jueves, 18 de septiembre de 2025

Impresiones del libro Adiós Miss Venezuela

 

Adiós Miss Venezuela (2016), Francisco Suniaga

280 páginas

 

En el imaginario venezolano casi toda niña ha soñado alguna vez con ser Miss Venezuela. María Genoveva Herrera Becher, perteneciente a la clase alta venezolana formó parte de la excepción, pero como digna reina de belleza –y protagonista- supo llevar la corona por lo que para efectos de esta novela significa ser querida y recordada como la embajadora de lo bueno, lo auténtico y lo sublime, características de la belleza.



En Adiós Miss Venezuela, compuesta por 33 capítulos nos reencontramos con el abogado de ética intachable José Alberto Benítez y con él a la Venezuela que ha trasegado los últimos años como mejor ha podido. En Benítez pudiésemos tener la representación del venezolano clase media educado gracias a la bonanza petrolera en el exterior, pero por más contradictorio que parezca nunca migró –ni creo que llegue a migrar. Este personaje resulta clave para observar y analizar bien cerca a la gran cantidad de venezolanos que nos quedamos no por gusto, no por amor a determinada tendencia política, sino simplemente porque la vida designó que este fuese, quizá, el destino. No se me había ocurrido perfilar a Benítez desde esta óptica, pero justo terminé el primer párrafo y pienso introducir al protagonista y con él decir que es más un reencuentro porque ya lo habíamos conocido en La otra isla, se me ocurre que sí. En efecto, Benítez encarna  a los individuos buenos que mantienen a flote este país de locos.

En cuanto al argumento principal, desde el primer capítulo sabemos que la Beba Herrera como es conocida la muy querida Miss Venezuela cometió suicidio. Entonces las acciones giraran a desvelar los motivos al parecer ocultos de tal suicidio. Por lo que el esposo contrata a José Alberto y este se embarca en una investigación sobre los motivos del acto.

Acompañan a esta historia otras dos simultáneas que giran en torno al Miss Venezuela. La segunda en importancia pudiese ser la decadencia del certamen como franquicia y producto durante los últimos años. Para narrarnos tal venida a menos las acciones recaen en Oscar Llabrés, conocido como el Rey de la Belleza –evidente guiño a Osmel Souza conocido como el Zar de la belleza-  conocemos su llegada a Venezuela, su inclinación sexual y por supuesto ese talento innato de reconocer y crear belleza al punto de exportación. Sobre él se suscitarán otros intríngulis ligados a la falta de recursos para sostener la calidad del concurso y así como todo el mundo se va, el concurso abrirá sus alas para radicarse en Miami.

Otra de las historias que dan vida a una noche tan linda versión escrita es el origen de Anacmer Gómez cabecilla de las mujeres militantes al partido de izquierda y su afán por manchar la reputación de la Beba solo para garantizar la destrucción de las clases poderosas, pero como buen narrador que es Suniaga no se encarga solo de narrar ese episodio, sino ofrecernos pinceladas del pasado de la militante, de su padre fundador y de la raíz de un resentimiento hacia la burguesía que ni siquiera ella tiene claro aunque haya sido una estudiante con honores de la escuela de Sociología de la UCV.

En las anteriores líneas bosquejé las principales acciones y personajes. Ahora bien, lo que atrae de leer a Francisco Suniaga es, desde mi apreciación, que logra engancharnos y sentir que no estamos leyendo, sino escuchando una historia al atardecer en la plaza Bolívar como lo hace el protagonista junto con su amigo el psiquiatra Pedro Boadas.

Siento tanto esta fascinación de la grandeza del acto de narrar porque provoca conocer al autor y contarle nuestros secretos al punto de que los transforme en cuento o novela. En este punto recuerdo que otro personaje, una candidata del Miss Venezuela, ya septuagenaria mientras Benítez la visitaba para contarle un episodio de su vida ligado con el suicidio, cierra la entrevista diciéndole  que lo que provoca es contarle los secretos. Considero que es una forma muy natural de ser, un don que tienen algunos venezolanos… auténtico, sin pose alguna.

Por lo que para mí el hecho de ser margariteño tanto el narrador como el personaje protagonista y los que lo acompañan no crea fronteras, sino que las difumina al representar al venezolano del interior. Ese que mira a la urbe caraqueña con asombro, extrañeza, pero sin miedo alguno porque sabe que su provincia –como gustan de llamar al interior del país los académicos- es protagonista, testigo de una Venezuela más grande, quizá o no más consciente que mira con cautela lo que pasa en el centro y aunque muchas veces se dejó seducir, también ha sido juez ante el oprobio.

Entonces si quieres escuchar nuestras alegrías y tristezas en esta hora oscura como nación, pero desde la belleza o la vanidad te invito a leer Adiós, Miss Venezuela. Te aseguro que saldrán a la luz muchos puntos ciegos de lo que significa la belleza en este país tropical.

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