miércoles, 19 de febrero de 2014
Reseña del libro La ridícula idea de no volver a verte
De coincidencias está colmada la vida. El encuentro, la lectura, el título, el contenido y mis emociones para eso momento lo confirman. No es extraño que cada semana o quince días me paseé por las librerías de la ciudad con la intención de hallar nuevos títulos o tan sólo con el fin de distraerme viendo anaqueles y portadas – creo que no cabe decirlo aquí, pero es palpable lo vacío que están los anaqueles aunado con la ausencia de nuevos lanzamientos editoriales- Sin embargo, el último recorrido realizado tenía una misión adicional: conseguir un libro que contrarrestara mi tristeza y ayudara a calmar el demonio interno que a veces quiere salir.
Miraba las portadas intentado capturar un título que calmara la sed, la congoja, la zozobra…Por un momento pensé que esta vez no lo iba conseguir, no iba a lograr obtener el bálsamo de Fierabrás en las librerías como lo he hecho en otras oportunidades. Al contrario, se estaba sumando otra aflicción más –ya van varios sinónimos para esta inusitada tristeza- al ver tanto espacio vacío. De repente, ante la desesperanza leo: La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero.
Mi primera reacción, reírme de lo cursi del título y lo cursi que soy. No lo pensé más de dos veces y lo tomé –aquí ustedes dirán que soy una lectora bastante inexperta y amateur porque me dejo guiar por el título de un libro. De cierto modo, tienen razón. Da rienda suelta para hacer burlas y cuestionar mis posturas hacia los textos. Pero por otra, esta forma bastante simple e insensata de escogerlos ha sido mi método desde las tempranas visitas a la otrora Librería Kuai-mare.
Con el libro pagado y ya en mi posesión, salgo del lugar. No veo el momento de llegar a casa. Ya en ella y con el pijama puesto, me dispongo a comenzar. El libro es bastante breve. Doscientas treinta y siete páginas divididas en diecinueve partes tituladas, lo que vaticina su rápida lectura y la plena intuición de que será igual de placentero que La loca de la casa. Antes de reseñarlo con más detenimiento, sé que hay algo que los mantiene a la expectativa ¿Realmente es un libro cursi? ¿De qué trata el libro, debido a un nombre tan rotundo que lo único que nos hace pensar es, si trata sobre el fracaso amoroso, la perdida, la ruptura? Pues no, no del todo. Aunque sí relata la pérdida.
Otra cosa más, ustedes también deben estar preguntándose: ¿Por qué no leí la contraportada? En esta ocasión decidí, no hacerlo y descubrir la trama al iniciar la primera página del libro. La elección la tomé por motivos de mi estado de ánimo y para sumar otra característica estrafalaria a la selección tan intuitiva que hago de mis libros como: abrirlo en una página cualquiera, leer ésta y si me gusta llevarlo o desdeñar por completo las recomendaciones hechas por algunos amigos o compañeros.
Ahora sí, es propio hablar meramente del libro y las coincidencias, aspecto último que dio pie a la escritura de esta escueta reseña. En efecto, sí narra una pérdida amorosa pero a causa de la muerte. Las coincidencias se tejen entre la autora y el personaje sobre el que escribe: Marie Curie o su nombre en polaco Manya Sklodowska. Tanto Rosa Montero como Marie Curie sufren la ausencia temprana de sus esposos. A partir de este hecho, la escritora narra las similitudes entre ambas, a pesar de las distancias y diferencias en los campos a los que se dedican. Mientras una es escritora, la otra fue una física y química de aún hoy renombre mundial.
Así, la vida de Marie se muestra desde dos perspectivas. La primera, el territorio de lo científico con sus logros , su arduo trabajo para extraer el polonio y el radio y con ello su lucha para imponerse en un mundo dominado por hombres. La segunda, el lado humano, su vida, sus amores, familia, y carácter ante la vida. Producto de esta postura y actitudes Montero, en algunas ocasiones, considera a Marie Curie como una monja y mujer que no presta ni un ápice de atención hacia el arreglo personal y vestimenta. A propósito de ello, Marie sostuvo diferencias con su hija Eve, quien era todo lo contrario a ella: bonita y vanidosa. Es decir, femenina a comparación de las otras dos mujeres de la familia, quien en una ocasión Einstein, aunque amigo de la familia dijo sobre la hija mayor: Irene que parecía un granadero. Mientras que sobre su madre era fría como un pez.
Y sobre esto Montero también menciona que si bien no es tan sobria en el vestir. Sí hay otro rasgo en común, además de la muerte de sus esposos. Y es que poseen una mano masculina. Esto quiere decir, que ambas tienen el anular más largo. Según estudios científicos, las mujeres que demuestren esta cualidad tienen un cerebro más varonil. A contracorriente de lo anterior expuesto y en concordancia con Montero –aunque a ella le entusiasme la idea- estos estudios son muy superficiales y rara vez aciertan con la realidad.
Sin embargo, estas banalidades no opacan ni la genialidad de la vida de Marie, ni la del libro. Lo interesante es ver cómo se muestra una mujer desde su lado humano y cotidiano. En el cual junto con su firme compromiso con la ciencia, se agrega el de su labor como madre, esposa y mujer trabajadora (profesora en institutos y después de la muerte de Pierre, en la Sorbona).
Entonces, en este entramado de coincidencias tenemos la vida de Curie y Montero. Al respecto Alejandro Gándara expresa después de que Montero le confiara el libro con el fin de recibir críticas: “En el libro están Marie y Pierre, y por otro lado estás tú. Pero Pablo no está” (p.193). Considero que Pablo sí está. Está en la ridícula idea de no volver a verte, cuando con el paso del tiempo y junto con él, la memoria no juega a nuestro a favor y poco a poco desdibujamos los rostros, las facciones pero por otro lado nos ayuda “a comprender que no hay nada tan importante ni tan espléndido como el canto de una niña bajo una higuera” Me refiero a entender que por muchas jugarretas que nos juegue la memoria, aun cuando no volvamos a ver a alguien ya sea por la muerte o una separación, siempre encontraremos un recurso para aquietar y sobrellevar lo sucedido.
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Hola, Vanessa. Yo también tuve la intención de leer este libro debido al título. Pero, a diferencia tuya no me pareció cursi sino acertado. Claro, no sabía del contenido. Gracias por la reseña. Un abrazo.
ResponderEliminarGracias, Bernardo. Gracias por tus comentarios. Son muy valiosos, me enseñan a mejorar, corregir y no declinar en estas ganas de asentar mis ideas. Espero no declinar porque siento que soy terrible.
ResponderEliminarHola Vanessa, me alegra que hayamos compartido el deleite de leer este libro, te cuento que me gustó tanto que es el único al que le he dedicado dos lecturas muy cercanas la una de la otra. me encanta tu blog, felicitaciones.
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