jueves, 9 de octubre de 2025

Impresión de: Elefanta Suite, 2007

 

Impresión de: Elefanta Suite, 2007 Paul Theroux

368 páginas

Tres micro novelas reunidas bajo el título Elefanta Suite publicada en el año 2007, por el sello editorial Alfaguara. Paul Theroux es reconocido por sus libros de viajes como El gran bazar del ferrocarril o En el gallo de hierro, a la par de pertenecer al género de viajes conviene decir que son historias cuyos desplazamientos se centran en el encuentro con personas del país de origen y sus costumbres. Quiere decir que, aunque el paisaje está presente, la comida y los colores locales, el verdadero motor para leer a este autor es, desde mi opinión, su capacidad para crear personajes y la atmosfera que ellos crean. Confrontar la cultura, la religión y las convenciones sociales entre Oriente y Occidente se percibe en su narrativa tanto de viajes como en el de aventuras, es el caso, también, en La costa de los mosquitos.  

Monkey Hill, La puerta de la India y El dios elefante dan cuerpo al libro. El argumento de las tres es, por supuesto, el viaje. Algunos por placer y descanso, otros por trabajo (externalizar empresas), y el año sabático de una recién egresada de la universidad.  Estos extranjeros, aunque siente fascinación por la India, no dejan de ser ciudadanos que miran el mundo desde la mirada occidental. Y no puede ser desde otra forma, solo que de allí radica el conflicto para dar motivo a las narraciones. Es el artificio para dar cuerpo al conflicto y, precisamente, el motor para desarrollar la trama.

En Monkey Hill, Audie y Beth Blunden, esposos con más de veinticinco años de casados se refugian en un hotel de lujo a las afueras de la ciudad. En el tiempo de la narración trascurren, al parecer, más de tres meses. Así como su vida rutinaria en Boston, salen todas las mañanas a desayunar en la terraza del hotel y luego a darse“tratamientos”. Estos comprenden yoga, masajes terapéuticos, baños en la piscina y de sol. Un asomo del pasaje nos lo evidencia:



Durante unos cuantos días, Audie y Beth encontraron razones para estar ocupados, para mantenerse aparte uno del otro incluso en el preciso instante en que, unas semanas antes, habría estado juntos con tal puntualidad contemplando a Agni y sus gentes. (…) los dos agradecían que el otro se lo tomara todo como si tal cosa, pues en el pasado parecían haber estado de acuerdo en que la soledad era muestra de egoísmo. (p.75).

 

Son escasas las expediciones a Hanuman Nagar[1] ciudad donde está ubicada la suntuosa hostería por tanto, el color local no brota en esta narración –ni en las otras-, pero sí la constante forma en que los indios consideran a los extranjeros y viceversa. En la rutina de los esposos, cada uno, poco a poco se distancia. Ambos parecen caer en el hechizo, en la “curiosidad” sobre ciertos trabajadores del hotel. Audie, se siente atraído por Ana, quien le otorga vivificantes masajes. Mientras que Beth, conoce a Satish, quien la salva de unos monos rastreros que se habían colado en las instalaciones de la piscina. Entonces, es aquí cuando conocemos la psique de los personajes y les quitamos la careta. Audie siempre ha sido un infiel empedernido y Beth la mujer que se queda en casa, en el fondo, sabía de sus andanzas. Solo que en este viaje también sucumbe ante un misterioso chico. Entonces, la novela cobra mucha más relevancia porque no es la estampa de un país, sino un rasgo de la condición humana: las relaciones de pareja y la infidelidad. Lo que iba a ser un refugio para un matrimonio donde quedan excluidas las infidelidades, por tedio, por cansancio, por no sé qué terminan ocurriendo. Y este punto quizá también sucumbe la esposa quien no había tenido ocasión de ser desleal. Tal vez por pensar que era oportuno durante las vacaciones y por encontrarse fuera de las convenciones de su país. Todo dará un giro inesperado, producto de la ignorancia de esta pareja por el trato y las costumbres hacia los trabajadores y los lugareños.

