Un reencuentro con la novela
realista: Eugenia Grandet
Honoré de Balzac
1833
153 páginas
Edimat Libros
El reencuentro con la página en blanco después de haber seleccionado los libros que leería en diciembre y establecer los tiempos de lectura. No ocurrió así, sino que salí, paseé, comí, hablé, vi películas y series. A ratos leía a ratos no. Conseguí trabajo, Un trabajo que me permite leer, pero no literatura. Así que a dedicarse a leer artículos para ver su estructura y proponer formas de lectura y diálogos que inviten a esas personas a escribir, a proponer ideas, pero bueno este ejercicio de decantar ideas tiene el fin de soltar la mano y llegar a escribir la primera impresión del año.
Eugenia Grandet es una novela realista publicada en 1833. La historia, a través
de veinticinco capítulos, da cuenta de la vida de una joven sencilla. En medio
de un hogar donde las diversiones oscilan entre asistir a misa los domingos y
las veladas nocturnas para jugar a la lotería en compañía de la familia y los
conocidos del padre. El antagonista es Papá Grandet, un extonelero de vino que
gracias a su talante avaricioso ha cosechado una fortuna inimaginable para los
allegados -o quizás sí están enterados de su riqueza equiparable a la de Rico Mac Pato-. Conforme pasan los años su anhelo por más dinero no se detiene,
razón por la cual se torna mucho más austero con su familia y todos los que lo
rodean.
Acciones como no encender la chimenea, evitar cualquier lujo para la casa y
comer de la forma más frugal tejen la vida en la casa de los Grandet. De esta forma, Eugenia y su mamá, otra mujer
que ha sabido amoldarse a las formas de su tacaño esposo, son pacientes,
amorosas pero, sobre todo, por su buen semblante y pasividad cumplen los dictámenes
de su esposo hasta que un acontecimiento inesperado viene a ocasionar un sobresalto
en su modus vivendi.
Hasta aquí el recuento de la trama podría parecer sosa, desabrida. Puede
que para algunos lo sea de esta forma, para otros no. Como a mí que siempre opto
por detenerme en algún aspecto en particular del libro. En particular el hecho
de ser considerada un clásico de la literatura. Honoré de Balzac fue un
representante del género realista entonces más que criticar. Sí, criticar;
prefiero ofrecer mis propias razones del por qué tenía que leer esta novela
(aparte que siento vergüenza por no haberlo hecho debido a que bien forma parte
del canon y bien pude haberlo hecho hace tiempo atrás, pero no voy a llorar
sobre leche derramada como me han dicho incontable cantidad de veces durante
las últimas semanas, sino que voy a seguir escribiendo mi libro de vida lectora
en mis 39 años porque ya, es evidente, que van muchas menos páginas).
De la digresión volvemos al libro. Entre los elementos narrativos, en
particular sobre el tipo de narrador, emplea la forma omnisciente en tercera
persona. Gracias al narrador omnisciente nos adentramos a la psique de Grandet
padre y Grandet hija. Son tan opuestos, pero de esta oposición saldrá
beneficiada Eugenia aunque ya solo sea al final de la novela. Creo que
quizás no todos lo vean así, pero expreso que saldrá con ventaja en el sentido,
de que sabe cerrar tratos y hacer negocios. No habría podido ser de otra forma,
su padre la moldeó a su semejanza. Retorno
al hecho del narrador que todo lo sabe. Es por ese narrador que sabemos cómo
son ambos, pero también ofrece una perspectiva fuera del personaje. Tal ejemplo
siguiente lo ilustra:
Ahora bien, ningún negocio exigió nunca más, que el que se trataba en aquel
momento, el empleo de la sordera, el tartamudeo y los incomprensibles ambages
en que Grandet envolvía sus ideas. En primer lugar, no quería cargar con la responsabilidad
de esas ideas; en seguida quería quedar dueño de su palabra, y dejar en duda
sus verdaderas intenciones. (p.606).
Obtenemos una perspectiva dual del narrador. Quiero decir, sabemos las
acciones de los personajes en la narración de los personajes, pero también una
perspectiva, digamos comentada por lo que dice el narrador sobre la base de
algún comportamiento, juicio o actitud del personaje. La siguiente cita ilustra
ese hecho: “El que conozca la más preocupada de las pasiones, aquella cuya
duración se ve abreviada cada día, cada hora por la edad, por el tiempo, por
una enfermedad mortal, ese y solo ese: comprenderá los tormentos de Eugenia”.
(p.633). Aquí no es el narrador bajo
ningún personaje. Es el narrador desde un punto cero o tomando distancia con el
fin de expresar cómo se siente Eugenia. Tal enunciación ocurrirá con los otros personajes.
Otro aspecto para hacer mención de la novela realista es el cronotopo.
