miércoles, 14 de enero de 2026

Impresión de Eugenia Grandet, Honoré de Balzac

 

Un reencuentro con la novela realista: Eugenia Grandet

Honoré de Balzac

1833

153 páginas

Edimat Libros

 


El reencuentro con la página en blanco después de haber seleccionado los libros que leería en diciembre y establecer los tiempos de lectura. No ocurrió así, sino que salí, paseé, comí, hablé, vi películas y series. A ratos leía a ratos no. Conseguí trabajo, Un trabajo que me permite leer, pero no literatura. Así que a dedicarse a leer artículos para ver su estructura y proponer formas de lectura y diálogos que inviten a esas personas a escribir, a proponer ideas, pero bueno este ejercicio de decantar ideas tiene el fin de soltar la mano y llegar a escribir la primera impresión del año.

Eugenia Grandet es una novela realista publicada en 1833. La historia, a través de veinticinco capítulos, da cuenta de la vida de una joven sencilla. En medio de un hogar donde las diversiones oscilan entre asistir a misa los domingos y las veladas nocturnas para jugar a la lotería en compañía de la familia y los conocidos del padre. El antagonista es Papá Grandet, un extonelero de vino que gracias a su talante avaricioso ha cosechado una fortuna inimaginable para los allegados -o quizás sí están enterados de su riqueza equiparable a la de Rico Mac Pato-. Conforme pasan los años su anhelo por más dinero no se detiene, razón por la cual se torna mucho más austero con su familia y todos los que lo rodean.

Acciones como no encender la chimenea, evitar cualquier lujo para la casa y comer de la forma más frugal tejen la vida en la casa de los Grandet.  De esta forma, Eugenia y su mamá, otra mujer que ha sabido amoldarse a las formas de su tacaño esposo, son pacientes, amorosas pero, sobre todo, por su buen semblante y pasividad cumplen los dictámenes de su esposo hasta que un acontecimiento inesperado viene a ocasionar un sobresalto en su modus vivendi.

Hasta aquí el recuento de la trama podría parecer sosa, desabrida. Puede que para algunos lo sea de esta forma, para otros no. Como a mí que siempre opto por detenerme en algún aspecto en particular del libro. En particular el hecho de ser considerada un clásico de la literatura. Honoré de Balzac fue un representante del género realista entonces más que criticar. Sí, criticar; prefiero ofrecer mis propias razones del por qué tenía que leer esta novela (aparte que siento vergüenza por no haberlo hecho debido a que bien forma parte del canon y bien pude haberlo hecho hace tiempo atrás, pero no voy a llorar sobre leche derramada como me han dicho incontable cantidad de veces durante las últimas semanas, sino que voy a seguir escribiendo mi libro de vida lectora en mis 39 años porque ya, es evidente, que van muchas menos páginas).

De la digresión volvemos al libro. Entre los elementos narrativos, en particular sobre el tipo de narrador, emplea la forma omnisciente en tercera persona. Gracias al narrador omnisciente nos adentramos a la psique de Grandet padre y Grandet hija. Son tan opuestos, pero de esta oposición saldrá beneficiada Eugenia aunque ya solo sea al final de la novela. Creo que quizás no todos lo vean así, pero expreso que saldrá con ventaja en el sentido, de que sabe cerrar tratos y hacer negocios. No habría podido ser de otra forma, su padre la moldeó a su semejanza.  Retorno al hecho del narrador que todo lo sabe. Es por ese narrador que sabemos cómo son ambos, pero también ofrece una perspectiva fuera del personaje. Tal ejemplo siguiente lo ilustra:

Ahora bien, ningún negocio exigió nunca más, que el que se trataba en aquel momento, el empleo de la sordera, el tartamudeo y los incomprensibles ambages en que Grandet envolvía sus ideas. En primer lugar, no quería cargar con la responsabilidad de esas ideas; en seguida quería quedar dueño de su palabra, y dejar en duda sus verdaderas intenciones. (p.606).

Obtenemos una perspectiva dual del narrador. Quiero decir, sabemos las acciones de los personajes en la narración de los personajes, pero también una perspectiva, digamos comentada por lo que dice el narrador sobre la base de algún comportamiento, juicio o actitud del personaje. La siguiente cita ilustra ese hecho: “El que conozca la más preocupada de las pasiones, aquella cuya duración se ve abreviada cada día, cada hora por la edad, por el tiempo, por una enfermedad mortal, ese y solo ese: comprenderá los tormentos de Eugenia”. (p.633).  Aquí no es el narrador bajo ningún personaje. Es el narrador desde un punto cero o tomando distancia con el fin de expresar cómo se siente Eugenia. Tal enunciación ocurrirá con los otros personajes.

