miércoles, 21 de enero de 2026

La elegancia del erizo: impresión de lectura

 

La elegancia del erizo

Muriel Barbery

364 páginas

Editoral Seix Barral

 


La sensación de vacío, pero a la vez la satisfacción por haber terminado el libro. Más que terminarlo por el hecho cumplir el requisito individual, es la apropiación de las emociones, los sentimientos de los personajes conforme se desarrolla la trama. Es momento de llorar, pero con el llanto sabroso en el que resbalan las lágrimas como goterones de una lluvia torrencial me arranco el dolor, la tristeza y el cansancio. En suma, se libera lo necesario con la prosa de la novela.

Yo quisiera quedarme siempre en esa estación de vida. Esa que tiene lugar cuando terminamos un libro y el alma siente regocijo, placer porque cada palabra leída fue un bálsamo espiritual. Insisto: no es con el objeto de acumular un corpus de lectura, sino es por la conexión absoluta con el libro. La compañía que he recibido de los libros reafirma el hecho de que mi soledad cobra sentido para poblarlas con palabras.  Por último, diré que lloré como tenía días que no lo hacía. No crean que leo como terapia, pero sí como refugio.

El refugio apacible de las líneas que no buscan y sin embargo me encuentran y me sostienen. Hacen liviana la vida a ratos porque me regalan tanta vida (con dichas y desdichas) solo puedo agradecer porque siento que las palabras me escuchan y me dan la bienvenida. Me dejan estar, así como René dejó estar a Paloma en su recibidor.

Ahora bien, iniciemos con la impresión. La literatura cuenta con grandes historias sobre la amistad: Don Quijote y Sancho Panza; Frodo y Sam; Jo, Meg, Beth y Amy; Harry, Ron y Hermione y muchas más que no conozco, no he leído o mi memoria constantemente me juega malas pasadas y no recuerdo. En La elegancia del erizo la amistad teje los hilos de la trama. Rene Michell entabla amistades sinceras cuando es una quincuagenaria. Entre Rene y Paloma se creará una conexión tan sincera que muchos de nosotros solo podemos anhelar.

En la portería del número siete de la calle Grenelle, Rene ejerce el cargo de portera.  Cumple las funciones desde hace más de veinte años, para muchos de los habitantes del edificio pasa inadvertida y no es más que una señora mayor. Asume formas parcas y hurañas en las áreas comunes del recinto con el firme propósito de mantenerse en la clandestinidad como ella lo expresa. Mientras que dentro de sus sesenta metros cuadrados escucha música clásica, lee y relee a filósofos y escritores de renombre universal, reflexiona y debate con León, su gato sobre las clases sociales, la política y ve cine de autor. En suma, sabe apreciar la belleza porque despliega un conocimiento profundo y bien fundamentado sobre el arte.  Como guinda del pastel en sus tiempos de ocio visita museos y bibliotecas frecuentadas por un reducido grupo de académicos e intelectuales.

Saltan a la vista las razones para, si bien no desaparecer, sí querer no ser determinada por el grupo de familias adineradas, que por no querer o poder ver más allá de sus narices, en la mayoría de los casos, se les olvida mantener la cortesía, la elegancia y la educación de la clase a la que dicen pertenecer. Entonces, no habrá algún cambio entre sí Rene es educada o no, esos individuos siempre querrán mantenerse al margen y mostrar la autoridad ante un cargo menor.

Paloma vive en el mismo edificio, pero unos pisos arriba. Es una preadolescente de doce años. Sus padres y hermana viven en un castillo de cristal, jactanciosos con el dinero y abolengo, pero cada uno ensimismado en sus vidas de cenas en los mejores restaurantes, citas al psicoanalista, celebraciones y visitas al geriátrico aséptico, al contar los días para que la matriarca de la familia les dejé la herencia. Como resultado y para perjuicio de Paloma se esconde de todos en cualquier resquicio del apartamento con el único fin de poder leer y escribir, pero ha decidido cometer suicidio. Elige una fecha: 16 de junio. 

Hasta aquí, no me he bifurcado del tema. Solo quiero proporcionar contexto sobre las protagonistas y hacer un compendio de sus vidas. Y en esas acciones aún ninguna se conoce, pero son bastante similares: René se ampara bajo la clandestinidad para no ser vista por ningún habitante del recinto. Paloma se cuela por los recovecos del piso familiar para tener el menor contacto posible con su familia porque ella llegó a la conclusión de las diferencias que poseen. Los ha analizado hasta el punto de sentir un hastío mesurado.

La llegada de un nuevo propietario marcará un vuelco en la rutina. Gracias al acontecimiento, pronto Paloma y Rene se percatan del lugar que ocupa la otra. Quiero decir, ambas saben quién es cada quien, pero con la mudanza del señor Kakuro Ozu las dos experimentarán la verdadera amistad. Así como el reconocimiento en la otra, hasta el punto de ver lo que está oculto y descifrar un trauma que parecía sepultado por el tiempo.

