sábado, 4 de febrero de 2017

Cada día es una sorpresa

cada día es una sorpresa…

Este título con el que inicio parece extraído de una publicación de autoayuda o un sinfín de blogs de los que ahora pululan sobre temas de salud, belleza y bienestar. No importa porque a cada frase hay que darle su justo sentido dependiendo del contexto.  De tal modo que solo puedo comprender la frase, entendiendo dónde y por qué fue pronunciada.
            Hay semanas con sus días pesarosos y otros llenos de alegría. Fácilmente podemos vivir en la alegría, ¿pero cómo sortear los días que nos abaten y golpean? Supongo que no hay respuesta, simplemente aprender a trajinar por estos senderos de la vida.  En esa pugna hallaremos algunas sorpresas, maravillas, y asombros – detengámonos un momento a reflexionar cómo el diccionario ofrece términos que van desde el cariz negativo hasta el más positivo, con esto me refiero a que una sorpresa o maravilla, por lo general, tendrá una marca positiva. Ahora, el asombro si bien puede ser ameno, también podrá tener visos de siniestro y desconocido-

            Supongo que así también es la vida: acepciones con diversos tonos dependiendo de la situación. Retorno al hecho de que cada día es una sorpresa. Después de un día gris, me levanto con la esperanza de otro renovado. En efecto, así fue –o mejor dicho es porque aún no se ha puesto el sol-. Recibo un imponderable regalo: una docena de libros; un pequeño tesoro compuesto por clásicos de la literatura universal. Más allá de ser eso. Me cobija y reconforta el hecho de que fueron pensados para mí. Unos seres a quienes aprecio desde el plano académico, pero que, sin lugar a dudas ha trascendido la estima al ámbito personal, tuvieron en mente estos libros para mí. Un gesto de total desprendimiento y cariño. Tengo a cambio solo palabras, palabras que constituyen un exagerado oxímoron,  pues poseen su justo y estoico significado y a la vez están colmadas en  exceso por el  agradecimiento, aprecio y deuda. 

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