Otro aspecto para hacer mención de la novela realista es el cronotopo. Tenemos los espacios sala-recibidor. Si bien, la novela está ambientada en una zona rural francesa (Saumur) del siglo XIX. Las acciones primordiales se despliegan en espacios cerrados: la sala, lugar donde reciben a las visitas, conocen al sobrino Grandet y llegan las buenas y malas noticias; la cocina, el recinto de Nanón la fiel ama de llaves de los Grandet; las habitaciones; allí el primo Grandet sufre la muerte de su padre y destino pesaroso sin la herencia. En las habitaciones también se despide la vida y da paso a la muerte, primero de la madre y luego del mezquino padre Grandet. Toda novela realista gira su trama en espacios cerrados. Espacios donde las voluntades del hombre se despojan de toda virtud y son como su naturaleza los ha erigido. Es decir, el ambiente no moldea del todo sus estados de ánimo como se aprecia en el romanticismo. Siento que el ambiente en el realismo obliga a ser tal cual es el ser humano. Lo despoja de adornos para ser noble o vil dependiendo de las circunstancias.

Eugenia entonces como exponente del realismo es también uno de los títulos que conforma la comedia humana, el portento de obra del Balzac. Quizás quien lea la novela pueda también apreciar una dualidad entre los personajes. A Eugenia no le importa dar todo lo que tiene con el fin de ayudar a quien más ama. No lo hace una vez, sino dos veces. Mientras que el padre representa la otra cara de la moneda: la avaricia. Buen reflejo del dicho entre más se tiene más se quiere. De allí que se infiere el hecho de pertenecer a una comedia como reflexión del proceder de la humanidad. Nadie es en lo absoluto virtuoso. Si bien existe alguien extraordinario, la contraparte es que otros miembros (pesarosamente la mayoría) son desdeñables y llevan consigo los peores rasgos de la humanidad. Papá Grandet lleva la voz cantante, ni siquiera se salva por el hecho de tener una hija noble. Todo en él es deplorable. Cuando el narrador se detiene en él, en los lectores se asoma una repulsión compuesta por un cúmulo de emociones de desdén hacia la figura de este personaje. Aspecto por el que es valiosísimo leer la obra. No todas logran el fin de lograr que sintamos esa molestia hacia los personajes y eso se logra con el buen manejo del lenguaje.

Al margen y en el margen de la lectura

-Detenerse en el sabor de la lengua. Quiero decir que no todo en la lectura es extraer mensajes y significados. Lo anterior es importante, un perfecto indicador de un muy buen nivel de lectura, pero también lo es detectar las implicaciones de lo que no está explícito a través del lenguaje. En este caso las burlas hacia los personajes. En la novela los personajes secundarios:  los Crushot, los Des Grassins están al tanto de la avaricia del vinatero Grandet, pero le siguen el juego. Detectar esa burla sutil hacia el personaje principal no hace estar mucho más atentos a la lectura.  -Siga, siga usted, señor Grandet; “el carbonero es rey de su casa” –dijo sentenciosamente el presidente, riéndose solo de la alusión, que nadie comprendió. (p.551)

-También ciertos pasajes poéticos que no solo resultan eufónicos o entregan una imagen agradable, sino que deja el espacio abierto para inferir otros mensajes. Esto lo asocio con una posición leída en La sal de ayer. Margot Benacerraf como entrevistada en su posición de directora le expresa al entrevistador que no todo debe ser explícito a través del cuadro, de la escena. Una imagen denota, pero también sugiere. Este es el punto álgido de la buena literatura: sugerir. Es el caso del siguiente pasaje: “sus almas se habían desposado con ardor, tal vez antes de aquilatar la intensidad de los sentimientos que los unieron” (p.625).

Bien podría pensarse que hubo un encuentro sexual. Lo que es inconsistente para efectos de la trama y de la verosimilitud del personaje (joven burguesa de buena familia con muy arraigados valores religiosos donde tan solo una caricia es inconcebible).  Sin embargo, la potencia del mensaje hace que pensemos, así sea por un instante, que sus almas se fusionaron en el deseo.  Independientemente de esta idea, el narrador en páginas siguientes hace el mensaje más explícito y nos aclara que tan solo fue un beso: “después del beso dado en el pasadizo, las horas huyeron para Eugenia con una rapidez espantosa. A veces sentía irresistibles deseos de seguir a su primo” (p.633).

-Como lectores notaremos que, a medida de que avanzamos en las páginas existen conexiones con otras obras y códigos del arte. Al inicio del capítulo XVI hay una clara alusión a los amantes que sucumbieron ante el deseo y por eso fueron condenados. Me refiero a Francesca de Rimini y Paolo, escena que cada tanto se revisita en la literatura y arte en general. Desde La Divina Comedia a importantes pinturas en las que se retrata el momento en que los amantes son raptados por el deseo.



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