Lluvia, (2004). Victoria de Stefano
¿Cómo es la rutina de un
escritor? Digo la rutina propia del oficio y la rutina del día a día, esa que
está pendiente del café, de abrirle al jardinero, de visitar a los amigos, de
caminar por las calles aledañas a la casa y escuchar la bullaranga de los
muchachos. A esas dos modalidades podemos acercarnos con Lluvia, (2006).
Sentarse en el escritorio, a esperar que se disipe tanta mundanidad dispuesta
a continuar porque las palabras esperan y permitan que, similar a una lluvia
torrencial, broten ideas bien hilvanadas para culminar el capítulo y así darle
forma a la novela.
No obstante, procrastinar también
es de escritores y esperando a la musa disciplinada se sumerge en un autor,
otro y otro más. Al respecto, mientras lee a Coleridge en Biografía
literaria para Wordsworth la facultad suprema del espíritu estaba en crear asociaciones (p.102).
De esta manera, y muy
personalmente, el departir entre su vida rutinaria, y la creación artística es
la forma de crear esas asociaciones, como el narrador mismo lo dice en el párrafo
siguiente mientras José poda el níspero: “la curiosidad del escritor puede ser
impertinente, me cuido de que la mía no sea demasiado voraz haciendo como si
estuviera ahí para gozar del aire libre” (p.102).
Entonces a unos nos puede parecer
que esa curiosidad ciertamente es muy impertinente por sus disquisiciones entre
una lectura y otra. A contrapunto de otros, a los que puede deleitarnos porque satisface la
curiosidad de saber qué lee, quiénes son los autores, ¿será que esa terreno
ficcional es el mismo de la realidad? Así como cuando éramos niños y pensábamos
desde nuestro ser más íntimo que las hadas y las criaturas míticas sí existen…aún.
En concreto, las entradas del
diario para entrever sus lecturas es un gran logro, así lo percibo porque perderse
entre las ideas de otros para llegar a alcanzar una mucho más nítida, diáfana,
tal vez es una gran estrategia. Aunque
las imágenes no lleguen; o se escapen y nosotros lamentamos esa perdida de la concreción
del rumbo de las palabras y a la vez adoramos esa dispersión entre ideas sublimes
que a veces alimentan nuestro ser y otras nos dejan un gran signo de interrogación
en la cabeza.
Las líneas anteriores son mis ideas
sobre Lluvia. La leí por segunda vez de a poquito porque a veces me
costaba desconectarme de mi realidad. De la primera no recuerdo nada, pero celebro,
celebro mucho que con esta segunda lectura pude lanzar un hilo invisible a Emily
Dickinson (no la nombraron, pero yo la relacioné con fervor), y a Virginia Wolf
a quienes todavía me falta por leer la mayoría de sus obras. Lo cierto es que
fue esos nombres los que asocié y quise moverme a leer.
No leí Paleografías y eso
que la tengo desde hace muchos años. Considero que aún no me ha llegado el
tiempo para estar con ella. Sí recordé Pedir demasiado, (2004) publicada
por la Fundación Bigott, otra novela de Victoria que más o menos va sobre el
duelo por la perdida del prometido y la empatía del padre por acompañar en el
duelo a su hija.

Excelente reseña, Vanessa, asociaste la lectura de Lluvia y a la autora con Emily Dickinson ¿ por alguna razón en especial?
ResponderEliminarSí, por la escritura a modo diario. Como dice la señora Alicia Jiménez: una prosa poética que me decía que revisará/hojeará a Emily. Sé que esto es muy escueto, pero es lo que me sucedía. Emily aparecía y desaparecía entre mis lecturas.
Eliminar