viernes, 9 de mayo de 2025

Impresión de: La clase de griego

 La clase de griego




Han Kang

173 páginas

Me gustó la novela, mucho. Solo advierto al terminarla que no sé casi nada de la autora a excepción de ser reconocida con el galardón “más importante de la literatura mundial”. Tengo mis reservas de ingresar a la web y echarle un vistazo a un par de artículos para saber quién es. Cada vez que leo un libro me agrada arrojarme a él sin tener juicios sobre la vida del escritor o su carrera literaria. Siento que es una forma prístina y verdadera de conexión con el acto lector. De repente, traigo a la memoria que sí tengo una opinión  por medio de mi profesora de literatura. De forma vaga creo recordar que a ella no le agradó, pero esto no fue un termómetro para el momento en que lo compré, pues yo sentía que tenía que leerlo. 

Es más, había otros títulos (incluida la novela por la que ganó el galardón) solo que opté por este. Algo me llamaba de él. Creo fervientemente en esta conexión tan fuera de explicación con los libros. Ellos me hablan, me dan un consejo en silencio a través de sus páginas. Por eso voy como con sed tras ellos. A mitad de este segundo párrafo tomo un respiro y me percato que me bifurqué más de lo normal. Prometí dejar de escribir mis introversiones con los encuentros con los libros y las lecturas. Solo que es difícil, pues son un gran parte de mí. Tal vez expresarlas me insufle de alientos a la vez que me desahogue de ideas y sentimientos para seguir. ¿Será que antes la gente también se desahogaba o eso está de moda con todo este auge de priorizar la salud mental?

¡Vamos al contenido! Siento a la protagonista a oscuras en su apartamento pequeño con una tristeza insondable y aun así sigue en pie. Eso es lo bonito de la tristeza. Nos acompaña y nadie se da cuenta. La gente la vapulea, la insulta, pero no se da cuenta que es ella la que siempre está en nuestros peores momentos y es testigo prudente en las alegrías. Bien, esta es la razón por la que amé el libro y creo que se va a convertir en uno de mis favoritos: sentí la tristeza, la soledad de las palabras, pero mientras leía, a través de la soledad se pactaba una cercanía. Lo que acabé de escribir ni yo misma lo entiendo muy bien, pero eso es lo que me sedujo de este libro. Yo no leo para reponerme, para sentirme bien. Yo leo porque los personajes son más reales que nosotros de carne y hueso. La ficción lo sabe hacer mejor que nosotros, incluso el sufrimiento. 

A veces resulta inevitable comenzar por el deleite que sentimos ante el libro antes que reseñarlo. Publicada en el año 2011, la mujer y el profesor de griego son los protagonistas de esta novela con silencios ensordecedores, pero no irritables o incomodos, sino que complementan y comunican más que las palabras. Se intercalan las acciones de los dos personajes y así podemos conocer su pasado. Se intercala la narración de la primera a la tercera persona entre los protagonistas.

El presente de la mujer es que se ha convertido en una madre recién divorciada, con apuros económicos y que de forma gradual pierde el habla; es incapaz de verbalizar la expresión más sencilla. Por lo que se inscribe en un curso de griego antiguo. Por su parte el profesor de griego perderá la visión en un futuro cercano. Nos narra su vida en primera persona, sus quince años de Alemania y la nostalgia por un amor de juventud no correspondido. 

Junto a la anterior, celebro de la narración los comentarios sobre la filosofía y la literatura. Estamos ante una novela hermosa porque la literatura es un tema fundamental, no un complemento o agregado del que hablan los personajes. Al respecto: “La manera en que abordas la literatura es demasiado literaria. –Solías decirme de vez en cuando. –Tú lo que quieres es llegar a un estado de sublimación literaria a través del pensamiento”. P.113- 

De hecho, no podemos obviar el hecho de que inicia con una alusión a Borges y su tumba. En ella el epitafio de un poema nórdico qué casualidades: Borges un gran merecedor del Nobel, pero que nunca lo recibió y Noruega: el año anterior fue Jon Fosse, noruego en quien recayó el galardón. Por estas razones y otras que ustedes descubrirán les sugiero que busquen el libro y se sumerjan en su narración. Por mi parte quiero leer otros de sus títulos ya. Ese silencio en su trama sacia mi sed lectora. 

Dejo a un lado las críticas sobre el otorgamiento del Nobel o la juventud y lugar que ocupa Corea del Sur en la actualidad. Leer es un placer y extraigan ustedes sus puntos de vista. 

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