martes, 28 de abril de 2026

Un viaje que marcó un viaje: El medallón perdido

 

El medallón perdido, 2001

Ana Alcolea

174 páginas


La narración sobre un viaje da cuenta de un traslado reciente, pero el de esta historia surge como una aventura para pasar las vacaciones del colegio y encontrar un medallón que más que un simple objeto, actúa como la transición en la forma de ver la vida. Por el contrario, mi viaje es un cambio de vida. Entonces, el desplazamiento en la novela funciona como una buena forma de tranquilizar mis miedos, mis expectativas, mi dolor de no poder ser más fuerte ante cualquier resquicio de la vida, de siempre tener que estar victimizándome.

¡Alto ahí! No demos rienda suelta a la tristeza y regresemos a las páginas de la novela. Benjamín, protagonista de El medallón perdido ha terminado el tercer año de la ESO. Recibe una visita de su tío paterno, quien lo invita a pasar las vacaciones cerca de Libreville, capital de Gabón. Lugar donde su familia paterna tiene una finca de explotación forestal.  El negocio es exitoso además de ser innovador por las técnicas de conservación de los suelos. Razón por la que han recibido importantes premios en Europa.

--Agradezco que la gente me sonría. Acaba de pasar una señora caminando por el parque cerca de donde me estoy quedando y mientras camina rápidamente para no perder el ritmo me saluda y sonríe. Estoy muy agradecida por los gestos de amabilidad, pues son los únicos abrazos que he recibido desde que llegué el pasado primero de abril. –

Benjamín, instalado en la finca paterna, deja de ser el adolescente promedio de una capital y sale a explorar el mundo, come sano y aprende a ver lo otros desde la óptica que otorgan los viajes y el cambio de ambiente. Hasta aquí debo decirles que hay un motivo central por el que Benja decidió viajar a Libreville: encontrar un medallón. El importante amuleto se perdió en el aparatoso accidente que cobró la vida del padre hace cuatro años. Quiere que el amuleto sirva como vestigio, como presencia de su padre, aunque haya fallecido.

El amor también es el motor de la novela. En Libreville pronto olvida a Almudena ya que una hermosa, enigmática e inteligente chica: Sandrine, lo invita a explorar la tierra indómita y conocer los secretos detrás de una cascada.. Entonces, Sandrine ayudará a propiciar el cambio de impresiones, pareceres y modos de vida del joven. Viven aventuras como vasi ser mordido por una serpiente, distinguir plantas venenosas y casi ser aplastados por un asustadizo elefante.  Los sentimientos de amor por Almudena se confunden hasta desplazarseo de una citadina frívola y materialista a una chica conectada con lo ancestral. 

Otro atractivo de esta novela juvenil es la otredad. No solo de la naturaleza, de lo primigenio, sino de las tradiciones, la diversidad de las etnias al narrar algunos ritos y costumbres, pero desde la mirada respetuosa casi fascinada del extranjero que quiere aprender y entender que en la variedad está la clave para ser mucho más comprensivos y respetuosos unos con otros.

Deseaba que su espíritu entrase dentro de los espíritus del bosque. Asistió a varias ceremonias del bwiti y participó en una de ellas. Llegó a comer la madera sagrada y cumplió con los requisitos de la primera fase de la iniciación. (p. 94).

El valor por la lectura también tiene presencia. Benjamín y su madre son ávidos lectores. Todas las noches, antes de acostarse a dormir leen para conectarse con otros a través de la ficción. Producto del hábito, le pregunta a su tío si es lector y ante la sorpresa porque en la casa de Libreville no hay ningún libro. Entonces su tío le expresa que ha leído pocos libros, aspecto que descoloca a Benjamín, pero pronto entiende que se puede llegar a ser sabio no solo por las páginas de un libro. Hay otros placeres como la música o leer el mundo y la naturaleza por las que se puede conocer de todo y todos, pero la clave, más que conocer, es comprender y respetar. El mismo narrador a través de Benja lo expresa:

Entonces empecé a comprender que se podía ser sabio sin ser lo que llamamos un intelectual y ser un perfecto zoquete habiendo leído toda la Biblioteca Nacional. Seguramente, la sabiduría nacía de reflexionar y de vivir, en el verdadero sentido de ambas palabras. (p.47).

El medallón perdido resulta una muy buena opción para una lectura sencilla, pero con grandes aprendizajes. Lee, lee sin riesgos. El único riesgo será comprometerte más con tu camino de reflexión y entendimiento de los otros.

Posdata:

Los libros y los lugares cobran un significado más real, auténtico cuando visitas los espacios que allí se narran. No soy afortunada de conocer África, pero la historia narrada inicia en Madrid, lugar de mi llegada. No sé cuánto tiempo estaré aquí, no sé si tendré la fortuna de lograr establecerme, pero cada día hago el intento por conocer y entender qué significa este viaje para mi vida. Cuál es el lugar que ocupa en esta vida llena de derrotas y no es ser pesimista, es la verdad. Cuando se narra el pasaje de Benjamín sobre la cantidad de libros leídos y lo compara con todos los libros existentes en la Biblioteca Nacional y pude estar frente a ese recinto, una lágrima de alegría bajó por mi rostro. Jamás imaginé que podría conocer ese lugar y tengo la fortuna de pasar por él, recorrerlo. Por eso definitivamente los lugares cobran matices muy intensos una vez los conoces después de haberlos leídos. Otra gran fortuna entre todas mis derrotas: intento ser lectora. Y ser lectora es una tarea hermosa, envidiable y singular.

 

 

 

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