En cuanto a la narración, es propicio mencionar que la primera persona permite obtener un panorama fidedigno de la vida en el edificio. Más aún estar enganchados desde el principio de la novela. Hay sinceridad, credibilidad en los personajes. Es el caso de Paloma, en efecto, sentimos el drama de una preadolescente alienada por sus padres porque no se parece a ellos. Similar a lo que ocurre en Matilda de Roal Dahl.

Rene, quien con sagacidad ha preferido ocultarse bajo el manto de la dureza. De allí la comparación con el erizo, establecida por Paloma. En esta asociación denota y connota por medio de la frase. La superficie en punzante. Una vez esa capa se ha obviado aparece la elegancia, la delicadeza que esconden un erizo. Y en ella son las cualidades de una verdadera intelectual.  Prefiere ser clandestina para evitar la apariencia y excentricidad de ser comparada y mofada por su cargo sencillo. Su ser le dicta que se evitará muchos malestares al dejar que la gente vea lo que demanda su cargo porque en la medida de cómo veamos a los demás, nos vemos nosotros.

Ella sabe apreciar la belleza del arte, la belleza en el interior de las personas como la del habitante de la calle. Él, al igual que muchos indigentes no le hacen daño a nadie, pero todo el mundo le teme sin saber que es un veterano de guerra y encomiable lector. O la belleza de Manuela, doméstica portuguesa, quien Rene sí considera una aristócrata, pero sin riquezas.  Por eso la novela me ha hecho pensar en el mal que tienen las etiquetas al otorgar un lugar en el mundo que muchas veces puede ser errado. Bien es sabido que todos somos más que un nombre, una profesión, un rol… una etiqueta. Es precisamente la mofa de Paloma hacia su mamá y su hermana porque para ellas prevalece el status.

No alabo a la novela porque los personajes sean intelectuales, inteligentes y nobles. Virtuosos en palabras de Aristóteles. Solo que enaltezco la construcción de los personajes porque saben tratar a los demás y tiene un buen dominio de sí mismos. Ellos se conocen y como se conocen van sin adornos por la vida y solo entablarán verdadera amistad una vez que se han reconocido. ¡Qué gran lección es para mí! Como dice el narrador en voz de Paloma, parafraseo el enunciado: en la verdadera búsqueda de los siempre en los jamases. Hoy fue un inicio de día triste, pero al estar garabateando estas ideas, me reconcilio con el hecho de que también puedo iniciar esa búsqueda.

Al margen y en el margen de la lectura:

Referencia a piezas y compositores del género clásico como Henry Purcell con Dido y Eneas, pieza que escogí para musicalizar esta impresión. El Réquiem de Wolfang Amadeus Mozart. Junto a lo anterior también menciona y debate sobre los maestros de la pintura. En especial el quatroccento italiano. Asimismo, discuten sobre las obras de Veermer, Peter Clasz, Willen Kalk, Eduard Hopper y Van Gogh. No puedo dejar de mencionar a los clásicos de la literatura en particular a, ya lo dije, Léon Tolstoi.




 Es por el inicio de Ana Karenina:  "Todas las familias felices se asemejan; cada familia infeliz es infeliz a su modo" en boca de Rene que Kakuro se da cuenta de que no tiene al frente a una simple portera. Sin dejar de mencionar el cine de autor con Las hermanas Munakata y mucho más actual La caída del Octubre Rojo. Sin olvidar a Eminem, no es autor o director de cine, pero con él quiero terminar la oración. Todas las referencias mencionadas hacen que sin duda pueda ser una novela para un público culto, pero también para cualquier lector que se ocupe de buscar esas referencias y enriquecer su arsenal de vida con cultura y códigos del arte.



Lo anterior me hace rescatar el hecho de que somos salvajes o civilizados dependiendo del ojo de quien nos mira.

Para finalizar, hace algunos años leí Rapsodia gourmet y no logré prendarme. Pese a esto, reconocí a un personaje de esa novela que aquí aparece: Pierre Arthens, crítico culinario y habitante del número 7 de la calle Grenelle. Otra razón por si quieren entregarse a la trama de esta autora.

3 comentarios:

  1. Excelente reseña Vanessa. Que bien la cuentas, provoca ir a leerla. Me encantaron las referencias a la música, al cine. En fin creo que logras muy bien el propósito de una buena reseña de un buen libro, que estimule su lectura

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    1. ¡Esa es mi intención: que las personas quieran leer! Gracias por leer.

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    2. A ud le debo muchisímo por abrirme el camino para crear mi historia lectora.

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