Fronteras, viajes por Tailandia y Birmania
Charles Nicholl
258 páginas
“Entonces Mara lanzó su arma más terrorífica, un gran rayo, pero Buda lo cogió con la mano y lo convirtió en el acto en una guirnalda de flores como la puang malai que ves ahora a su cuello”. P.113
Wat Tham Tupu, el
Templo de la Cueva de Tupu, es un sector de selva tropical frondosa, una
extensión de cuatro kilómetros cuadrados en las estribaciones meridionales de
la montaña más alta de Tailandia, Doi Inthanon. (…) Éste es el primer precepto
de la tradición del templo del bosque: el templo es el propio bosque. P.221
Su serena fortaleza
parecía un derroche a mi superficialidad. Qué necio había sido pensando que
nada más llegar me iba a bendecir la paz del bosque, como si fuese algo
incluido en una especie de guía turística espiritual. P. 237
I
Acompáñemos a Charles en el viaje
por las fronteras de Birmania, Laos y Tailandia en su búsqueda, ahora tan
cliché, por alcanzar la paz espiritual. Rápido descubriremos que no se trata de
buscar, sino de apreciar lo que encuentras en cada cruce del camino.
En gran medida ese camino cobra
matices mucho más interesantes y que se distancian del típico viaje por Asia
gracias a las figuras de Katai y Harry. Katai es una joven oriunda de Bangkok,
a pesar de su corta edad no ha sucumbido a la vía fácil de muchas mujeres en
esa nación: la prostitución y ha optado por aplicar el pragmatismo inherente de
su religión a las situaciones del día a día. Es así como pronto abandonará a
Harry, contrabandista de piedras preciosas.
Pero es Harry, de nacionalidad
francesa, quien motoriza las principales acciones de esta novela/bitácora, si
se me permite el término. Sin Harry no habría sido posible el encuentro
entre Charles y Katai y obtener con cada uno de sus diálogos esa ráfaga de
emociones a flor de piel que nunca llegan a concretarse. Sin Harry tampoco
habría sido posible adentrarse a la otra cara del Sur de Asia: el negocio del
narcotráfico de piedras preciosas y opio, así como quedarnos perplejos por la
unión, difusa, entre la fascinación religiosa y el cruento negocio de la
guerra.
II
Fronteras lo adquirí en uno de mis tantos viajes a Mérida, en la
Librería Temas ubicada en el sector El Llano, junto con otros que aún hoy
conservo y otros que voy regalando. Lo que interesa contarles es que pertenece
a Ediciones B, específicamente a la biblioteca Grandes Viajeros. A los de esta
edición les guardo mucho cariño, más del que ya le tengo a mis libros. La razón
es que con estos ejemplares, hace ya más de 15 años, comencé a formarme como
lectora.
El primer libro de esta serie fue A china en bicicleta, de Gabriel Pernau
con él pude sentir, con total veracidad, aquella frase de viajar con palabras.
Encontré el libro exhibido en una Stand de esos que se instalaban en el parque-exposición
de la Feria de San Sebastián. Recuerdo que no quería ir, tenía 18 o 19 años y
ya no me gustaba la feria. No por el asunto del maltrato animal en las corridas
de toros. Para mí las corridas tienen un sentido cultural que se remonta y fue
heredado de los griegos, nada más y nada menos que de Teseo –pueden leer El espejo enterrado de Carlos Fuentes
para mayor información sobre los orígenes cuyas raíces se remontan a los
griegos, celtas, fenicios, cartagineses, romanos, godos, árabes, visigodos,
judíos, entre otros- y nosotros como legatarios del discurso mantuano las
tenemos en cada ciudad, lo anterior para no entrar en mayores detalles.
Sigo con el cuento del libro,
bueno que estaba en conflicto entre si me gustaba o no ese batiburrillo de sin
sentido y escandalo sucio que es una feria latinoamericana –esto también es un
legado del Viejo Mundo- Hasta que decidí acompañar a mi papá y no me
arrepiento. Fue una de las mejores tardes que he pasado en una librería, aunque
no lo era del todo, solo un toldo y debajo mesones con montones y montones de
libros. Recuerdo que papá no tenía mucho dinero, pero gran parte de lo que
tenía me lo dio para comprarme muchos libros, digo muchos porque no recuerdo cuántos.
Sé con total certeza que eran más de diez.
Ese día fui tan feliz. Algo me
dijo que estaba comenzando a formar mi biblioteca y no me equivoco porque fue
el primer paso para la biblioteca que tengo (se dice fácil, pero no lo es,
mucho dinero invertido, mucho peso en los viajes y muchos comentarios de “a
ella si le gusta gastar la plata”. No es nada grande, pero sí es una parte
invaluable de mi vida y parte muy apreciada lo son los libros de esta colección
de viajes porque no he puesto nunca un pie más allá de Cúcuta, pero mi mente sí
ha viajado por esos lugares de los que se jactan los grandes viajeros.


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