Allie Fox aborrece el
estilo de vida norteamericano. De forma abrupta decide trasladarse con su
familia, sin ni siquiera preguntarles, hacia los confines del mundo en una
aventura donde no habrá vuelta atrás. Gracias a su estrafalaria e hilarante
genialidad construye, en medio de la selva hondureña, un súper goloso de
refrigeración que llaman “Niño gordo” tan innecesario como superfluo; gran
ironía porque si odia el American way of
life en todo momento busca comodidades para evitar cualquier indicio de
salvajismo, como él le llama.
Este es el planteamiento
de la novela La costa de los mosquitos
publicada en 1981 para el sello editorial Andanzas y en 1997 para Fábula
Tusquets Editores por Paul Theorux conocido por sus libros de viajes, en el
especial El gran bazar del ferrocarril.
Desde mi perspectiva, el protagonista en la novela se lleva todo el mérito. Más
allá del guiño con Robinson Crusoe resulta muy quijotesco porque Allie es un
idealista; procura el bien para el mundo, pero detesta sus avances y la
civilización que los ha desarrollado.
De allí la ironía, al
tener la capacidad de ver lo que está mal en el mundo –desde la óptica de Allie
Fox casi todo- y a la par reír a cada instante a costa de los reveses de este
hombre que parece un niño caprichoso que siempre quiere ser el centro de
atención, comenzando por su familia para quienes es palabra sagrada todo lo que
dice. Al respecto su esposa no hace más que alabarlo, su hijo mayor se queda
entre embelesado y asustado y sus gemelas lo adoran por cada invención. Al
respecto:
Yo no hice esa silla ni fabriqué
el masajeador de pies para retirarme con cincuenta mil dólares. Lo hice por el
lumbago y el dolor de pies, y, si de paso puedo aliviarle a alguien el dolor,
mejor que mejor. Así soy. Pero usted quiere engañar al mercado y hacer oro eso
no es hacer negocios eso es robar (…) usted estuvo muy frío con mi heladera.
(p.47-48).
Aunque los diálogos
directos otorgan mayor verosimilitud a los personajes, la obra está narrada
desde la perspectiva de su hijo mayor Charley quien es el testigo de los
cambios que poco a poco se van produciendo en su padre hasta convertirse en una
aventura, en efecto, comandada por un loco que sin querer ocasiona el declive
de su familia: los niños desnutridos y piojosos; en harapos y sin un hogar
certero.
Cabe mencionar que durante
la lectura me la imaginaba como una película. Luego al indagar sobre una
posible producción me encuentro que hubo una versión en 1986 protagonizada por
Harrison Ford. Aquí les incluyo el enlace del tráiler https://www.youtube.com/watch?v=UtW_Y9M8HhE
bien valdría la pena echarle un vistazo a ver cuánto queda del estilo del
autor.
Volviendo al hartazgo del
protagonista por el consumismo exagerado en su país, este aspecto hace que sin
darme cuenta los últimos libros leídos guarden similitud. Quizá se debe a que
algunas tramas son el resultado de la pugna con el estilo de vida actual. No
quiere decir que debe desecharse y dar un giro drástico, pero tiene que ser una
razón de peso por la que buena cantidad de tramas así son el motor de arranque para iniciar una
historia. El cambio para Allie fue trasladarse a la selva inhóspita, pero para
la civilización tal vez no sea posible un vuelco total y solo quede consolarse
entre las páginas construidas desde la ficción. Asimismo, no busqué que
guardaran ningún nexo porque quiero que estas lecturas las marque el deleite,
pero detrás de esa intención naif se
esconde el hecho de entender los síntomas de una época. Al margen de las
teorías conspiratorias que pululan como moscas, los autores posiblemente
intenten explicarse –desde la ficción-
por qué nos estamos ahogando en este mar de locura, hacía dónde vamos, cuál es
nuestro destino porque lo que sí es cierto es que llegamos a los excesos y
estos son el terreno para la irracionalidad como la que cobró la vida de Allie.

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