Un armonioso libro de bolsillo. Fundamental para reafirmar el valor de la lectura en esta época donde la inmediatez y las telecomunicaciones parecieran querer desplazar a los libros y la literatura. Nueve capítulos que esgrimen argumentos objetivos y también propios del mundo interior sobre las razones para nunca alejarnos de la lectura.
Al contrario, acercarnos cada vez más a ella bien sea por motivos de gimnasia mental o para descubrirnos en historias que aunque narren al otro revelan cuán empáticos somos. También para revelarnos como narradores. Quizá no todos tengamos los dotes de Sherezade, pero esa necesidad de narrar sí está presente. Es por esa razón que Vallejo expresa que si bien somos un raza frágil, muy vulnerable ante virus microscópicos, tenemos el don del asombro y esa virtud se demuestra cuando sucumbimos y nos deleitamos con las palabras. Actos de habla concebidos para todo fin y propósito.
De todos esos, el favorito de muchos -también el mío- es el estético, donde las historias de ficción tiene vida en ese pacto que hacemos como lectores. De allí que Vallejo exprese que nuestra verdadera fortaleza como raza es la creatividad. En ella insuflamos esperanza y si la estampamos con las alas de la imaginación, lo que soñamos si bien puede ser imposible, al soñarlo, al concebirlo en palabras tarde o temprano se convertirá en algo real, nos lo dice también la autora. Idea con la cual estoy completamente de acuerdo. Razón por la que en mis momentos más lúgubres los libros se han convertido en refugio.
¡Busca el libro y encuentra muchas más inspiradoras razones para que te conviertas en un preciado lector!
