Tres tazas de té
Greg
Mortenson y David Oliver Relin
416 páginas
Las cosas se vienen abajo; ceden los cimientos ˗ Leyó
Krakauer con su fina y ahogada voz, tan incómodo ante las multitudes como
Mortenson˗. La anarquía se desata sobre el mundo, una marea de sangre se desborda, y
se extingue en todas partes el ritual de la inocencia. P.342.
Las mayores montañas del mundo requieren más que
una aproximación física. El propio Schaller, en su libro Stone of silence, confiesa que sus caminatas
por el Karakórum, al que llamaba “La cordillera más escarpada de la tierra”
eran, para él, tanto dioses espirituales como expediciones científicas. P. 148.
Durante el último mes he estado
muy enganchada a ciertos videos de viajeros. Los videos están alojados en la
plataforma Youtube: @Volatadipeluca, @Ramilla y @Lethalcrisis. Estos videos me
distraen, me relajan y me ofrecen una bocanada de otra realidad. Quizá no tengan argumento, pero quién dijo que
para viajar hay que tenerlos. Solo dejar que un pie vaya delante del otro y cuidar
de los caminos escarpados. La razón con la que inicié el párrafo introduciendo
mi experiencia con los viajeros youtubers es porque quise conectarlos con el
libro Tres tazas de té.
El libro publicado en el año 2010
y catalogado por la revista Time como mejor libro de viajes sobre Asia no es una
bitácora de viajes, podemos considerarlo el viaje personal de un hombre para
darle sentido a su vida y a su vez enrumbar el sentido de muchos a través de la
educación. Suceden dos grandes momentos.
El primero es el intento fallido de un viaje por el que tuvo que regresar a San
Francisco en 1993. Ese fracaso es el ascenso truncado a la cima del K2. A partir de allí comienza a idear cómo
contribuir a que los niños puedan asistir a la escuela en lugar de aprender las
lecciones en los terrenos escapados.
Para articular las acciones del
segundo gran momento de su vida y creo que el que direcciona su vida, trabaja
como enfermero durante una buena temporada a fin de reunir todo lo posible para
un próximo viaje. A la vez investiga cómo obtener recursos para financiar su
proyecto de construir una escuela en un pueblo montañoso de Pakistán. Hasta aquí se me ocurre que más allá del
desprendimiento por una meta personal: llegar a la cumbre del K2, se suplanta
por el anhelo de ayudar a otros y es el valor especial que tiene este libro.
Hoy cuando una y otra vez los
mensajes van dirigidos a que logremos el “éxito personal” el libro nos muestra
el sendero de un hombre por hallar el bien colectivo y así él, sin quererlo,
encontró un bien mayor. Greg, el protagonista y escritor de esta bitácora humana
y altruista en ningún momento expresa que halló la felicidad, pero yo he
querido considerarla de esa forma porque es el mensaje que me dejó este libro.
Greg no se queda con la
construcción de una sola escuela. Se impone nuevos retos como ayudar a que un
pueblo tenga mejor acceso con otros por lo que colabora en la construcción de
un puente y así seguir construyendo escuelas. Tal actividad no se logró de un
momento para otro, sino que fueron años de conversaciones con los líderes de la
zona, de búsqueda de fondos, de riesgos porque fue secuestrado. No obstante,
este libro tiene una final feliz realista.
Ahora bien, ¿Por qué Tres tazas de té? Lo dejo en voz del
autor:
Si quieres
prosperar en el Baltistán, debes respetar nuestras costumbres -le dijo, soplando su bol˗. La primera vez que compartes el té con un balti, eres un desconocido. La
segunda vez que tomas el té, eres un invitado especial. Y la tercera vez que
compartes una taza de té, pasas a ser parte de la familia, y por nuestra
familia, estamos dispuestos a hacer lo que sea, hasta morir ˗ le explicó, estrechando cariñosamente la mano de
Mortenson˗. Doctor Greg, debes
dedicar tiempo a compartir esas tres tazas de té. P.190.
Eso se lo dijo Haji Alí para
manifestar que en esos pueblos ser aceptado y que aprueben acciones foráneas no
es de acuerdo con la noción occidental, sino que es un proceso que lleva tiempo
y ese tiempo depende de las relaciones humanas. Por suerte Greg Mortenson
comprendió el mensaje y se dio el tiempo para tomar mucho más que tres tazas de
té con los habitantes del Baltistán.

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