martes, 17 de junio de 2014

Sobre Los detectives salvajes de Roberto Bolaño 

 Cualquier lector puede argüir diversos comentarios a raíz de la lectura de Los detectives salvajes. Pero creo que si pretendiéramos reproducir tales comentarios abarcando desde el lector de simples revistas y periódicos hasta el más avezado, estos no dirían la íntima relación de la novela con el tema literario, es decir, literatura de literatura. Así ocurrió escuchando el programa radial Éxitos conducido por Ivàn Losher y Polo Troconis, quienes recibieron a Alonso Moleiro como editor invitado. Los locutores en cuestión, hacen la pregunta de rigor al invitado que reza sobre lo siguiente: ¿cuáles serían los libros que llevaría a una isla desierta? –Si bien la pregunta es trivial y propia de las revistas de farándula- no escapa a la curiosidad por conocer los títulos que acompañarían a un determinado personaje en medio de la soledad de la playa. 

 Para mi sorpresa y coincidencia con la hipótesis inicial cada uno emitió similares opiniones, cuando Moleiro expresó su preferencia por LDS[1]. Todos concordaron sobre la literatura como tema central de la novela. De allí, se explayaron a recordar su juventud y su inclinación por la izquierda, tendencia ideológica similar a la de los personajes: Belano y Ulises. 

 Y es que, ¿cómo relegar el tema literario en la novela, si éste suscita en la narración otros temas?, los cuales se presentan en forma desbordante, cuantiosa, similar a las aguas que caen de una pendiente de agua o como lo denomina Carlos Noguera en la contratapa del libro LDS “narración cascada”. Dicha estructura narrativa es la misma que hace a Bolaño expresar en una entrevista “y eso que al terminar Los detectives salvajes me juré no hacer más una novela-río”.

 Sobre la estructura narrativa de las novelas-río o cascada, conviene decir que se caracterizan por desarrollar una historia plasmada en varios apartados, contados a lo largo de la narración por diversos personajes. Estos ofrecen el hilo conductor de las acciones, las cuales confluyen en un tema central o punto central de la narración, en este caso particular: seguir los rastros de vida de la poeta real visceralista Cesárea Tinajero. 

 Lo anterior lo ratifica Sampedro (2012) al mencionar “en la novela-río se va desarrollando el argumento con la aparición fluida de nuevos personajes que dejan paso a los que ocupan su lugar para ser protagonistas (Amadeo Salvatierra, quien ofrece datos claves sobre el paradero de Cesárea) sucesivos en contacto con nuevos mundos, experiencias –así tenemos ciudades como París, Barcelona, México DF, Tel Aviv, entre otras, caracterizadas por ser escenarios más urbanos y cosmopolitas junto con paisajes agrestes propios de la montañas y zonas selváticas. 

 También cabe mencionar que la estructura narrativa de estas novelas se presenta a modo de crónica o diario. Aquí los personajes asumen en extremo su rol de actantes o unidades sintácticas coimplicadas: Amadeo, María, Joaquín Font, relatan en primera persona las huellas dejadas por Belano y Lima tras la búsqueda de Tinajero. 

 No se puede obviar la perspectiva múltiple y saltos cronológicos en la novela. Los últimos se presentan en dos temporalidades. La primera parte caracterizada por una linealidad en las acciones desde el dos de noviembre hasta el treinta y uno de diciembre de mil novecientos setenta y cinco, bajo la pluma de García Madero. La segunda temporalidad con un lapso de veinte años y la tercera parte retorna a la primera temporalidad, al regresar al primero de enero del año mil novecientos setenta y seis hasta el quince de febrero. 

 En otros aspectos de la estructura resalta el personaje Ulises Lima pero es el núcleo, Tinajero de donde se desprenden los testimonios de amistad por parte de los diferentes personajes que se relacionarán con él. Lo que a su vez lleva al viaje como vehículo que permite emprender todo el propósito literario. 

 Para finalizar, faltó referir lo relacionado con los poemas visuales de Cesárea, cuestión que también atañe al tema meramente literario y, además, a la inclinación y preferencia que siempre tuvo Bolaño por este género. 

 [1] Los detectives salvajes de ahora en adelante en sus siglas.

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