Yo, Tituba, bruja negra de Salem (1986)
Nosotros los que no vinimos al mundo armados con garrar y colmillos,
salimos perdiendo en todos los combates. p.93
En The Black Horse trabajan dos
indios. Tendrías que ver cómo los tratan. Me han contado cómo fueron despojados
de sus tierras, cómo los blancos diezmaron sus rebaños, cómo les repartieron “el
agua de fuego” que en poco tiempo te lleva a la tumba. ¡Ah, los blancos! P.62
La vida sería un don sólo si cada uno
de nosotros pudiera escoger el vientre de la preñez. P. 157
Me parecía estar desapareciendo
totalmente. Sentía que mi nombre solo aparecería como el de una figurante en
los juicios contra las brujas de Salem (…)¡Ninguna biografía inspirada y
cuidadosa que recreara mi vida y mis tormentos, ninguna! Y esa futura
injusticia me indignaba. ¡Era más cruel que la muerte! P. 145
Tituba parece una mujer
destinada a no ser querida. Llega a este mundo producto de una violación por
eso es comprensible que su madre no la quiera, pero ante el reproche
momentáneo. El padre adoptivo, un esclavo que corta caña, se transforma de
hombre al borde del suicidio a uno cariñoso. Es gracias a este hombre que
parece haber renacido, que Tituba logra experimentar una infancia, o al menos
parte de, ella feliz.
No obstante, siempre es una fiel testigo del maltrato hacia su raza y del empeño por cruzar la otra orilla para volver al lugar de origen, anhelo constante en estas novelas antillanas por parte de los pueblos africanos.
En cuanto a la estructura
de la narración bien puede enmarcarse en
acontecimientos que van de la dicha a la desdicha como eje para dinamizar las
acciones. Sin olvidar las cualidades de los protagonistas y los escenarios
exóticos en medio de la isla para establecer cierta conexión con lo real
maravilloso. Nexo que permite relacionarlo con El reino de este mundo de Alejo Carpentier.
Al margen de lo anterior
me permito pensar que Tituba es una suerte
de Odiseo femenino, quien después de diez años de sortear más de un
escollo como impedir que se los tragara el mar ya de vuelta a Barbados o
soportar los maltratos del capitán aún cuando ha obtenido la libertad.
A diferencia de Odiseo que
ha dejado a Telémaco y Penélope, el gran amor de Tituba no fue Jhon Indiano
sino la isla con sus plantas, brebajes y aromas. Indiano solo fue el rapto
carnal por el que muchas mujeres alguna vez en la vida nos condenamos y aunque
ella lo sabe, se dejó enceguecer porque quizá en medio de la senectud es que es
posible engendrar otra vida, a propósito esta posibilidad fue reprimida en
varias ocasiones para evitarle sufrimientos a esa criatura.
Una vez Tituba se encuentra
en Barbados podríamos pensar que ahora sí puede ser verdaderamente ella, pero
el deseo por ver a la isla en libertad que se funde con el deseo por un negro
cimarrón vuelve a hacerla cambiar de planes y modificarlos a los de los demás.
Es así como planea ardides que no salen airosos, pero dotan a la narración de
una clara referencia de libertad por este pueblo que quiso revertir los vicios
del vasallaje.
Por otra parte, si
observamos la novela desde los discursos actuales notamos que Tituba conmueve y
quizá no haya mujer que no sienta simpatía por ella al reflexionar sobre la
libertad, la igualdad y la posibilidad de elegir aunque se trate de una mujer
del siglo XVII donde tales consideraciones se agudizan, pues es una esclava,
pero es que quizá muchas mujeres aún lo son en pleno siglo XXI.
El deseo no es otro que
ser libre, libre para amar y ser amada, libre para decidir si quiere o no tener
hijos y por encima de esto ser, sin equipararse a nadie, solo ser sin pensar en
las marcas que nos encadenan y obligan a pensar en mantener el pasado.
Editorial: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2010
Traducción: Ameli Hernández
Número de páginas: 236
Buena reseña. Invita a deborar las páginas del libro. Gracias por compartir.
ResponderEliminar