Viajemos a la espesura de El corazón
de las tinieblas
Enrumbarse a tierras desconocidas supone muchos desafíos. En este cuento se describe la transformación de
un hombre virtuoso a uno aterrorizado y poseído por la locura. En su lecho de muerte
apenas alcanza a proferir: “el horror, el horror”. El corazón
de las tinieblas fue publicado en 1899. En este cuento, considerado por algunos
novela breve, se percibe cómo la mirada europea se confronta con un continente
donde la naturaleza parece corporeizarse hasta doblegar a individuos ejemplares
en seres deplorables.
Desde el principio el ambiente es
el protagonista. En la goleta Nellie parten del Támesis con dirección a tierras
africanas.
Solo la penumbra al oeste, rumiando
desde las alturas, se hacía más oscura a cada minuto, como enfurecida por la
proximidad del sol. Y por fin en su imperceptible parábola, al sol acabó de
hundirse y del resplandor blanco pasó a un rojo sobrio que no emitía rayos ni
calor[1],
como si estuviera a punto de apagarse, ahogado a manos de aquella penumbra
morosa que se alzaba sobre las multitudes de la ciudad.
Los marineros, entre ellos Marlow
es un veterano. Su vida ha transcurrido entre los mares y ríos del continente
africano. Es uno de los tripulantes de la goleta. Gracias a él conoceremos
paulatinamente la historia del señor Kurtz. Similar a una muñeca rusa avanzamos
en la trama. Solo nos damos cuenta de la estrategia narrativa hasta bien
avanzadas las acciones pues, así como no hay vuelta atrás en el barco tampoco
en el hecho de conocer el destino del señor Kurtz, quien se desempeñó como
administrador de la compañía. Sobre él se enviste un aura de incertidumbre. En
primer lugar, porque no aparece en el relato, sino hasta el final. En segunda
instancia porque otros personajes de relleno tienen una opinión muy honorable.
En el caso de Marlow la sombre de la reputación crece tanto que la curiosidad
lo asalta cada vez más:
Tenía tiempo
de sobra para meditar y una que otra vez me ponía a pensar en ese tal Kurtz. No
es que tuviera especial interés en él, no. Pero sí tenía curiosidad por ver si
este hombre, que había llegado al país equipado de ciertas ideas morales,
conseguiría escalar a lo más alto después de todo, y cómo desempeñaría sus
funciones una vez que ascendiera hasta allí.
Detengámonos en las suposiciones
del marinero. Con el condicional “si” junto con la frase: “había llegado al
país equipado de ciertas ideas morales, conseguiría”; objeta, pone en tela de
juicio la ejemplaridad del hombre. ¿Por qué razón? Porque él sí conoce esas
tierras y sabe, de primera mano, cómo corrompe a los seres, cómo los convierte
en un espectro o los deja en la nada. Y es debido a este mecanismo de saber del
otro que puede entender la transformación del honorable administrador de la
compañía.
Líneas arriba había mencionado el
carácter esencial del entorno: la naturaleza engulle a los hombres y los habitantes
son solo vasallos de ella. Expreso esta razón porque no estoy de acuerdo en el planteamiento
de algunos críticos sobre la idea de que el autor haya degradado a los
africanos porque no les confirió voz ni acciones. Para mí es plausible por el
semblante desolador que debía tener la naturaleza no solo en el hombre blanco,
sino en todos los hombres sin distinción de color de piel debido a que si la
naturaleza es tan amenazante se debe a la venganza por la posesión indebida de
los recursos de la tierra: para efectos de la narración es el marfil. Asimismo,
se ratifica porque era un camino creíble para un autor europeo del siglo XIX.
Creo que leer el cuento es clave para todos
aquellos que quieran abrir la puerta de la literatura que aborda la colonización.
En nuestro continente existen ingentes estudios al respecto, solo que África se
asoma como un tema muy lejano, pero a diferencia de lo que muchos puedan
pensar, sí se pueden establecer redes para entender el pasado de dominio
europeo por sobre otras poblaciones no solo la americana.
Leí este libro impelida por múltiples blogs de
viajes que muestran al continente africano como una tierra tan desconocida, tan
inmensa precisamente por la naturaleza indómita. Creo que cuesta mucho
entenderla, pero creo, también, que ha faltado paciencia y dedicación para
entender un continente que solo ha sido expoliado y rara vez recibe mérito
alguno. Solo es noticia por la violencia de los levantamientos de los caudillos
vehementes de turno. ¿Esa violencia es la naturaleza que reclama la deuda que
tiene la historia? ¿Esa violencia es la necesidad de perdón, verdadera
reconciliación y comprensión? Siento que la balanza gira hacía esa acción. Hoy más
que nunca cuando se siguen asomando situaciones de supremacía de una nación
ante otra. Los pueblos no han aprendido la lección. Por eso Marlow como
narrador pareciera apreciarse tal cual como si lo observáramos con unos
binoculares: a ratos delinea bien la historia, en otros nos la muestra desde la
distancia.
Al margen y en el margen de la lectura
Algunas películas se han
inspirado en El corazón de las tinieblas. Es el caso de Apocalipsis Now cuyas acciones se despliegan en la Guerra de Vietnam
del director Francis Ford Coppola en el año 1979. Otro caso
es en 1990 cuando Román Chalbaud dirigió El corazón de las tinieblas versión
inspirada en el cuento.





