martes, 21 de febrero de 2017

Leer el Caribe desde la negación.  La ausencia del origen como resultado que lo configura hoy. Posando la mirada hacia el viejo continente. Ese, al parecer,  lleno de sabiduría; habla y, sin saber, hostiga a renunciar a lo que se es. ¿O será lo contrario? Porque hablar del Caribe es ingresar a una madeja de significaciones que parecieran atarse cada vez más conforme se logra desatar un nudo. El Caribe es múltiple. Nos topamos con el Caribe de los ingleses,  franceses, holandeses, españoles y, sí, aún quedan rastros, el Caribe originario. Entonces, ¿cómo leer el Caribe? Con la mirada atenta y sin negar la idea del otro. Sin considerar superior una verdad sobre la  otra.  Solo aceptando el destino que nos trajo hasta el hoy.
En este sentido, se nos ofrecerán diversidad de miradas. Una de ellas, es la propuesta del ganador del premio Nobel en el año 2001, V.S. Naipaul con El sanador místico, publicado en 1957.  La novela leída forma parte de la  la segunda edición de la Editorial Debolsillo en 2005. El libro, compuesto por doce capítulos, captura desde la primera página porque desde la ironía sobre el proceso de formación de un escritor en ciernes –Ganesh Ramsumair, desarrolla toda una red de significación para entender el proceso de transculturación de las islas caribeñas, así como las dinámicas cotidianas de los hindúes  asentados en la isla.
Ganesh, personaje principal, anhela ser escritor, pero más que perseguir la sabiduría de las letras, lo seduce un fetiche; el del escritor que se vanagloria, disfruta de sus éxitos, compra todo lo que pueda estar a su alcance.  Uno de ellos, consiste en adquirir el disfraz del otro, él que no está al margen como él, sino que es reconocido y goza de todos los beneficios de un ciudadano británico. En este sentido, hay cabida para considerar  al personaje que se debate en dos entidades: el escritor y el ser social. Nunca fue realmente un escritor, sino un ser social que vive a la conveniencia. A la conveniencia de granjearse una carrera como escritor, ocupar un puesto político y ser respetado como místico y sanador porque así pueden destacarse ciertos personajes en la cultura hindú. Para, por último, ascender al escalafón de caballero de la Orden del Imperio Británico.
De lo contrario, Ganesh, recién egresado de la carrera de Letras, bien pudo mantenerse en el oficio. Pero el narrador, testigo, admirador y juez ecuánime sentencia:
A Ganesh le dieron la clase de Miller, la de apoyo (…) Era una especie de zona de descanso para los retrasados mentales (…) Ganesh probó con todo lo que le habían enseñado en la escuela de formación, pero los chicos no respondían bien. (…) Ganesh dejó de intentar  enseñar a los chicos y se conformó con consignar la mejora semanal en el cuaderno de notas. Según ese cuaderno, los alumnos de la clase de apoyo avanzaban desde el teorema número uno al número dos en sucesivas semanas, y después llegaban, sin dificultad, al teorema número tres. (p.23)

No quiero decir con esto que hubiese apreciado a un personaje mártir y sacrificado. Simplemente Ganesh Ramsumair, se deja llevar. Es astuto, aspira más, pero el engrandecimiento a costa de poco esfuerzo.  Más aún, ya adquirida una buena reputación como “sanador” prefiere no mantenerse allí y de esta manera, quizás,  evitar obrar en beneficio de la comunidad hindú que lo reconoce como curandero, místico y por tanto, sabio.  
En este sentido, Ganesh es el hombre pícaro y disimulado que con su acciones pareciera mostrar un microcosmos de la cultura hindú retenido en el Caribe. Pero no sólo eso –ya se dijo arriba- la aceptación como ciudadano inglés. Por ello bien expresa el narrador que Ganesh es simplemente un sujeto conducido por las situaciones sociales e históricas propias del momento.  Porque si hubiese sido un joven recién egresado de la formación de bachillerato, a la llegada de los estadounidenses a la isla,  su destino, como el de cientos de indios en las islas del Caribe, hubiese sido recibir una formación occidental en alguna universidad del norte. Convertirse en médico, ingeniero o administrador.  De allí que sea bien válido expresar que estos seres caribeños parecieran víctimas y vasallos de la historia. Se embarcan en una vida propia, indudablemente, pero que se cuestiona por las múltiples marcas del pasado del que propenden.
Entonces, Ganesh, en su primer momento no quiere ser escritor, ni tener una biblioteca para leer, conocer y ser. Sino como medio para ingresar a la cultura occidental, ser aceptado como occidental. Por eso, Leela –su mujer- sirve Coca-cola en vasos de cristal. Porque de esa forma, sí se validan como individuos del mundo moderno y occidental. No de esa isla atrasada, estancada. Ni mucho menos de la lejana India, incomprendida y solera.

Para finalizar, es propicio expresar que el libro atrae por muchas otras razones como esa relación entre Ganesh escritor y el escritor que lo concibe V.S. Naipaul –hasta aquí vale hacer un paréntesis sobre el arsenal de libros cuyo motivo circunda en la formación y transformación del hombre a escritor-. Pareciera mofarse, en su ópera prima, de lo que podría  llegar a convertirse como ente transculturado. Pero este es mi dictamen, busquen el libro y opinen ustedes.

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