En La puerta de la India, Dwight, el protagonista es un empresario bostoniano quien en su primer viaje a la India se niega a explorar la ciudad. Solo va de la empresa a la Suite Elefanta. Consume latas de atún y agua mineral. Mira y repudia con asco a la ciudad desde balcón de su privilegiada habitación. En el segundo viaje tiene lugar la transformación:

Al contemplar ahora la Puerta de la India desde la sala de juntas de la última planta de las Torres de Jeejeebhoy vio los almacenes, los muelles, las sogas enroscadas (…) no sabía qué sacar claro de todo ello, con la excepción de que la India ya no le inspiraba ningún miedo. (p. 145).

 

Pronto entabla amistad con su colega jainista. Hablan cada vez más. Dwight copia algunas costumbres alimenticias y rutinarias de Shah. También deambula por la ciudad con el anhelo de tener otro encuentro sexual con una adolescente. Es aquí donde tiene lugar la transformación. En el protagonista nos percatamos a un personaje complejo quien esconde dos verdades: la satisfacción sexual/sensual con jovencitas y la cercanía hacia lo místico y simplicidad siguiendo algunos preceptos del jainismo.

Dwight no lo sabe, pero la transformación que ocurre en él es quizás la misma que han tenido centenares de occidentales: la liberación. Liberarse de su pasado, de sus preceptos. Ser libre, pero sin saber de qué desatarse.

La última novela es El dios elefante –mi favorita-, Alice viaja con su amiga Stella por la India. A los pocos días su amiga la abandona para ir tras el amor. A partir de ese momento Alice viajará sola. Tiene la intención de pasar una temporada en un retiro espiritual de Sai Baba. Allá lograr llegar. En el camino conoce a Amibath, quien por cosas del destino luego la ayudará a encontrar trabajo y será su alumno. Todo dará un giro terrible en el que se confronta el misticismo, el karma y el lugar que ocupamos los hombres y las mujeres en el mundo.

Percibo que Theroux ironiza al occidental[2]. Al inicio de los relatos los muestra como los únicos que tienen la razón. De tal manera que, durante la trama, los va desarmando. Lo deja sin argumentos. Al final, atrás han quedado esos occidentales como fuente de la cordura. Ahora se perfilan como marionetas a la voluntad de los lugareños (como Shah lo usa para que cuide el cargamento de arroz y así entablar contactos comerciales con los colegas conocidos durante la estancia de este en EE.UU. O como Sumitra los despoja de dinero y le pide regalos con su cantaleta de que fue violada por todos los hombres de su familia. Es decir, los personajes oriundos de la India saben llevar, emular muy bien su rol de desposeídos, analfabetas, incautos, víctimas para, con mucha astucia, aprovecharse del turista/extranjero, occidental.

Por eso vale la pena leer a Theroux. En todos sus personajes hace una muy buena representación de la psicología de los hombres y mujeres occidentales. En este caso el retrato entre los modos de vida de los occidentales, en específico de Estados Unidos (quizá porque es lo que conoce y por ser del país) en contraposición con Oriente. Es preciso decir, solo de la India. La imagen que hace es valiosa porque no se idealizan los países o las costumbres solo se muestran tal cual son. Y sin ánimo de generar polémica, al ser visitantes en un país, por mayores vicisitudes que pueda tener, hay que ser cautos con el comportamiento y lo que se diga. Es una excelente lección hoy más que nunca que pretendemos ser ciudadanos del mundo y estamos cada vez más apegados a las costumbres necias de la aldea.

Al margen de…

 Líneas arriba dije que fue mi favorita. Lo fue en relación con el encuentro entre el elefante que Alice visita en las inmediaciones de la ciudad. Ella siente que es Ganesh y yo me cuento en esa aceptación. Luego de más de una desafortunada vicisitud que tiene que vivir. En Ganesh y quienes lo cuidan encuentra sosiego y es el sosiego junto con esa calma la mística lo que siempre me ha conmovido de la India. Es una fascinación de la cual solo puede argüir que puede resultar de un atavismo. ¿No les ha pasado que conocen ciudades, lugares, establecimientos y personas como de hace mucho tiempo atrás? Eso siento con la India. Quizá esto es muy halado de los pelos decirlo, pero de allí fue la cuna de la humanidad: del valle del Indo.



[1] Ciudad de la India, frontera con Nepal.

[2] Lo hizo en La costa de los mosquitos, 1981. Aunque en ella es el planteamiento del hombre doblegado por la naturaleza. El tremedal termina casi que devorando al hombre. En este caso no por un afán civilizatorio, sino por un irrespeto o superioridad del hombre frente a lo ancestral.


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