Adiós Miss Venezuela (2016), Francisco Suniaga
280 páginas
En el imaginario venezolano casi toda niña ha soñado alguna vez con ser
Miss Venezuela. María Genoveva Herrera Becher, perteneciente a la clase alta
venezolana formó parte de la excepción, pero como digna reina de belleza –y protagonista-
supo llevar la corona por lo que para efectos de esta novela significa ser
querida y recordada como la embajadora de lo bueno, lo auténtico y lo sublime,
características de la belleza.
En Adiós Miss Venezuela,
compuesta por 33 capítulos nos reencontramos con el abogado de ética intachable
José Alberto Benítez y con él a la Venezuela que ha trasegado los últimos años
como mejor ha podido. En Benítez pudiésemos tener la representación del
venezolano clase media educado gracias a la bonanza petrolera en el exterior,
pero por más contradictorio que parezca nunca migró –ni creo que llegue a
migrar. Este personaje resulta clave para observar y analizar bien cerca a la
gran cantidad de venezolanos que nos quedamos no por gusto, no por amor a
determinada tendencia política, sino simplemente porque la vida designó que
este fuese, quizá, el destino. No se me había ocurrido perfilar a Benítez desde
esta óptica, pero justo terminé el primer párrafo y pienso introducir al
protagonista y con él decir que es más un reencuentro porque ya lo habíamos
conocido en La otra isla, se me
ocurre que sí. En efecto, Benítez encarna a los individuos buenos que mantienen a flote
este país de locos.
En cuanto al argumento principal, desde el primer capítulo sabemos que la
Beba Herrera como es conocida la muy querida Miss Venezuela cometió suicidio.
Entonces las acciones giraran a desvelar los motivos al parecer ocultos de tal
suicidio. Por lo que el esposo contrata a José Alberto y este se embarca en una
investigación sobre los motivos del acto.
Acompañan a esta historia otras dos simultáneas que giran en torno al Miss
Venezuela. La segunda en importancia pudiese ser la decadencia del certamen
como franquicia y producto durante los últimos años. Para narrarnos tal venida
a menos las acciones recaen en Oscar Llabrés, conocido como el Rey de la
Belleza –evidente guiño a Osmel Souza conocido como el Zar de la belleza- conocemos su llegada a Venezuela, su
inclinación sexual y por supuesto ese talento innato de reconocer y crear
belleza al punto de exportación. Sobre él se suscitarán otros intríngulis
ligados a la falta de recursos para sostener la calidad del concurso y así como
todo el mundo se va, el concurso abrirá sus alas para radicarse en Miami.
Otra de las historias que dan vida a una noche tan linda versión escrita es
el origen de Anacmer Gómez cabecilla de las mujeres militantes al partido de
izquierda y su afán por manchar la reputación de la Beba solo para garantizar
la destrucción de las clases poderosas, pero como buen narrador que es Suniaga no
se encarga solo de narrar ese episodio, sino ofrecernos pinceladas del pasado
de la militante, de su padre fundador y de la raíz de un resentimiento hacia la
burguesía que ni siquiera ella tiene claro aunque haya sido una estudiante con
honores de la escuela de Sociología de la UCV.
En las anteriores líneas bosquejé las principales acciones y personajes.
Ahora bien, lo que atrae de leer a Francisco Suniaga es, desde mi apreciación,
que logra engancharnos y sentir que no estamos leyendo, sino escuchando una
historia al atardecer en la plaza Bolívar como lo hace el protagonista junto
con su amigo el psiquiatra Pedro Boadas.
Siento tanto esta fascinación de la grandeza del acto de narrar porque
provoca conocer al autor y contarle nuestros secretos al punto de que los transforme
en cuento o novela. En este punto recuerdo que otro personaje, una candidata
del Miss Venezuela, ya septuagenaria mientras Benítez la visitaba para contarle
un episodio de su vida ligado con el suicidio, cierra la entrevista diciéndole que lo que provoca es contarle los secretos. Considero
que es una forma muy natural de ser, un don que tienen algunos venezolanos…
auténtico, sin pose alguna.
Por lo que para mí el hecho de ser margariteño tanto el narrador como el
personaje protagonista y los que lo acompañan no crea fronteras, sino que las
difumina al representar al venezolano del interior. Ese que mira a la urbe
caraqueña con asombro, extrañeza, pero sin miedo alguno porque sabe que su
provincia –como gustan de llamar al interior del país los académicos- es
protagonista, testigo de una Venezuela más grande, quizá o no más consciente
que mira con cautela lo que pasa en el centro y aunque muchas veces se dejó
seducir, también ha sido juez ante el oprobio.
Entonces si quieres escuchar nuestras alegrías y tristezas en esta hora
oscura como nación, pero desde la belleza o la vanidad te invito a leer Adiós,
Miss Venezuela. Te aseguro que saldrán a la luz muchos puntos ciegos de lo que
significa la belleza en este país tropical.

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