inesperadas. Puedo culminar exponiendo que el relato comprende cuatro períodos en la vida de Irfan, Tres álbumes que engrosan su vida: la primera infancia (0 a 8 años) con un relato costumbrista, la segunda infancia ( 9 a 11 años)la pobreza y austeridad en un barrio bajo de Estambul, la vida en Kuleli, escuela militar y el último periodo, la vida laboral de Irfan y mantenerse a cargo de las mujeres de la familia. Aunado a estos ciclos, un epílogo escrito años después por el hijo de Irfan en el que justifica que el libro era mucho más extenso pero debido a las recomendaciones de un editor, el relato concluye con la muerte de su abuela. Sin obviar que a lo largo de estos cuatro período y junto con el epilogo la comida ésta presente bien sea de forma abundante o mediante la experimentación y frugalidad que caracteriza a la pobreza.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Reseña del libro La ridícula idea de no volver a verte

De coincidencias está colmada la vida. El encuentro, la lectura, el título, el contenido y mis emociones para eso momento lo confirman. No es extraño que cada semana o quince días me paseé por las librerías de la ciudad con la intención de hallar nuevos títulos o tan sólo con el fin de distraerme viendo anaqueles y portadas – creo que no cabe decirlo aquí, pero es palpable lo vacío que están los anaqueles aunado con la ausencia de nuevos lanzamientos editoriales- Sin embargo, el último recorrido realizado tenía una misión adicional: conseguir un libro que contrarrestara mi tristeza y ayudara a calmar el demonio interno que a veces quiere salir. Miraba las portadas intentado capturar un título que calmara la sed, la congoja, la zozobra…Por un momento pensé que esta vez no lo iba conseguir, no iba a lograr obtener el bálsamo de Fierabrás en las librerías como lo he hecho en otras oportunidades. Al contrario, se estaba sumando otra aflicción más –ya van varios sinónimos para esta inusitada tristeza- al ver tanto espacio vacío. De repente, ante la desesperanza leo: La ridícula idea de no volver a verte
de Rosa Montero. Mi primera reacción, reírme de lo cursi del título y lo cursi que soy. No lo pensé más de dos veces y lo tomé –aquí ustedes dirán que soy una lectora bastante inexperta y amateur porque me dejo guiar por el título de un libro. De cierto modo, tienen razón. Da rienda suelta para hacer burlas y cuestionar mis posturas hacia los textos. Pero por otra, esta forma bastante simple e insensata de escogerlos ha sido mi método desde las tempranas visitas a la otrora Librería Kuai-mare. Con el libro pagado y ya en mi posesión, salgo del lugar. No veo el momento de llegar a casa. Ya en ella y con el pijama puesto, me dispongo a comenzar. El libro es bastante breve. Doscientas treinta y siete páginas divididas en diecinueve partes tituladas, lo que vaticina su rápida lectura y la plena intuición de que será igual de placentero que La loca de la casa. Antes de reseñarlo con más detenimiento, sé que hay algo que los mantiene a la expectativa ¿Realmente es un libro cursi? ¿De qué trata el libro, debido a un nombre tan rotundo que lo único que nos hace pensar es, si trata sobre el fracaso amoroso, la perdida, la ruptura? Pues no, no del todo. Aunque sí relata la pérdida. Otra cosa más, ustedes también deben estar preguntándose: ¿Por qué no leí la contraportada? En esta ocasión decidí, no hacerlo y descubrir la trama al iniciar la primera página del libro. La elección la tomé por motivos de mi estado de ánimo y para sumar otra característica estrafalaria a la selección tan intuitiva que hago de mis libros como: abrirlo en una página cualquiera, leer ésta y si me gusta llevarlo o desdeñar por completo las recomendaciones hechas por algunos amigos o compañeros. Ahora sí, es propio hablar meramente del libro y las coincidencias, aspecto último que dio pie a la escritura de esta escueta reseña. En efecto, sí narra una pérdida amorosa pero a causa de la muerte. Las coincidencias se tejen entre la autora y el personaje sobre el que escribe: Marie Curie o su nombre en polaco Manya Sklodowska. Tanto Rosa Montero como Marie Curie sufren la ausencia temprana de sus esposos. A partir de este hecho, la escritora narra las similitudes entre ambas, a pesar de las distancias y diferencias en los campos a los que se dedican. Mientras una es escritora, la otra fue una física y química de aún hoy renombre mundial. Así, la vida de Marie se muestra desde dos perspectivas. La primera, el territorio de lo científico con sus logros , su arduo trabajo para extraer el polonio y el radio y con ello su lucha para imponerse en un mundo dominado por hombres. La segunda, el lado humano, su vida, sus amores, familia, y carácter ante la vida. Producto de esta postura y actitudes Montero, en algunas ocasiones, considera a Marie Curie como una monja y mujer que no presta ni un ápice de atención hacia el arreglo personal y vestimenta. A propósito de ello, Marie sostuvo diferencias con su hija Eve, quien era todo lo contrario a ella: bonita y vanidosa. Es decir, femenina a comparación de las otras dos mujeres de la familia, quien en una ocasión Einstein, aunque amigo de la familia dijo sobre la hija mayor: Irene que parecía un granadero. Mientras que sobre su madre era fría como un pez. Y sobre esto Montero también menciona que si bien no es tan sobria en el vestir. Sí hay otro rasgo en común, además de la muerte de sus esposos. Y es que poseen una mano masculina. Esto quiere decir, que ambas tienen el anular más largo. Según estudios científicos, las mujeres que demuestren esta cualidad tienen un cerebro más varonil. A contracorriente de lo anterior expuesto y en concordancia con Montero –aunque a ella le entusiasme la idea- estos estudios son muy superficiales y rara vez aciertan con la realidad. Sin embargo, estas banalidades no opacan ni la genialidad de la vida de Marie, ni la del libro. Lo interesante es ver cómo se muestra una mujer desde su lado humano y cotidiano. En el cual junto con su firme compromiso con la ciencia, se agrega el de su labor como madre, esposa y mujer trabajadora (profesora en institutos y después de la muerte de Pierre, en la Sorbona). Entonces, en este entramado de coincidencias tenemos la vida de Curie y Montero. Al respecto Alejandro Gándara expresa después de que Montero le confiara el libro con el fin de recibir críticas: “En el libro están Marie y Pierre, y por otro lado estás tú. Pero Pablo no está” (p.193). Considero que Pablo sí está. Está en la ridícula idea de no volver a verte, cuando con el paso del tiempo y junto con él, la memoria no juega a nuestro a favor y poco a poco desdibujamos los rostros, las facciones pero por otro lado nos ayuda “a comprender que no hay nada tan importante ni tan espléndido como el canto de una niña bajo una higuera” Me refiero a entender que por muchas jugarretas que nos juegue la memoria, aun cuando no volvamos a ver a alguien ya sea por la muerte o una separación, siempre encontraremos un recurso para aquietar y sobrellevar lo sucedido.