martes, 3 de junio de 2025

Impresión de lectura de: Biografía del hambre

Biografía del hambre

Amélie Nothomb

206 páginas

 



Había leído para que me admiraran. Leía y descubría que admiraba. Admirar era una actividad exquisita, eso producía picores en las manos y facilitaba la respiración. p. 133.
 
El diccionario era el atlas de las palabras. Definía su extensión, sus juridicciones, sus límites. Algunos de aquellos imperios eran de una desorientadora singularidad: estaban acimut, berilo, odalisca, los polvos de la madre Celestina. p. 73.

Ya que no había más alimento, decidí comerme todas las palabras: me leí el diccionario entero. La tentación de ir y venir de una letra a la otra como cualquier usuario del diccionario era fuerte. Se trataba de leerlo en orden estrictamente alfabético, para no perderse ni una sola de sus migajas. p.179. 

Escribir ya no tenía nada que ver con la extracción arriesgada de los inicios; fue en adelante lo que es hoy -el gran empuje, el miedo regocijante, el deseo que vuelve sin césar a sus raíces, la necesidad voluptuosa. p.200.  

Una autobiografía seduce con la realidad potenciada. Realidad que podemos creer o no. Creo que siempre optamos por creérnosla tal cual es narrada. No nos queda mejor alternativa. Negarnos sería una decepción de lectura. Y mi lectura de este libro era necesaria. Sí, sí.  Creo que siempre digo lo mismo, pero en serio que los libros nos buscan, nos persiguen para que los leamos durante ciertos episodios de nuestras vidas. Mientras escribo esta idea, se me ocurren cuántos libros más me deben estar persiguiendo para que deje a un lado tantos pensamientos ansiosos que estallan durante cada segundo en mi cabeza. Por eso celebro a ultranza leer, perderme en páginas y palabras. No quisiera salir del libro cual lago hondo, pero cálido que me ofrece un entorno seguro.

Retorno al título. Y se me ocurre que la noción metafórica del hambre va como un péndulo hacia los extremos. Conocemos el hambre en el sentido literal de la carencia de alimento y deseo insistente e insidioso por saciar ese anhelo. El cuerpo nos indica que debemos solventar tal apetencia, pero el hambre puede persistir si a la comida le falta sabor, sazón, pasión. Así es con la vida. Es entonces cuando se expande el significado del término de hambre para referirse a la avidez que sentimos los humanos por satisfacer cualquier deseo: viajar, amar, soñar… vivir y, nuevamente, sentir a plenitud.

Por esa razón, en la contraportada se describe al libro como una apología del apetito (siempre he tenido problemas con el significado de la palabra apología).  Precisamente porque la balanza roza el otro lado del péndulo del vocablo. No es sentir, únicamente, malestar o incomodidad ante la advertencia del hambre, sino voracidad y premura por atestarnos de todo lo que nos colme la vida en el mejor de los sentidos.

Al respecto, la autora inicia el relato con una especie de crónica periodística sobre Vanuatu. Esta isla parece ser la excepción de todos los países porque no conocieron el hambre. “En Vanuatu el apetito no existe. Allí se come por complacencia, con el fin de que la naturaleza, que en ese lugar resulta ser la única ama de casa, no se sienta excesivamente ofendida” p.15.  Allí está el péndulo que va de un lado a otro por los extremos de las palabras.

Da paso a narrar cómo comenzó a sentir apetencia desde los primeros años de vida. Los primeros episodios que recuerda son la fascinación por el dulce “no dejaba de buscar mi pitanza: mi búsqueda de lo dulce era mi búsqueda del Grial” p. 25.  

Luego a sentir sed, siempre sed por lo que ingiere cantidades exageradas de agua. Luego, con el transcurrir de los años. la apetencia toma visos mucho más exagerados. El anhelo desmesurado porque le prodiguen amor, primordialmente porque su mamá la adore, le siguen la nana, Juliette (hermana) y sus compañeras del colegio. De allí pasa a la necesidad desenfrenada de embeberse de las ciudades en las que viven. Nueva York es una de ellas. Debido a que su padre trabajó para la ONU y también se desempeñó como embajador la narración despliega de forma convincente esa hambre voraz por colmarse por todo (conciertos, museos, teatros, parques y la gente). Desde una montaña hasta los rascacielos o la mirada que despide fuego de los pakistaníes.

Pero el hambre más poderosa y que me ha ocasionado, al igual que la protagonista, sed y por lo que retorno a querer prendarme más y más de las palabras es la lectura. Leer, leer sin freno. Amélie nos relata que durante su adolescencia y estancia en Laos leía, leía hasta que su cuerpo inerte casi era uno solo con el sofá. Para unos la imagen anterior es el colmo de la vagancia para otros es la plenitud de la vida. Leer, leer es un acto hermoso, osado. Así lo dicte el lugar común, pero muy certero porque, en efecto, es entrar en arenas movedizas. Somos tan diferentes tras cada libro y esa diferencia nos habla del peligro por no ser más de lo mismo. Con esto no me estoy agrandando por leer. Solo siento que mi ser cada día está más apartado de lo común, pero siempre voy a preferir formar parte de ese reino. En el reino de la lectura la realidad es soportable y eso fue lo que me trasmitió esta apología autobiográfica del hambre.

Posdata: recuerden que esto es una impresión de lectura. Es mi arrebato, es el estremecimiento (mi bálsamo de Fierabrás) que obtengo al leer y mi antídoto del futuro, del dólar paralelo, de las condiciones laborales y esperanzas perdidas. Es mi refugio, el mejor refugio que ha creado la humanidad. Esto no es una reseña, es mi encuentro con los libros. Esta vez con este libro. Es la fruición que obtengo tras cada párrafo, es aprender a ser en todos los sentidos. Sentidos que aún desconozco, pero que me seducen con cada palabra. Una tras otra como hormiguita bien encauzada con esperanza de que en los libros todo sí está bien, al menos el tejido de la historia. Historia que se confronta en silencio con la mía.

Dios, necesitaba escribir. Anhelo tener 20 años otra vez y quedarme tumbada casi todo el día en esa habitación de un lejano Barinas leyendo, leyendo y solo leyendo. El libro y yo tumbada de tanto éxtasis e intrigas en cada trama. Llorando por lo que me dejó la historia para star  over, perdón el anglicismo, sentir rabia, sentir amor. Sentir tantas cosas que ya no siento o siento a medias.

No hay comentarios:

Publicar un comentario