lunes, 20 de abril de 2020

Reseña de Carpe Diem, Saul Below

Carpe Diem

Cada vez estoy más convencida de un verso y canción de Sabina: “Nacido para perder”. No quiero que se me malinterprete, no se trata de victimizarme (se), pero es que hay personas que se les hace tan difícil alcanzar su sueños y no me vengan con que les ha faltado trabajo. Este es un poco el argumento de Carpe Diem, en el cual su protagonista: Wilhelm al haber vivido cada día como si fuese el último, termina preocupado por una vejez que está a la vuelta de la esquina y encima timado por otro mucho mayor que él deambulando por el bulevard de los sueños rotos…realmente no, pero sí en medio de  calles con mucha similititud: las calles de Nueva York.
Las acciones de la novela transcurren en apenas un día, pero por medio de un narrador omnisciente conocemos muy de cerca  la vida de Wilhelm, de estudiante promedio, actor figurante a trabajador y hombre de familia en bancarrota. Porque su gran preocupación es el dinero, cómo  hacer dinero, qué hacer para tener, pero no poco sino lo suficiente para quitarse a su ex¬-esposa del camino y todas las deudas. Pareciera que en cualquier momento el hombre estuviera a punto de sufrir un ataque cardiaco. Él mismo admite que su vida ha sido un puñado de malas decisiones, pero solo quisiera tener una ayuda, un rescate financiero de parte de su padre, el doctor Adler. No obstante, se niega rotundamente mientras lo único que hace es exteriorizar por medio de un monologo interno todos los defectos de su hijo. 

¿Será que hemos entendido mal esta consigna del Carpe diem? Nos juzgan si somos unos sibaritas, pero nos reprochan, también, el hecho de no poder hacer un alto si se vive trabajando hasta el fin? La clave es el balance, pero ese balance es una gran estratagema. Por eso esta novela parece tan actual aunque se publicó en el 50 del pasado siglo. Esto permite entrever que de forma muy, pero muy lucida el autor ya sabía cuáles iban a ser los grandes problemas de esta oprobiosa modernidad, pero en la que no nos queda otra que aprender a vivir. 

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