miércoles, 20 de agosto de 2025

Impresión de lectura de Tres meses en Nueva York

 Tres meses en Nueva York 

Marissa Vanini

156 páginas






Nueva York, Nueva York…¿Con qué la relacionamos? Central Park, Frank Sinatra, Woodie Allen, Studio 54, la semana de la moda... puedo seguir . Y como dice el pasaje de una canción convertida en clásico de la salsa pero que vuelve a escucharse para las nuevas generaciones: “Si te quieres divertir…solo tienes que vivir un verano en Nueva York” Nueva York. Sí, para no todos existe el privilegio de viajar y vivir en ella, pero gracias a Dios por las experiencias compartidas, por los libros y las pelis. Películas donde vemos de cerquita el Upper Side Town, Tiffany o el Museo de Arte Contemporáneo. Casi que existe todo un halo de misterio y la vez la más mundano de este mundo con la susodicha ciudad. Pero quién no quisiera divertirse en Nueva York. Yo sí, estoy segura de que ustedes también, pero al estilo Gossip Girl  

Bien, lo de la serie lo dejo a un lado, pues no tiene nada qué ver (simplemente me encanta tener conexiones entre lugares y series y pelis). Entonces, ¿Qué quisieras hacer en Nueva York, querido lector? De todo, todo lo posible que ofrezca la ciudad. Sin embargo, con 3 ó 4 meses de embarazo la cosa cambia. Entonces, no creo que nosotras con tanta vida social que pulula en el centro financiero del mundo quisiéramos pasar los últimos tres meses de embarazo. De esto va la novela y de cómo a partir del viaje nos enteramos de la vida de Petunia, representante de la clase media alta venezolana. Joven médico con un futuro por delante. De allí que nos preguntemos por qué va a esconderse de todo el círculo social caraqueño. Acaso porque el noviecito de turno la dejó embarazada. Este no es el caso. Si quieres, conocer más de Tres meses en Nueva York te invito a leer la impresión de lectura y buscar la novela…¿Por qué? Porque leer es un verdadero placer. Así que no lo pienses más e incorporo el placer de leer a tu vida. 

Petunia es una joven bella, atlética, con clase, reservada. Quizá para algunos con un carácter difícil porque los padres nunca le conocieron novio formal, ni siquiera un amigo cercano. Es más bien una chica solitaria, sumergida en sus estudios y en practicar el piano. Va a comenzar un máster y sus calificaciones dan cuenta de lo sagaz que es. Solo que una violación viene a cambiar el cauce de su vida. Aterrada por el qué dirán y manchar el nombre de su familia urde un plan de inmediato en el que inmiscuye a su madre y cuyo destino es Nueva York. 

Ambas se instalan en un acogedor apartamento cercano a la quinta avenida. Al llegar, Petunia le expresa su plan y el cambio de personalidad. Su madre, Adela, no se inmuta ante nada. Al contrario, está encantada por el capricho de su hija, pues siempre había sido huraña con su vida y ahora la ha involucrado en todos sus planes, incluidos el cambio de vestuario mucho más jovial y que se distancie de la figura de la típica profesora universitaria escondida en un bolso de cuero gigantesco. 

La trama, en la primera parte, se desarrolla sin prisa, sin mucho ingenio. A ratos como telenovela de los noventa venezolana porque muestra ese pasado opulento que vivimos o llegamos a presenciar algunos venezolanos. De lo contrario cómo sería plausible que una profesora universitaria se instale a vivir por más de tres meses en una de las mejores zonas de la ciudad, su esposo le regale joyería de Tiffanys y cenen en los restaurantes con estrella Michelin. La respuesta es: presenciaron, en primera fila, la riqueza y las buenas oportunidades que ofrecía el país. 

En todo caso, en ese deambular de Adela entre la biblioteca y el apartamento, es fácil inferir lo que le sucede a Petunia: está embarazada. Cualquier lector rápidamente se dará cuenta. En la segunda parte, la trama entra en detalles sobre quién es el padre y cómo sucedieron los acontecimientos. A partir de aquí, nos narra sus orígenes. Un pícaro más, pero quienes lo rodean lo justifican sentenciando “es un buen hombre”. Cuando digo pícaro es porque muchas historias están plagadas de estos personajes, un Pedro Urdemales que deambula de un lado para otro creyendo que hace el bien y que es víctima de la circunstancias de la vida, pero la realidad es otra. No obstante, sería inverosímil para la trama que realmente fuese un prohombre al estilo Santos Luzardo, por lo que Concepción o Concho es el padre del hijo que tendrá Petunia. 

Las ocho partes en total nos adentran en la historia de un niño antes de su nacimiento que nos hace pensar en la unión de dos países (y no es Estados Unidos, se los dejo para que lean el libro o mi impresión y lo descubran), dos culturas, dos clases sociales, pero donde prevalece la conciliación y respeto por la vida porque bien pudieron optar por no dejarlo nacer, pero como finaliza la novela: “Los hijos son de quienes lo merecen” y para Petunia y toda su familia Fortunato será más que merecido, así como bien son merecidos la mayoría de los que estamos en el mundo, así sean despreciados por sus padres, el mundo los merecen. 

Antes de finalizar quiero expresarles por qué no incluyo nada o casi nada de la biografía de los autores. En este caso porque siento y reafirmo que el libro debe hablar por sí mismo. Sí. Sí, es del autor, pero tiene un camino aparte de la vida, de los estudios, de los amores del autor. Una vez que la novela o cualquiera haya sido el género es publicado, cobra vida con cada lector. Entonces, me gusta (quizá sea un argumento bastante soso y escueto, pero ¡vamos! Esto no es una reseña para un revista arbitrada), me gusta o la gran mayoría de las ocasiones lo hago, me gusta escribir dejando a un lado los datos biográficos a no ser que sea imprescindible para la historia. 

Otro aspecto que resalto del libro es que, nuevamente lo digo, me impresionó porque sentía que estaba viendo una telenovela de Venevisión o Radio Caracas. A todas estas no olvido nuestra tradición telenovelesca (Barrera Tyskza, César Miguel Rondón, Boris Izaguirre, Salvador Garmendia lo fueron en la edad dorada de la televisión venezolana). Bien me puedo equivocar, pero hubo pasajes que leí y releí y no es otra cosa que diálogo telenovelesco en decadencia donde, desde mi lectura, hace falta robustecer la creación del personaje, hacerlo redondo menos vacío y acartonado. Cuánto me habría gustado leer las cavilaciones de Concho o que Petunia llorara a moco tendido y tuviera una rabieta de niña bien –o mal- donde decidiera poner punto final a esa vida y luego se retractara, pero en lugar de eso solo repetía a medias el juramento hipocrático. Y es que ustedes podrán creer que es verosímil para la trama, pero yo no lo siento, no lo percibo, no vibro con eso. 

Por todo lo anterior y todas las relaciones e hilos que puedas y quieras tejer te invito a leer Tres meses en Nueva York. Si me preguntas yo te cuento dónde la pueden encontrar y no, no te la voy a regalar. 

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