Tenemos los espacios sala-recibidor. Si bien, la novela está ambientada en una
zona rural francesa (Saumur) del siglo XIX. Las acciones primordiales se
despliegan en espacios cerrados: la sala, lugar donde reciben a las visitas,
conocen al sobrino Grandet y llegan las buenas y malas noticias; la cocina, el
recinto de Nanón la fiel ama de llaves de los Grandet; las habitaciones; allí
el primo Grandet sufre la muerte de su padre y destino pesaroso sin la
herencia. En las habitaciones también se despide la vida y da paso a la muerte,
primero de la madre y luego del mezquino padre Grandet. Toda novela realista
gira su trama en espacios cerrados. Espacios donde las voluntades del hombre se
despojan de toda virtud y son como su naturaleza los ha erigido. Es decir, el
ambiente no moldea del todo sus estados de ánimo como se aprecia en el
romanticismo. Siento que el ambiente en el realismo obliga a ser tal cual es el
ser humano. Lo despoja de adornos para ser noble o vil dependiendo de las
circunstancias.
Eugenia entonces como exponente del realismo es
también uno de los títulos que conforma la comedia humana, el portento de obra
del Balzac. Quizás quien lea la novela pueda también apreciar una dualidad
entre los personajes. A Eugenia no le importa dar todo lo que tiene con el fin
de ayudar a quien más ama. No lo hace una vez, sino dos veces. Mientras que el
padre representa la otra cara de la moneda: la avaricia. Buen reflejo del dicho
entre
más se tiene más se quiere. De allí que se infiere el hecho de
pertenecer a una comedia como reflexión del proceder de la humanidad. Nadie es
en lo absoluto virtuoso. Si bien existe alguien extraordinario, la contraparte
es que otros miembros (pesarosamente la mayoría) son desdeñables y llevan
consigo los peores rasgos de la humanidad. Papá Grandet lleva la voz cantante,
ni siquiera se salva por el hecho de tener una hija noble. Todo en él es
deplorable. Cuando el narrador se detiene en él, en los lectores se asoma una
repulsión compuesta por un cúmulo de emociones de desdén hacia la figura de
este personaje. Aspecto por el que es valiosísimo leer la obra. No todas logran
el fin de lograr que sintamos esa molestia hacia los personajes y eso se logra
con el buen manejo del lenguaje.
Al margen y en el margen de la lectura
-Detenerse en el sabor de la lengua. Quiero decir que no todo en la lectura
es extraer mensajes y significados. Lo anterior es importante, un perfecto
indicador de un muy buen nivel de lectura, pero también lo es detectar las
implicaciones de lo que no está explícito a través del lenguaje. En este caso
las burlas hacia los personajes. En la novela los personajes secundarios: los Crushot, los Des Grassins están al tanto
de la avaricia del vinatero Grandet, pero le siguen el juego. Detectar esa
burla sutil hacia el personaje principal no hace estar mucho más atentos a la
lectura. -Siga, siga usted, señor
Grandet; “el carbonero es rey de su casa” –dijo sentenciosamente el presidente,
riéndose solo de la alusión, que nadie comprendió. (p.551)
-También ciertos pasajes poéticos que no solo resultan eufónicos o entregan
una imagen agradable, sino que deja el espacio abierto para inferir otros
mensajes. Esto lo asocio con una posición leída en La sal de ayer. Margot Benacerraf como entrevistada en su posición
de directora le expresa al entrevistador que no todo debe ser explícito a
través del cuadro, de la escena. Una imagen denota, pero también sugiere. Este es
el punto álgido de la buena literatura: sugerir. Es el caso del siguiente
pasaje: “sus almas se habían desposado con ardor, tal vez antes de aquilatar la
intensidad de los sentimientos que los unieron” (p.625).
Bien podría pensarse que hubo un encuentro sexual. Lo que es inconsistente
para efectos de la trama y de la verosimilitud del personaje (joven burguesa de
buena familia con muy arraigados valores religiosos donde tan solo una caricia
es inconcebible). Sin embargo, la
potencia del mensaje hace que pensemos, así sea por un instante, que sus almas
se fusionaron en el deseo. Independientemente
de esta idea, el narrador en páginas siguientes hace el mensaje más explícito y
nos aclara que tan solo fue un beso: “después del beso dado en el pasadizo, las
horas huyeron para Eugenia con una rapidez espantosa. A veces sentía
irresistibles deseos de seguir a su primo” (p.633).
-Como lectores notaremos que, a medida de que avanzamos en las páginas
existen conexiones con otras obras y códigos del arte. Al inicio del capítulo
XVI hay una clara alusión a los amantes que sucumbieron ante el deseo y por eso
fueron condenados. Me refiero a Francesca de Rimini y Paolo, escena que cada
tanto se revisita en la literatura y arte en general. Desde La Divina Comedia a importantes pinturas
en las que se retrata el momento en que los amantes son raptados por el deseo.


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